El fomento de la natalidad,
una política ineludible

26 jun 2019 / 09:22 H.

    La evolución demográfica, tendente al envejecimiento de la pirámide poblacional y a la mayor longevidad, si bien supone una buena noticia desde el punto de vista humano, genera una presión adicional sobre las cuentas del Sistema de Seguridad Social. Ello se une a la próxima jubilación de la generación del baby-boom generando un difícil cóctel financiero a medio plazo y demandando de los Gobiernos una especial atención a la nueva composición de la población.

    En un sistema de reparto como es el que rige en España -los cotizantes de hoy pagan las pensiones de hoy- la situación que se proyecta obliga a que los Ejecutivos arbitren una fórmula de reparto del coste entre generaciones lo más justa posible. Y no es una tarea baladí, máxime si atendemos a la reciente advertencia del Banco de España sobre cómo la creciente edad del electorado complica la adopción de reformas en materia de pensiones con algún rasgo impopular. El mejor reflejo de ello lo vimos en 2018, cuando el lobby de pensionistas logró alterar el juego político y torcer la voluntad del Gobierno de Mariano Rajoy, que pasó de una contención de la revalorización de las pensiones a volver a abrazar el IPC como referencia para su actualización, en el marco de un acuerdo con el PNV para salvar los Presupuestos Generales del Estado.

    Así pues, hacen falta, además de medidas destinadas a balancear los ingresos y los gastos, otras de carácter exógeno que modifiquen la deriva demográfica. Entre ellas, se viene apuntando a la importación de mano de obra, identificando la inmigración como una palanca que engrosará los ingresos por cotizaciones, y, como dicen los expertos de Fedea, una inmigración cuanto más formada mejor para que sus bases de cotización sean más elevadas. Pero no es suficiente con la mano de obra extranjera, como advierten los expertos del Consejo Editorial de elEconomista Pensiones. Hacen falta políticas decididas que eleven la productividad, elemento clave para relanzar los ingresos de la Seguridad Social en el que España pincha sistemáticamente. Pero, sobre todo, advierten los analistas, es necesario abordar políticas de fomento de la natalidad para engrosar la base de la pirámide poblacional, y estas políticas han de ser transversales y abarcar, como en otros países de nuestro entorno, las variables del mercado laboral que minan, impiden o retardan la decisión de tener hijos.