La fiscalidad es importante,

aunque no lo es todo

Juan Marina, director Nationale-Nederlanden Employee Benefits

27 nov 2019 / 10:26 H.

    Llega el final del año y, como es habitual en el último trimestre, la aportación anual a los planes de pensiones cobra protagonismo, llegando a acumular hasta el 50 por ciento de las aportaciones totales que se realizan en los meses anteriores. Una decisión, la de contribuir con una cantidad de dinero, que suele tomarse casi exclusivamente en función de la rentabilidad fiscal de los planes de pensiones, y que, en el menor de los casos, se contempla como una planificación a largo plazo donde el ahorro y la rentabilidad concreta de cada plan de pensiones deben ser valorados.

    Desde el sector, y en nuestra intención de ser el coach financiero de las familias españolas, tratamos de fomentar que esta toma de decisión se lleve a cabo con responsabilidad y proponemos un sistema cuyo planteamiento debe estar basado en aportaciones periódicas a los planes de pensiones. Creemos que el primer paso antes de contratar un plan de pensiones es que valoremos nuestra aversión personal al riesgo, y en función del binomio rentabilidad y riesgo que ofrece cada plan, decidamos entre las distintas categorías de planes de pensiones qué es lo que más se ajusta a nuestras preferencias. Esta decisión original podrá incluso cambiar a lo largo de nuestra vida. En este sentido, la concienciación y la educación financiera de las personas juega un papel fundamental. Por ello, es necesario que se amplíe la visión a la hora de optar por un plan de pensiones u otro, entendiendo las ventajas que ofrece el largo plazo en este tipo de productos frente a la estacionalidad e irregularidad de las aportaciones gobernadas por el único factor de la fiscalidad.

    Desde nuestra experiencia, sabemos que elegir un producto de ahorro para la jubilación por las ventajas fiscales es un error común, por eso planteamos el ahorro sistemático, que se postula como una buena alternativa de inversión que, además, se verá menos afectada por las volatilidades de los mercados. La periodicidad de la aportación, por su parte, se puede definir en cada caso de forma personalizada, ya sea mensual, trimestral o semestral, teniendo en cuenta que el máximo que podemos aportar, según está legalmente establecido, es 8.000 euros al año. Por tanto, en el modelo propuesto, la fiscalidad tiene un peso importante, pero no es el principal elemento para optar por un plan de pensiones u otro, sino que hay que valorar los beneficios evidentes de crear el hábito de ahorrar periódicamente y la rentabilidad que cada plan supone a largo plazo.

    Ahora bien, el planteamiento de frenar la estacionalidad y tener en cuenta otros factores que van a tener más relevancia a largo plazo que la fiscalidad no quiere decir que haya que considerar un mayor incentivo y una serie de ayudas para que la concienciación sobre la cultura del ahorro, y en este caso concreto sobre las pensiones, se extienda más fácilmente.

    En la actualidad, y según los datos de nuestro Barómetro de Previsión Social Empresarial, más de la mitad de los trabajadores, en concreto un 56,2 por ciento de los empleados españoles, no ahorra de ninguna forma para su jubilación, a pesar de que el 89 por ciento de esos mismos trabajadores opinen que sus ingresos en la jubilación se verán afectados si se limitan exclusivamente a la pensión pública. El problema es que los empleados españoles no terminan de decidirse por diversos motivos, entre los que se encuentran la falta de información por parte de las propias empresas y del Estado o la carencia de adecuados incentivos fiscales para la contratación de productos de ahorro. Acabar con esta situación también es responsabilidad de las instituciones, ya que, para invertir esta tendencia, han de valorar la posibilidad de implementar mejoras fiscales, tanto para el ámbito empresarial como individual. El sector desde hace tiempo está demandando el fomento del ahorro privado para la jubilación como complemento a la sostenibilidad del modelo de pensiones actual, pero, para conseguirlo, es necesario mejorar, entre otras cosas, la fiscalidad.

    En este punto nos planteamos ¿cómo superar la tendencia a dejarse llevar por la fiscalidad cuando es uno de los aspectos más golosos de los planes de pensiones? Desde la experiencia y profesionalidad, lo que aconsejamos es analizar el producto en función del perfil de riesgo, así como tratar cada caso de forma personalizada teniendo en cuenta las necesidades de cada particular; sin olvidar otro aspecto importante, como es entender las características y la letra pequeña del producto, y especialmente las comisiones y gastos que supone ya que su impacto en el capital final puede ser muy relevante.

    El factor tiempo es también un elemento primordial en la ecuación y que va a determinar la cantidad de las aportaciones que tenemos que realizar para llegar a vivir tras la jubilación como desearíamos, ya que existe una relación directamente proporcional entre tiempo y ahorro.

    Por tanto, es necesaria una mayor concienciación para desestacionalizar los planes de pensiones y poner más factores sobre la mesa a la hora de la contratación, superando el gancho de la fiscalidad y valorando otras variables como el ahorro, la rentabilidad a largo plazo, las características del producto, la situación financiera personal y el factor tiempo.

    Los esfuerzos para conseguir este cambio de tendencia que concentra las aportaciones a planes de pensiones en la última parte del año, tienen que centrarse en la educación financiera para que se entiendan las implicaciones del ahorro a largo plazo, así como en la innovación para ofrecer productos que se adapten a las necesidades de los ciudadanos, en la transparencia y la claridad a la hora de ofertar los productos por parte de las empresas del sector, y en la mejora de los beneficios fiscales.