El mito de la caverna
en los fondos de pensiones

José Carlos López Moraleja, CAIA

24 dic 2019 / 09:06 H.

    Platón describe en el mito de la caverna como unos hombres que permanecen encadenados de espaldas a una pared que se levanta entre la luz de una hoguera y el fondo de la caverna tienen como única visión las sombras proyectadas por la luz de esa hoguera. Estos hombres encadenados a la pared solo pueden mirar al frente y hacia la profundidad de la cueva, sin poder ver la hoguera al otro lado del muro al que se encuentran atados, ni pueden ver a otros hombres que con la ayuda de la luz de la hoguera proyectan sobre la profundidad de la caverna sombras de figuras reales, imágenes que se transmutan en virtuales en la visión de los hombres encadenados.

    De esta manera se pone de manifiesto algo que se halla en la naturaleza del modelo y marco regulatorio de los planes y fondos de pensiones españoles; donde el peso de la costumbre e idiosincrasia proyecta una falsa percepción de la realidad que deriva en un debate sin fin sobre la necesidad de cambios estructurales que permitan romper la barrera de la costumbre. Sirva esta metáfora de la alegoría de la caverna para escenificar la realidad de una incómoda percepción de inseguridad en el futuro de las pensiones; dejemos de ser prisioneros del sistema y liberemos las cadenas que nos atan a las apariencias de lo aprendido; juzguemos a los que gestionan el futuro de nuestras pensiones -instituciones, reguladores y gestores-; liberémonos del miedo sistémico al cambio en un mercado encorsetado por una idiosincrasia dominante e institucional.

    Empecemos por lo básico: si hay un factor diferenciador y crítico en el desafío que planteamos, este es la necesidad de una apertura a la transparencia con la inclusión de consultores y asesores independientes capaces de romper los conflictos de intereses por la interdependencia entre comisiones de control, gestoras y gestión fiduciaria. A continuación, sigamos con la apertura e inclusión de activos alternativos y reales, que sirvan como diversificadores efectivos del riesgo y que descorrelacionen carteras y mercados; innovemos en la gestión del riesgo, en los modelos de aportación; y finalmente hagamos de la gobernanza un canon de luminosidad para los partícipes.

    Es un hecho que existe una gestión fiduciaria donde se da un peso más relevante a la inversión alternativa. Países como Canadá, EEUU y Reino Unido, entre otros, están liderando modelos de gestión donde la asignación de activos alternativos y de la economía real toman un mayor peso específico en las estructuras de las carteras de los fondos de pensiones. Y es en este punto donde surge con fuerza la necesidad de la figura del investment consultant como asesor independiente que selecciona gestores especializados según estrategia y clase de activo, que ayuda a implementar políticas de inversión más adecuadas, que ejecuta actividades de reporting e implementa conocimiento sobre los tan críticos riesgos operacionales, que realiza due diligences sobre productos y gestores y monitoriza riesgos.

    Es cierto que muchas de las actividades que realizan los investment consultants, y que puede realizar un consultor externo, las hace habitualmente el propio gestor fiduciario, pero es también cierto que un independiente evita el conflicto de intereses que tarde o temprano aparece cuando un fondo de pensiones tiene un proveedor universal en la gestión, lo que va en detrimento de la transparencia y gobernanza, representando una dependencia sistémica del gestor fiduciario.

    Es adicionalmente, y no menos importante, mencionar que las comisiones de control de fondos de pensiones en los países más desarrollados rara vez compran servicios de gestión fiduciaria, sin contar a su vez con servicios de consultores y asesores externos, lo que les proporciona una visión más abierta, especializada, independiente y libre de conflictos de intereses. Sirva de ejemplo que en Reino Unido el 73 por ciento de los fondos de pensiones adquieren servicios de investment consultants, donde el 94 por ciento de los mayores planes de pensiones, el 87 por ciento de los de tamaño medio y el 49 por ciento de los más pequeños fondos de pensiones utilizan servicios de asesores y consultores externos. La propia directiva IORP II incorpora sugerencias y exigencias en materia de gobernanza y transparencia en la línea de algunas de las aquí mencionadas.

    Existe una necesidad real en España de aplicar cambios regulatorios, y suponemos que llegará con ello una apertura del mercado, donde las comisiones de control deben y tienen la obligación de crecer en importancia y peso específico en las decisiones de gestión y proporcionar una mejor práctica en la definición de sus políticas de inversión, en definitiva, son las comisiones de control las que mejor conocen a los partícipes de los fondos, sus necesidades y sus expectativas y así podrán tomar un papel mucho más activo en la optimización y mejora del binomio riesgo-rentabilidad para sus partícipes representados.

    Y es por ello que los asesores y consultores de inversión independientes tomarán un papel clave en la monitorización del riesgo, en la definición y seguimiento de la política de inversión, en la selección de los gestores fiduciarios, en el reporting y en el análisis riesgos operacionales, así como aconsejar y recomendar sobre objetivos de rentabilidad, asignación de riesgos por clases de activos y apoyar extensivamente a las comisiones de control.