Los deberes sin hacer

Miguel Carrero López, Presidente del Grupo PSN

24 dic 2019 / 09:08 H.

    Hay muchas cosas que nos plantean incertidumbre a lo largo de la vida, podría decirse que gran parte de ellas están relacionadas con el futuro. Nadie sabe lo que las circunstancias nos depararán el año que viene, mañana o dentro de cinco minutos. Lógicamente, no podemos dejar que esta continua carencia de certezas monopolice nuestra existencia. Todo ser humano, en mayor o menor medida, cuenta con la habilidad de anticiparse a las circunstancias -a muchas de ellas-, incluso sin necesidad de ser plenamente consciente: es lo que a menudo denominamos visión; de futuro, de negocio, de la propia vida. Dicho esto, hablemos de jubilación.

    Tras una muy larga etapa laboral en activo, un profesional llega al momento de jubilación. Esta persona ha estado realizando, durante el tiempo trabajado, aportaciones que servían para abonar las pensiones públicas de los jubilados en ese momento, y cuando llegue su turno, sucederá lo mismo con él. Pero se dan dos circunstancias: la primera, que cada vez hay más personas en cola para la jubilación y menos realizando actividad laboral alguna; la segunda, que la pensión pública, siempre, sin excepciones, supone una importante reducción del nivel adquisitivo con respecto al salario. No hay que tener, por tanto, un exceso de visión para saber que la jubilación supone una merma en los ingresos, y que además la sostenibilidad del sistema público de pensiones es, a futuro, prácticamente un mito. Especialmente sangrante es en lo referente a las llamadas pensiones contributivas.

    La única alternativa real es el ahorro privado para complementar la pensión pública. Y cuanto más extendido esté, más facilidades, incluso exigencias normativas, encuentren los ciudadanos para acceder a él, más se descargará el sistema público, permitiendo mantener un ten con ten que facilite el retiro digno a todos los trabajadores.

    Sin embargo, la visión política en este sentido ha estado siempre próxima a cero y, según parece, se acerca a niveles en negativo. Porque los únicos instrumentos específicamente diseñados para el ahorro privado para la jubilación, los planes de pensiones, corren el peligro de ver desaparecer los ya escasos beneficios que ofrecen; pende la guillotina sobre su discretamente ventajosa fiscalidad, tal y como se ha avanzado desde sectores que previsiblemente formarán parte del nuevo Gobierno. La falta de visión provoca que el sistema público se vea abocado al fracaso, realidad que tradicionalmente se oculta por el interés de la obtención de réditos y papeletas electorales. Y sería muy sencillo y honesto potenciar estos productos para que resultasen beneficiosos y atractivos para todos, posibilitar el ahorro en todos los estratos sociales, darles impulso y visibilidad para conseguir una importante ayuda a la supervivencia del sistema público, consecuentes con la verdad y la transparencia, fomentando la autorresponsabilidad de las personas y abordando con dignidad el precario futuro de las jubilaciones. Es la única solución para sortear el abismo al que se acercan las pensiones.