Responsabilidad social y ahorro
para un retiro de calidad

Sophie del Campo, Directora General de Natixis IM para Iberia, Latam y US Offshore

27 nov 2019 / 09:05 H.

    Uno de los principales dilemas de los países desarrollados como España es garantizar el poder adquisitivo de las personas una vez se retiran de su vida laboral. El sistema de pensiones es uno de los asuntos más importantes a los que se enfrentan las sociedades y la polémica de su viabilidad trae innumerables quebraderos de cabeza, tanto a sus Gobiernos como a sus habitantes.

    La preocupación es social, demográfica y económica a partes iguales y el compromiso por solucionarlo atañe a estos tres ámbitos. El envejecimiento de la población, característica indiscutible de las sociedades avanzadas, provoca que, en la OCDE, la dependencia de la tercera edad haya alcanzado el 25 por ciento en la actualidad, y la tendencia es que llegue hasta el 48 por ciento en 2050. Así, el gasto en pensiones se superará año tras año de la misma manera que lo ha venido haciendo en los últimos años: de hecho, en la OCDE, estas prestaciones han pasado de suponer el 5,5 por ciento del PIB en 1980 al 7,5 por ciento en 2015, siendo de hasta un 11 por ciento en España. Y subiendo.

    Debido a ello, es necesario modificar el sistema de reparto actual para que haya recursos suficientes con los que sufragar las pensiones del futuro, sobre todo teniendo en cuenta que la tendencia es que esta situación empeore conforme la pirámide poblacional de España continúe invirtiéndose. Pero no se trata de una cuestión que achaque solo al país mediterráneo: se trata de una cuestión global por la que la mayor parte de la población mundial está siguiendo la misma tendencia, esto es, tener pocos hijos, pero vivir muchos años más. Hasta 100, según las perspectivas futuras.

    A todo lo anterior debemos añadir la singular situación de la mujer, un colectivo particularmente amenazado por esta tendencia demográfica. Un mayor nivel de desempleo unido a la discriminación laboral y salarial y su rol histórico de amas de casa provoca que tengan menos oportunidades de ahorrar para su jubilación y, por lo tanto, mayor riesgo de pobreza y exclusión en su retiro. Su futuro poder adquisitivo se ve atacado por esos obstáculos que, sobre todo en edades avanzadas, ponen en serio peligro su seguridad económica.

    Por todo ello, el futuro se antoja lleno de incertidumbres en este ámbito, no solo por el reto que implica para la economía pública, sino por el que también supone para las finanzas particulares de las personas de la tercera edad, tanto las actuales como las futuras. Actualmente, el aumento de la esperanza de vida media hasta los 85 años hace que debamos evaluar con atención las necesidades económicas que tendremos en nuestra jubilación para que nuestros cálculos se proyecten en una media de 20 años tras nuestro retiro laboral.

    Para paliar esta situación y poder contar con un retiro cómodo, una de las soluciones consiste en ahorrar durante nuestra vida laboral. Crear y alimentar nuestra propia hucha nos servirá para poder completar una pensión que se prevé insuficiente: según la última edición del Global Retirement Index (GRI), España se sitúa a la cola de los países de la Eurozona en la calidad económica de la jubilación. De hecho, con su posición 31 en el GRI, se queda fuera del top 30 mundial junto con países como Italia, México, Colombia y Singapur.

    Y es que la situación de España en cuanto al Bienestar material de sus jubilados solo está por encima de Grecia dentro del área de la moneda única. Esta posición, que evalúa el nivel de confortabilidad de las personas en su retiro laboral, es el aspecto en el que el país ibérico saca peor nota en el GRI. Su nivel de desempleo o los ingresos per cápita son los parámetros por los que España, con un 40 por ciento, se sitúa por debajo de la media de la Eurozona, con un promedio de un 61,7 por ciento.

    Por todo ello, es necesario que planteemos una estrategia propia de cara a nuestra jubilación. Diseñarla con tiempo ayudará a que los resultados sean lo suficientemente considerables para que, en el futuro, podamos disfrutar y vivir un retiro holgado. La clave para que este plan sea beneficioso es comenzar a implementarlo ahora: sólo así podremos asegurarnos una buena economía en nuestra jubilación.

    Sin embargo, para poder garantizar nuestra situación económica futura no solo basta con que adoptemos una actitud proactiva a ello: la responsabilidad social es otro elemento fundamental. Y es que contar con un entorno favorable que propicie nuestro ahorro particular y que respete nuestras pensiones propiciará que podamos alcanzar nuestra jubilación con una economía óptima. Tener el respaldo de las instituciones a través de una buena gobernanza es condición sine qua non para poder aspirar a una fortaleza financiera a largo plazo como la que necesitamos proteger de cara a nuestra jubilación.

    El compromiso de dichas instituciones siempre resulta fundamental, y, además, especialmente delicado cuando hablamos de garantizar la seguridad económica futura de las personas. Por ello, es indispensable que los organismos públicos, además de comprometerse, pongan en marcha protocolos que protejan de manera efectiva las políticas relacionadas con la jubilación de la población activa para minimizar la incertidumbre que provoca irremediablemente este futuro que está por venir.

    Sin duda alguna, la sostenibilidad del ahorro a largo plazo solo es posible si contamos con instituciones sólidas, estables y libres de corrupción que cuenten con un robusto marco regulatorio y que asuman el compromiso social de su gestión como una auténtica responsabilidad para/con las personas. Y es que una gobernanza responsable unida al ahorro particular de cada individuo en términos de largo plazo es la ecuación perfecta para una jubilación de calidad.