Nuestra exclusiva
capacidad de previsión

Salomé Mesa, responsable de Marketing Corporativo de CNP Partners

23 may 2019 / 11:16 H.

    Hace un tiempo leí un artículo en el que se hacía referencia a que los seres humanos somos los únicos vertebrados con noción de futuro. Ningún otro animal tiene desarrollada esa facultad y, en consecuencia, somos la única especie con capacidad de previsión, con capacidad de actuar ahora para atender a las necesidades futuras, de preparar los medios para las futuras contingencias que pueden venir.

    Esta afirmación me hizo reflexionar sobre cómo materializamos esa capacidad de previsión hoy en día, cuando vivimos en una sociedad que evoluciona cada vez más rápido, en la que los objetivos que nos marcan y que nos marcamos tienen cada vez plazos más cortos, una sociedad en la que queremos cada vez más cosas y las queremos ahora, las queremos ya.

    Una reflexión que, llevada al ámbito de ahorro y las pensiones, todavía tiene más sentido, ya que enfrenta el presente y el futuro, el corto y el largo plazo en un mismo paradigma, la elección del ser humano.

    Hablamos de futuro, nos inquieta saber qué será de nosotros el día de mañana, y queremos hacer todo lo posible para que ese mañana sea el mejor. Sin embargo, vivimos en el presente, en el corto plazo, preferimos disfrutar de las cosas hoy y no tener que esperar. Y, en muchas ocasiones, esto hace que pasemos de lado ante problemas que están ahí y son o serán una realidad, esperando que se solucionen por sí solos.

    Anteponemos nuestros intereses inmediatos a nuestro bienestar futuro, por lo que realmente no nos estamos preparando para el porvenir que deseamos. Entonces, ¿dónde está nuestra capacidad de previsión? ¿La estamos perdiendo? Confío en que no.

    Vemos algunas medidas que se han tomado a nivel global para cuestiones que nos afectan como sociedad, tales como la reducción de emisiones de CO2 y el reciclaje para luchar contra el cambio climático, o la reducción de azúcares y grasas en los alimentos para reducir el índice de obesidad en la población. Pero todas ellas son medidas que se han implantado cuando ya estamos viviendo las consecuencias de no haber activado a tiempo nuestra exclusiva capacidad de previsión.

    Y con respecto a nuestra sociedad de bienestar, ¿estamos haciendo algo?

    Conocemos desde hace tiempo cuál será el perfil de nuestra sociedad en el futuro, y nos plantea muchos desafíos que afrontar. Seremos una sociedad más longeva, pero que disfrutará de una mejor calidad de vida, donde tendremos menos nacimientos, pero una mayor esperanza de vida al nacer y en la que veremos nuevos modelos de familias. Una sociedad en continuo cambio y evolución, en la que tendremos que demostrar nuestra habilidad de adaptación.

    Conocemos también la realidad sobre el problema de nuestras pensiones futuras, que cuestiona, desde hace tiempo, la sostenibilidad y suficiencia del sistema. Y aunque se han tomado ya algunas medidas, como las reformas de 2011 y 2013, encaminadas a garantizar la suficiencia del sistema, éstas no parecen haber paliado el problema.

    Con esta fotografía, ¿por qué no ponemos en práctica ya nuestra capacidad de previsión? ¿Por qué esperar a que sean una realidad las consecuencias de no afrontar a tiempo los desafíos del futuro?

    Seguramente la solución no es sencilla, y nos va a requerir cierto esfuerzo, pero no debemos dejar pasar más tiempo y es necesario trabajar ya en ello. Debemos ser conscientes hoy del futuro que tendremos y debemos preparar los medios necesarios para que nuestras necesidades estén cubiertas.

    Y debemos hacerlo ya, como sociedad, exigiendo a las instituciones desarrollar esa capacidad de previsión y soluciones sobre las cuestiones de ámbito global que nos afectan. Pero también como individuos, haciéndonos responsables de nuestro propio porvenir, dejando a un lado la recompensa inmediata del ahora y pensando más en el mañana.

    Todos y cada uno de nosotros formamos parte de una sociedad que cada vez está más informada y preparada, y al mismo tiempo es más capaz de afrontar cambios y adaptarse a ellos. Tenemos más recursos que nunca a nuestro alcance para poder buscar soluciones a los desafíos que nos plantea el futuro, más herramientas que nunca para poner en práctica nuestra exclusiva capacidad de previsión.

    Tenemos lo necesario para actuar. Solo tenemos que hacerlo.

    Ya adquirimos buenos hábitos en algunos aspectos de nuestras vidas, y los inculcamos a las siguientes generaciones para asegurarles un futuro mejor. ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestro bienestar futuro? ¿Por qué no usar los recursos que tenemos para preparar el mañana que queremos para nosotros y para nuestros hijos?

    Adquiramos hábitos financieros saludables, desarrollemos la cultura financiera en nuestros hijos, ellos son el futuro. Conozcamos las alternativas disponibles que nos pueden ayudar a planificar nuestro futuro financiero. Y aprendamos a esperar. Aprendamos a valorar la mayor recompensa futura frente a la menor recompensa inmediata.

    Dejemos de mirar el corto plazo, y pongamos en marcha nuestra capacidad de actuar, nuestra exclusiva capacidad de previsión.