Los fondos de pensiones y su comercialización a fin de año

Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas

30 oct 2019 / 09:53 H.

    A estas alturas del año llama la atención el aumento del ahorro de los españoles, en letargo durante los últimos ejercicios. Un cambio de tendencia muy significativo y posiblemente activado por el efecto prevención ante la incertidumbre tanto en el entorno país como mundial. Llama aún más la atención en un escenario donde la deuda pública hasta los cinco años en el caso de nuestro país viene ofreciendo rentabilidades negativas y los depósitos no se retribuyen. Al cierre del primer semestre los activos financieros de las familias españolas, sin dejar de crecer, se situaban en los 2.345 billones, un 3,51 por ciento más que el mismo periodo del año anterior, y un 5,99 por ciento sobre la cifra de cierre de 2018.

    Lo curioso es que el efectivo y los depósitos, ambos sin generar retornos, vienen mostrando aumentos por encima del 4 por ciento, manteniéndose ambos apartados como el primer activo en porcentaje sobre el total de los activos financieros de las familias. Asimismo la riqueza financiera de las mismas, medida por diferencia entre ahorro y deudas, ofrecía un crecimiento interanual del 5,2 por ciento en esta primera mitad del año, hasta 1.572 billones, lo que constituye máximo histórico. De ello, el grueso en efectivo y depósitos, representando un 39 por ciento. Asimismo el endeudamiento de los hogares representaba el 58,4 por ciento del PIB, dos puntos porcentuales menos que hace un año y 23 puntos menos que en 2012.

    El reparto del resto de los distintos activos de las familias se distribuye con un porcentaje del 27 por ciento para participaciones en el capital; el 16,3, en seguros y fondos de pensiones; un 14, en fondos de inversión; y un 4, en activos de diversa índole. El dinero destinado a seguros y fondos de pensiones aumenta un 6,04 por ciento, hasta los 383.327 millones, lo que representa también un ligero aumento de su peso en el total, pasando del 16 al 16,3 por ciento en el semestre. Con datos de Inverco, casi dos tercios del aumento del ahorro de los hogares en el primer semestre tenían su origen en la revalorización de los activos. Mientras que el tercio restante se debía a la adquisición de activos financieros. Es necesario precisar que dentro de la riqueza neta de las familias, los activos financieros pesan el 19,8 por ciento; vivienda habitual el 46,4; otras propiedades inmobiliarias el 25,2; y el apartado negocios el 8,4 por ciento. Así, el dinero que una familia media acumula en productos financieros es de 9.000 euros, un 7,1 por ciento de la riqueza neta de los hogares. Dentro de esos activos financieros, el peso de efectivo y depósitos sobre su total es en España del 43 por ciento frente al 24 de EEUU o el 31 de Italia. A la vista de ello, parece claro que el español no es ahorrador a largo plazo y que en él priman el corto plazo y la liquidez, factores ambos reñidos con los fondos de pensiones.

    A pesar de ello, con datos recientes (Ceaccu), el 28 por ciento de los españoles mayores de edad clientes de entidades financieras tiene contratado un plan de pensiones privado o de jubilación. Este porcentaje en 2007 era solo del 15 por ciento, existiendo en el mercado un gran desconocimiento de estos productos, especialmente sobre temas relacionados con su liquidez, o la tributación de las aportaciones y prestaciones. En estos últimos casos, si bien las ventajas son significativas al hacer las primeras, ello no deja de ser un espejismo, dado que al rescatar el plan el proceso es el contrario, al tener las prestaciones la consideración de rendimientos del trabajo y, como tal, elevar la base imponible del IRPF. En este sentido, por desinformación o por una venta deficientemente realizada del producto, no olvidemos que ésta, con la presión de la entidades financieras sobre los equipos comerciales que la realizan, se concentra en los últimos meses del año, donde el propio comprador del producto olvida la reflexión necesaria que exige una planificación a medio o largo plazo y se llega a centrar más en ventajas inmediatas o en su disponibilidad de tesorería ligada a una situación puntual.

    A ello se une que en los últimos años la rentabilidad o retorno de los fondos de pensiones se han tornado muy bajas o en negativo. El escenario de tipos de interés negativos en la renta fija soberana de la que han sido los compradores más habituales, se torna de máximo riesgo al tener que jugar con los peligros de una curva de tipos sin definición clara. También con la renta variable ofreciendo un escenario de alta volatilidad para el porcentaje que se dedique a ella dentro de sus inversiones. Por si fuera poco, en este contexto de retornos mínimos las comisiones implícitas de estos fondos con las que se retribuye su gestión interna, suelen ser altas y en muchos casos pueden ser las causantes de la baja rentabilidad final o de las pérdidas para quien lo ha suscrito.

    Los fondos de pensiones, al igual que los de inversión, los seguros, la venta cruzada, etc. tienen ahora el máximo atractivo para las entidades que han visto palidecer su margen financiero a raíz de los bajos tipos que imperan en los mercados, ello porque así lo suponen todos aquellos productos que generan comisiones. Entramos en unos meses donde se concentra el marketing y la venta agresivos de los planes de pensiones. Es el momento más oportuno para la presión de las entidades financieras al encontrar el target de potenciales clientes haciendo sus cuentas de cara a la fiscalidad del próximo ejercicio e intentando reducir su factura fiscal. Es lamentable que no sea un producto al que se acceda con una estrategia de ahorro a largo plazo y con aportaciones periódicas programadas dentro del año y la cuantía de las mismas de acuerdo con el complemento a la pensión que se necesita para mantener tras la jubilación cierto nivel de vida. Llega a tal punto el énfasis comercial, que se priman con ventajas de todo tipo el captar fondos consolidados en otras entidades, con antigüedad y sobre todo con sumas más respetables que lo que supone iniciar un plan nuevo con aportaciones periódicas.

    Se han convertido, en definitiva, en un producto de temporada, acompañando a ello la lógica de una mayor receptividad del cliente en estos meses finales del año y, en tal sentido un mejor aprovechamiento del esfuerzo de marketing y publicidad de las entidades que los comercializan, concentrado en el período en que el mercado es más receptivo a su mensaje de venta.