‘Private Equity’, impacto social
y rentabilidad

José Carlos López Moraleja, CAIA

26 feb 2020 / 09:20 H.

    Según datos de Invest Europe, en los últimos años hasta un tercio del capital invertido en Private Equity proviene de fondos de pensiones, persistiendo una sólida tendencia al incremento de la asignación de esta clase de activos durante los próximos años.

    La industria de lo que llamamos en español Capital Riesgo ha crecido y madurado a la vez también en España, convirtiéndose sustancialmente en una parte cada vez con un peso específico más consolidado, no solo en las carteras de inversores institucionales, sin embargo, aún los fondos de pensiones españoles están muy lejos de alcanzar los niveles de asignación de activos de otros países del entorno.

    Si tuviésemos que justificar la inclusión del Private Equity dentro de los fondos de pensiones deberíamos partir por definir los motivos y criterios de estimulación de la demanda para esta clase de activos alternativos, tales como, el desequilibrio y las amenazas macroeconómicas, los bajos tipos de interés, el estrechamiento y compresión de la rentabilidad en los activos tradicionales, como bonos y acciones, así como la exposición a la volatilidad y riesgo sistémico de los mercados.

    Desde la perspectiva de la racionalidad, el pulso de los sistemas financieros, de todos los colores e idearios se dirigen hacía una concienciación más cualitativa de alineamiento de intereses con la economía real, y que mejor para ello que invertir directamente en activos que reflejen la realidad económica, que creen no solo impacto económico, sino también social. Parece indiscutible, la creación de riqueza, la de las naciones y la de los ciudadanos, pasa por la inversión en una clase de activos que alimenten el motor expansivo de la economía, del desarrollo y del crecimiento económico, donde las empresas privadas son tan solo un instrumento de inversión en la economía real y productiva.

    Cuando los mayores inversores institucionales del mundo hablan abiertamente de su estrategia de inversión, otros escuchan, Blackstone, KKR, Vanguard. por mencionar algunos ya han empezado a crear vehículos focalizados en diferentes estrategias de Private Equity, algunas con estructuras de fondos. Cuando leemos noticias donde dice que el fondo de pensiones de los Empleados Públicos de California (CalPERS) tiene asignados 27 mil millones a estrategias de Private Equity, cuando vemos que el fondo de pensiones de profesores de Texas tiene 21 mil millones de dólares invertido en Private Equity, infraestructuras y otros activos reales, lo que supone un 30% del total de sus activos, no parece que estemos hablando de ejemplos baladíes, de hecho, el 96% de inversores institucionales con posiciones en Private Equity tienen como objetivo mantener y/o subir su exposición y asignación a esta clase de activos.

    Hay un hecho incuestionable, no son solo los rendimientos lo que hace de la decisión de invertir en Private Equity por parte de los fondos de pensiones su atractivo conductor, adicionalmente sí podemos destacar dos criterios objetivos; primero, la posibilidad de ajustar el periodo de vida de las inversiones al pasivo de las obligaciones de los fondos de pensiones, lo que supone un mejor encaje financiero ante las obligaciones futuras de los fondos de pensiones y segundo, la descorrelación entre negativa y un 0.5 contra los activos tradicionales de renta variable y renta fija, lo que aporta un indudable valor en la reducción de volatilidad y mejora del binomio riesgo/rentabilidad.

    Otra característica es que, por la tipología propia de las inversiones de esta clase de activos, su valoración no está sujeta a la publicación de su cotización en mercados, son inversiones a largo plazo, que pueden ir desde tres años a diez años, o más, son inversiones en compañías privadas donde el valor real está en su capacidad de generación de cash flow y multiplicadores financieros de negocios de la economía real, donde los retornos alcanzan su dimensión real en la salida de la inversión, obviamente también su liquidez dependerá de la subclase y estrategia de la propia inversión, si es un Buyout, un Venture Capital, o un Private Debt, etc., y es por esto que la vehiculización de las inversiones toma una importancia crítica.

    Es cierto que podríamos decir que esta clase de activos se consideran de alto riesgo, y por tal motivo aparecen nuevas exigencias de monitorización, los Private Equity pueden considerarse activos complejos, y es por esto también que surge la necesidad en los fondos de pensiones tener equipos especializados en la fiscalización de este tipo de inversiones, lo que sin duda va a suponer un mejor control desde las comisiones de control en la delegación fiduciaria de la gestión.

    Cualquier partícipe de un fondo de pensiones tiene expectativas de rentabilidad a largo plazo, pero también es cierto que desea sentirse seguro y no vivir emocionalmente estresado por la valoración y fluctuación de sus participaciones, aunque no necesitará la liquidez hasta su jubilación, y es por esto que surge igualmente la necesidad de una mejora en la transparencia y confianza sobre la política de inversión de su fondo de pensiones, con lo que hará necesario por parte de las propias comisiones de control y del regulador un nuevo modelo y exigencia y gobernanza, y que desde mi punto de vista hará mejorar per sé la vinculación entre la comisión de control y la gestora, evolucionando desde un modelo de monitorización pasiva hacía un mejor alineamiento de intereses.

    Es un hecho, está cambiando la percepción hacía esta clase de activos, la propia madurez del mercado, el uso cada vez más activo también por parte de la propia banca privada, y por supuesto el propio deseo de los inversores privados de participar en la parte del pastel restringida de su fiesta de rentabilidad, supone un desafío también para el sector financiero, el mercado y el propio regulador.