España, suspenso individual
y colectivo en ahorro

Susana Criado, directora de Capital en Radio Intereconomía

26 jun 2019 / 09:40 H.

    Esta vez es diferente”. ¿Cuántas veces hemos pronunciado esta misma frase cuando nos hemos asomado a los mercados financieros? Decenas de veces. Lo recuerdo hace tres años cuando los británicos votaron con nocturnidad y alevosía a romper con la UE, el dichoso Brexit que nos trae de cabeza. Lo recuerdo con la crisis de las punto.com en 2000, con Fukushima, la gripe aviar, la guerra de Irak, la crisis del peso mexicano, etc., lo recuerdo con la caída de Lehman Brothers. Fue en 2008 y meses después las cotizaciones perdieron de media un 40 por ciento de su valor. Parecía que el tsunami iba a arrasar con todos nuestros ahorros.

    ¡Aquella vez sí que era diferente! Diez años después -¡qué rápido pasa el tiempo!- los índices bursátiles acumulan una rentabilidad anualizada del 9 por ciento. ¡Ay, si hubiéramos sido pacientes! ¡Ay, si hubiéramos sido avariciosos en aquellos momentos de pánico! Las emociones nublan nuestras decisiones y hacen que vendamos cuando hay que comprar, y que no compremos cuando las bolsas cuelgan el cartel de rebajas.

    Desde que hago información económica -y ya van más de dos décadas- siempre he escuchado que es imposible acertar con el momento de entrada y salida de bolsa. Que el pequeño ahorrador/inversor siempre llega tarde en las subidas y vende demasiado pronto, que no deja correr las ganancias. Lo que llaman los expertos el timing: es imposible acertar con el momento. Por ello aconsejan hacerse un plan: un plan de ahorro con tu perfil de riesgo, tu horizonte temporal y tu objetivo de inversión. ¡Y empezar cuanto antes a ahorrar para aprovechar lo que llaman la magia del interés compuesto!

    Desde pequeños deberíamos ahorrar. Hablar sin pudor en las familias de dinero -de salarios, impuestos, gastos- y en el colegio, el instituto debería formar a los alumnos en conceptos básicos: desde interpretar una nómina, hasta conocer las diferencias entre una tarjeta de crédito y una de débito, pasando por productos de ahorro como los fondos de inversión. ¿Estoy soñando? A más formación, más rentabilidad. A más formación, educación y concienciación, sociedades que ahorran más y mejor. Lo hacen para la compra del piso, el apartamento en la playa, la universidad de los hijos, la jubilación, etc., ¿y aquí? Aquí en España, nada. Suspenso rotundo en educación financiera y en planificación del ahorro. Suspenso individual y colectivo. Los políticos nos mienten, y nosotros dejamos que nos mientan. Ni ellos ni nosotros queremos afrontar el reto de las pensiones, el del ahorro a largo plazo. ¿Falta quizás responsabilidad individual? Falta eso y mucho más: interés, educación, cultura del ahorro y sobra demagogia, mucha demagogia.