Retos del sistema de pensiones en la economía digital

Incrementar el tamaño de las empresas para ganar competitividad internacional y elevar los salarios, clave para sostener las aportaciones al sistema público

30 ene 2019 / 09:14 H.

La economía mundial se enfrenta a una serie de bruscos cambios por la irrupción de la lógica digital en los modelos de gestión, producción y concepción del mercado de trabajo. La capacidad de adaptación de los gobiernos con el concurso de todos los agentes sociales a estas modificaciones estructurales en los próximos años determinará la posición competitiva de los países en el nuevo entorno globalizado y digitalizado. En este sentido, los teóricos ya aventuran algunas recetas y medidas de calado que se deberán llevar a cabo para no quedarse en el vagón de cola del nuevo mundo, sustentado sobre los pilares de innovación como vía para el desarrollo. Algunas de estas reformas aparecen reflejadas en el informe Los retos a largo plazo de la economía española ante la revolución digital, elaborado por el responsable de análisis macroeconómico de BBVA Research, Rafael Doménech, donde se concluye que tanto el progreso económico como el bienestar social dependerán a largo plazo del progreso técnico, de la productividad y del empleo.

“Es imprescindible que la sociedad española se prepare y gobierne el cambio de forma activa con un amplio conjunto de reformas que permita retomar la senda de convergencia con las sociedades más avanzadas, con más empleo y productividad”, señala Doménech, apuntando a la necesidad de garantizar una mayor igualdad de oportunidades, un progreso técnico y digital inclusivo y sostenible, además de reducir los costes de la transición a largo y corto plazo.

1. Mercado de trabajo

En primer lugar aparecen los retos asociados al mercado de trabajo, que a día de hoy cuenta con un elevado desempleo estructural, de entre el 14 y 18 por ciento con un desempleo cíclico muy volátil -cerca de un 8 por ciento- y unos flujos de entrada y salida elevados. Además, está la cuestión de la elevada tasa de paro de larga duración -del 12 por ciento- y la tasa de desempleo juvenil, que duplica la tasa agregada, y la alta heterogeneidad regional, es decir, la diferencia entre los territorios. A ello hay que sumar los altos niveles de temporalidad y la escasa tasa de empleo a tiempo parcial, que normalmente guarda una correlación negativa con el volumen de desempleo. En este sentido, algunos de los síntomas que se detectan son que las regulaciones, condiciones, barreras y cargas de la economía española no se adaptan a la capacidad productiva de muchas empresas, lo que provoca que se segmente el mercado de trabajo en una economía dual con “numerosas microempresas con un escaso potencial y trabajadores poco cualificados”. Así, según el BBVA, resulta necesario modernizar la contratación para incentivar el empleo indefinido, mejorar la negociación colectiva, flexibilidad salarial y fiscalidad, además de mejorar la eficacia de las políticas activas y pasivas de empleo, y fomentar la competencia entre mercados de bienes y servicios con un mejor emparejamiento entre vacantes y desempleo.

2. Sector público

De cara a la revolución digital en ciernes, se necesitará una consolidación fiscal inteligente a través de reformas estructurales “mejorando la eficacia del las Administraciones Públicas”. En este punto, BBVA señala que el tamaño de un Gobierno se correlaciona con la eficacia del sector público, por lo que este deberá aumentar su volumen una vez mejorada la eficacia del sector público. Este “debe apostar por la transición tecnológica y digital y por la evaluación de las políticas públicas”.

3. Estado de Bienestar

En este punto, el BBVA advierte de que el envejecimiento afectará a la sostenibilidad del Estado de Bienestar en pensiones y sanidad, un equilibrio que se podría garantizar en el sistema de pensiones con cuentas nocionales y medidas complementarias, si bien la sostenibilidad de la Sanidad, también comprometida, plantea un reto mayor con un gasto que en proporción aumenta más que la renta media. Además, la coyuntura demográfica sitúa el mantenimiento de la tasa de prestación -en España del 64,2 por ciento-, que exigirá en el largo plazo una financiación de 6,3 puntos del PIB en las próximas décadas. En este sentido, para cerrar la brecha estructural entre ingresos y gastos de la Seguridad Social -del 1,1 por ciento del PIB- requeriría “no derogar las reformas de 2011 y 2013; mayor información a los futuros pensionistas; introducir medidas graduales que aumenten la contributividad y eficiencia del sistema; sustituir las reducciones de cuota por otras políticas de empleo; convergencia de los regímenes especiales en el régimen general; compatibilizar pensión y trabajo al 100 por ciento; establecer una edad de jubilación flexible por encima del mínimo creciente, y adaptar las pensiones de supervivencia a los cambios sociales. Además, se aboga desde BBVA por un sistema de cuentas nocionales y capitalización de adhesión automática con aportaciones de trabajadores y empresas.

4. Tejido empresarial

Otro de los frentes, necesario para impulsar los planes de previsión complementarios en la empresa, es el incremento del tamaño de las compañías. Las empresas más grandes tienen más capital humano, productividad, intensidad digital e innovación, por lo que sobreviven mejor. Por ello, desde el BBVA se recomienda “mejorar la regulación y financiación” para las compañías, e incentivos para el crecimiento de las compañías. Además, se aboga por reasignar los recursos de las empresas menos dinámicas para elevar la productividad y la competitividad con aquellas de mayor potencial de crecimiento e incrementar la intensidad exportadora y la presencia internacional.

5. Innovación y capital tecnológico

Por último, cabe explicar que gran parte de la brecha entre grandes empresas y las pequeñas y medianas se debe a las actividades vinculadas con la innovación y el desarrollo, que se concentran en las compañías de mayor envergadura. En este sentido, el informe elaborado por BBVA Research insta a los poderes públicos a evaluar las políticas de promoción de la innovación para rediseñarlas y orientarlas para un desempeño más eficaz. Para ello, resulta crucial avanzar en modelos de colaboración entre el sector público y privado, lo que hoy aparece en España como una asignatura pendiente.