Licuar la vivienda, la opción de
los ‘baby boomers’ para el retiro

José Manuel Jiménez Rodríguez, director del Instituto Santalucía

27 feb 2019 / 08:14 H.

    No es ninguna novedad traer al debate público las causas que sugieren que la sostenibilidad del sistema público de pensiones requerirá de un ajuste a la baja en el nivel medio de la prestación o, alternativamente, de mayores ingresos. Sin embargo, sí me gustaría recalcar en este contexto un hecho relevante que se empezará a producir en el corto plazo y que exigirá agilizar las reformas oportunas: esto es la llegada a la edad de jubilación de la generación más numerosa, la de los baby boomers.

    Porque mientras que los trabajadores jóvenes tienen cada vez más presente que necesitarán ahorrar para su jubilación, los baby boomers no han sido conscientes a lo largo de su vida laboral de esto y podrían encontrarse con que la prestación que recibirán sea más baja de lo que esperaban. El problema además radica en que los baby boomers ya no cuentan con tiempo suficiente en su etapa activa para generar un ahorro periódico por lo que nos encontramos con una cohorte demográfica que no tiene capacidad de reacción ante un cambio de régimen inesperado. Por ello, ofrecer alternativas que sirvan de fuente adicional de ingresos en la jubilación es prioritario para los ciudadanos y uno de los objetivos del último estudio elaborado por el Instituto Santalucía. En resumen, este informe presenta un conjunto de productos financieros y aseguradores disponibles en el mercado que permiten transformar la riqueza inmobiliaria en complemento de la pensión.

    Según muestra este estudio, en España hay una importante cantidad de ahorro acumulada en vivienda: el 85,1 por ciento de la riqueza está invertida en activos ilíquidos, mientras que solo un 14,9 por ciento está en activos financieros. Estos datos demuestran que uno de los principales problemas de los baby boomers, además de la falta de concienciación en torno al ahorro finalista, es la falta de liquidez de sus ahorros.

    Sin embargo, es importante que los propietarios sepan que esta fuente de ahorro es susceptible de convertirse en liquidez, permitiéndoles alcanzar unos ingresos durante la jubilación más acordes con sus expectativas y necesidades. Los productos que permiten licuar la vivienda están cada vez suscitando mayor interés como opción para el problema de la insuficiencia de las pensiones.

    Estamos hablando de productos innovadores que están introduciéndose en el mercado como son la hipoteca inversa y el producto vivienda-pensión -venta con reserva de usufructo-, frente a otras opciones tradicionales como el downsizing, el alquiler y la venta del inmueble, que han sido tres alternativas con el inconveniente principal de que obliga a abandonar el hogar. Sin embargo, las hipotecas inversas son alternativas idóneas ya que no solo permiten a la persona obtener una renta adicional, sino que también les permite permanecer y disfrutar de su vivienda durante toda su vida.

    La hipoteca inversa, en su origen, es un producto financiero por el cual la entidad prestamista entregaba una suma única o bien abría una línea de crédito para que el prestatario pudiera ir disponiendo de fondos periódicamente, con la garantía hipotecaria de un inmueble. Las deficiencias originales de estos contratos fueron la desprotección ante el vencimiento del contrato y la temporalidad de la renta. Sin embargo, las nuevas modalidades de hipotecas inversas -como la hipoteca inversa temporal o la hipoteca inversa vitalicia- han evolucionado hacia nuevos productos que tratan de solventar las anteriores desventajas.

    Por eso, en este contexto, es importante que el consumidor sea consciente de que constituir una renta vitalicia es la única manera de cubrirse ante la posibilidad de vivir más de lo esperado, lo que se llama el riesgo de longevidad. Porque financiar la jubilación a través de una hipoteca inversa tradicional, con una renta hasta la edad fijada, puede convertirse en un problema para aquellas personas que superen la esperanza de vida, ya que la renta se acabará y dejará al rentista en una situación incluso más precaria que la inicial, al no contar con su vivienda. Con una renta vitalicia, el consumidor transfiere este riesgo de longevidad a la compañía aseguradora y queda cubierto todo el tiempo que viva.

    Teniendo en cuenta el gran potencial de mercado de este tipo de productos en España, debido al elevado porcentaje de vivienda en propiedad, hay una cuestión que debemos plantearnos. ¿Por qué no se está aprovechando esta riqueza acumulada en vivienda en el momento de la jubilación? ¿Por qué el desarrollo de estos productos ha sido hasta la fecha marginal?

    Por un lado, la alta tasa de sustitución de las pensiones públicas en España -una de las más altas en Europa- sumado al bajo nivel de educación financiera han supuesto una barrera inicial para el desarrollo de este tipo de productos en nuestro país. Además, existe un componente sociocultural, donde los vínculos familiares y el deseo de transferir la vivienda a los herederos es muy fuerte. Por último, no debemos olvidar que hay una resistencia psicológica, agravada por la experiencia de la crisis de 2008, hacia desacumular riqueza y confiar en nuevos productos financieros.

    Tras esta reflexión considero importante llamar la atención sobre la necesidad de desarrollar, a nivel del regulador y gestores políticos, un marco institucional sólido para crear un mercado de productos eficientes capaces de dotar de liquidez el patrimonio de los españoles que lo necesiten. Reformas legislativas consensuadas y estables, incentivos fiscales y un marco jurídico transparente y con reglas claras son condiciones necesarias para el potencial desarrollo de este mercado. El éxito de estos productos, en definitiva, radica en acciones coordinadas entre consumidores, entidades financieras y aseguradoras, y las instituciones públicas.