Una brecha que complica
la planificación financiera

elEconomista Pensiones

27 mar 2019 / 10:40 H.

    La brecha salarial que aqueja a las mujeres se traslada a las pensiones, deparando que las jubiladas cobren retiros, de media, un 37 por ciento inferiores a los que perciben los hombres. Ello complica la planificación financiera de las trabajadoras, quienes, con un sueldo menor, han de afrontar un ahorro previsional mayor que el de los hombres si quieren conseguir una pensión de la misma magnitud. Existen varios supuestos actuariales, pero en un caso-tipo ese ahorro adicional femenino debería ser de 1.500 euros al año, lo que supone un fuerte esfuerzo para una nómina de media un 23 por ciento inferior a la de los hombres.

    Por ello, se tornan necesarias medidas tendentes a equilibrar tanto los salarios cobrados como los derechos devengados por hombres y mujeres que desempeñan las mismas funciones, con el mismo cargo, antigüedad y dedicación, así como actuaciones por parte de los poderes públicos que palíen las desventajas de proyección laboral con las que parten las mujeres.

    La crianza de los hijos afecta desigualmente a hombres y mujeres en su vida laboral, asumiendo las trabajadoras alguna discontinuidad en su carrera en la mayoría de los casos. Pero ello no es exclusivamente un problema femenino. Es un problema de todos, de la sociedad en general. Y splo concibiéndolo así, como una disfunción que atañe a toda la ciudadanía, se podrá avanzar en la nivelación laboral entre hombres y mujeres, evitando también elementos de fuerte discriminación positiva que generen algún tipo de moral hazard negativo para el sistema público de pensiones.

    Las cuentas de la Seguridad Social afrontan una revolución demográfica marcada por el envejecimiento de la pirámide poblacional, la mayor longevidad, la menor natalidad, el comienzo de la jubilación del baby boom, entre otros fenómenos sociales. Y ya que es el momento de replantearse el modelo, así como su financiación, con máxima seriedad y compromiso, qué mejor oportunidad que ésta para introducir en el debate la discusión sobre qué medidas adoptar para amortiguar las diferencias laborales entre hombres y mujeres ajenas a su desempeño. De hecho, es, quizá, la última ocasión de abordar a tiempo una reforma integral del Sistema, sin parches, que incluya todos los frentes de batalla necesarios para apuntalar su sostenibilidad, y las consideraciones de género no pueden quedarse fuera.