Inversión alternativa: ¿activo, subclase o una estrategia?

José Carlos López Moraleja, CAIA

29 ene 2020 / 08:48 H.

    No es difícil encontrarse con una cuestión con cierta complejidad de respuesta ¿Qué es la inversión alternativa? ¿Cuáles son las clases de activos alternativos? En gran medida parte de la dificultad es su clasificación. ¿La inversión alternativa es una clase de activo en sí misma, es una subclase de activo, o es una estrategia de inversión? La respuesta es a todas: es una clase de activo, como arte o antigüedades, por ejemplo; pero es también una clase de activo que puede incluir una estrategia de inversión, como por ejemplo un hedge fund o private equity, con lo que estaríamos en una definición más próxima al concepto de subclase o estrategia de inversión. Es por esto que debemos entender la inversión alternativa como una subclase de activos y, como una extensión a su definición, son también ciertas estrategias que operan dentro de las diferentes clases de activos, y que derivan de otras superclases de activos, como los activos de capital y los activos de la economía real, bien porque crean valor o porque contienen valor en sí mismos, véase como ejemplo de este último una obra de arte.

    Desde los años 90 se ha desarrollado un enorme aumento en popularidad y tamaño de inversión en activos y estrategias alternativas. Podríamos decir que no hay cartera de inversión que se precie que no contenga entre sus activos y estrategias hedge funds, private equity, private debt y real estate, entre otros, y todo ello tiene un motivo en sí mismo: mejorar el binomio riesgo-rentabilidad. Frente a los modelos de inversión tradicional, en acciones y bonos, con la vieja perspectiva de long-only hemos evolucionado en el concepto de diversificación. Pensemos en la vieja e inteligente idea de no poner todos los huevos en la misma cesta, pero además protejamos los huevos de las varias cestas con paja, papeles de periódico arrugados y acolchemos el espacio y el recipiente para evitar que un mal paso y tropiezo nos rompan nuestros preciados huevos. Así, si el factor crítico de la vieja y tradicional expectativa del inversor era rentabilidad, hoy es la gestión del riesgo. Al final siempre se romperán algunos huevos y el objetivo es reducir las probabilidades de que se rompan no solo diversificando en cestas, sino descorrelacionando el riesgo con los acolchados de los recipientes e incluyendo algún huevo duro para proteger nuestra inversión. Al final, el inversor inteligente, como el que transporta huevos, busca generar bajas correlaciones o correlaciones negativas, y sabiendo que algunos huevos se romperán, busquemos reducir las probabilidades de rotura.

    Si tenemos que definir las características básicas de la inversión alternativa, podríamos destacar, primero, que típicamente son más ilíquidos, pero reducen la correlación con los activos tradicionales; segundo, que están menos regulados pero que también ofrecen oportunidades fiscalmente más eficientes; y finalmente, que siendo menos transparentes en precio son y almacenan valor, y que por ello ciertas estrategias abren increíbles posibilidades de arbitraje.

    Es interesante destacar ciertos datos, el volumen total de activos bajo gestión alcanzaron en 2019, 88,5 billones de dólares según datos de McKinsey, con una subida del 11% desde la cifra de 79,2 billones de dólares en 2018; proyectando una cifra que superará los 100 billones para 2023. Y sobre estos datos, según Prequin (Public Pension Funds Investing in Alternative Assets, report by Prequin, 2015) en 2023 se estima que habrá 14 billones en activos de inversión alternativa, con una subida del 59% desde los 8,8 billones de dólares de 2017. Si bien estas cifras pueden presentar variaciones y es difícil tener un dato exacto, sí podemos considerar una focalización de la gestión en la búsqueda de nuevas fuentes de rentabilidad que permitan la inclusión de activos que se descorrelacionen con los mercados tradicionales y puedan ofrecer las alternativas que otra clase de activos no pueden dar.

    Si tuviésemos que hacer una evaluación de hacia qué clase de activos alternativos se está dirigiendo el mercado, diríamos que el mayor crecimiento lo está haciendo hacia el private equity y el private debt, en inversión directa y a través de un mercado secundario (private equity secondaries), adicionalmente los ETFs parecen haberse convertido en una alternativa muy demandada, especialmente por un aumento de modelos de gestión pasiva con esa sal y pimienta de producto alternativo.

    Lo que sí podemos afirmar es que como consecuencia de la crisis de 2008 y la salida de instituciones de profesionales de primer nivel de experiencia y formación se han creado un buen número de boutiques de inversión especializadas en inversión alternativa, las cuales ofrecen una capacidad de análisis de oportunidades y eficiencia en la gestión que supera a las grandes firmas de banca de inversión, y que con equipos muy pequeños son capaces de aportar valor a una gestión mucho más profesionalizada. Paradójicamente son estas boutiques a las que su creatividad y eficiencia las hacen capaces de crear cercanía y confianza para entender la complejidad y opacidad de un mercado donde el inversor está demandando long-term capital appreciation, produciendo una mejor monitorización del binomio riesgo-rentabilidad, y siendo capaces de alinear la reacción emocional a la rentabilidad con la sensibilidad al riesgo, como el motor clave para alcanzar retornos con crecimiento a largo plazo. Al final todos invertimos por los mismos motivos, con expectativas de rentabilidad, pero con la óptica del riesgo, precio contra valor.

    Finalmente puntualicemos sobre una consideración que a cualquier lector le resultará cuanto menos interesante observar: la existencia de una clara tendencia a elevar la ponderación en inversiones alternativas. Como ejemplo, sirva que hasta un 29% sobre el capital agregado en fondos de pensiones americanos lo hacen en private equity, con una ponderación media de sus carteras de aproximadamente el 8% solo en este activo.