Multiperfil y flexibles, así son los PPI

Los Planes de Pensiones Individuales (PPI) permiten modular tanto las aportaciones como las percepciones y se ajustan a un amplio abanico de conductas frente al riesgo. Eso sí, hay que planificar la estrategia de inversión para batir al IPC y optimizar la factura fiscal en el tiempo

27 feb 2019 / 10:38 H.

Los Planes de Pensiones Individuales (PPI) son productos de ahorro voluntario que canalizan sus inversiones a través de los Fondos de Pensiones (FP). El ahorro es totalmente flexible y a discrecionalidad del partícipe, que podrá capitalizar su PPI de acuerdo a sus necesidades y posibilidades financieras. Puede hacer aportaciones discrecionales, periódicas, únicas... con un tope máximo que es el que marcan la normas fiscales. El mercado ofrece una tipología de FP, en cuanto a los activos en los que invierte, que satisface cualquier tipo de necesidad en función de: horizonte temporal, objetivos y capacidad de ahorro del partícipe. Eso sí, el ahorrador debe saber e interiorizar que, como su objetivo es el de complementar la pensión, la rentabilidad a lograr mínima debe ser el IPC; de esta forma sus aportaciones no perderán poder adquisitivo. En este tipo de ahorro, la inflación es clarísimamente el objetivo a batir, algo que nunca debe olvidarse.

Un PPI nunca debería plantearse como una inversión con ventajas fiscales, dado que esa afirmación no es cierta: su objetivo es complementar la pensión, no rebajar la factura fiscal. Es más, no existen ventajas fiscales, sino un efecto de diferir la fiscalidad de las cantidades destinadas anualmente a estos productos. Primero se deducen las aportaciones de la base imponible; posteriormente, al cobro, serán consideradas rendimientos del trabajo afectos al IRPF. Como vemos, no se paga en el momento de aportar, pero sí en el momento de cobro. Es decir, se difiere la fiscalidad, pero no hay bondad fiscal.

Veamos las características fiscales:

- Aportaciones propias: todas las cantidades aportadas durante el ejercicio son deducibles de la base imponible general con el límite de 8.000 euros o el 30 por ciento de los rendimientos.

- Aportaciones al cónyuge: un cónyuge puede realizar aportaciones a favor del otro, cuando este último no trabaje o sus rentas del trabajo sean inferiores a 8.000 euros, por un importe inferior a 2.500 euros, siendo gasto desgravable para el que hace el desembolso. Es la parte positiva del tratamiento fiscal.

- Aportaciones a discapacitados: cuando se aporta dinero a una persona con minusvalías, las cantidades son deducibles en la declaración de la renta de quien hace la aportación. El límite es un máximo de 10.000 euros sin tope relativo. La persona debe presentar una minusvalía psíquica igual o superior al 33 por ciento; en el caso de la física el nivel de discapacidad asciende al 65 por ciento, que rige también para personas declaradas judicialmente como incapacitadas independientemente de su grado. El discapacitado podrá aportar, por cuenta propia o ajena, la cantidad total de 24.250 euros.

- Cobro de prestaciones: las cantidades cobradas de un plan de previsión asegurado son consideradas en todos los casos rendimientos del trabajo, ya sean por el propio ahorrador o por sus sucesores. Al ser tomadas por Hacienda en su totalidad -aportaciones y rendimientos financieros o actuariales- ingresos del trabajo, su fiscalidad, en el cobro, es penalizada por su tratamiento. Pensemos que los gravámenes de la cuota general, donde se integran los rendimientos del trabajo es más alta y en el caso de rentas altas marcadamente penalizadora. La aludida penalización es más acusada si tenemos en cuenta que en caso de tener pérdidas, algo no descartable, el beneficiario pagará por lo cobrado, sin que pueda desgravarse las pérdidas en ninguna de las bases que actualmente contempla la Ley del IPRPF, base imponible general y la del ahorro.

- Impuesto de sucesiones. Para personas que por derechos sucesorios hereden capitales procedentes de estos productos conviene destacar que las mismas no están sujetas a este impuesto. Los beneficiarios podrán cobrar en el momento de recibir la herencia o bien diferir su cobro, comenzando a pagar por IRPF en el momento de su cobro.

- Las características aquí expuestas son para todo ciudadano español que no tribute en las provincias vascas ni en Navarra, donde se aplican las normas forales.

El cobro de las prestaciones, al igual que las aportaciones, podrá hacerse de forma totalmente flexible. El beneficiario puede percibirlas como capital único, mediante capitales en el tiempo hasta agotar la cuantía acumulada, generando una renta financiera de cualquier tipo, también de forma mixta -un único capital parcial y rentas por el resto de capitales-, e incluso cabe la posibilidad de contratar una renta vitalicia. Una vez más el producto demuestra su total flexibilidad, tanto a la hora de aportar como de cobrar. Eso sí, debería contemplar percibir una renta que crezca todos los años, aproximadamente un 2 por ciento, para asegurarse que las cantidades percibidas no pierdan poder adquisitivo. La ley contempla la posibilidad de contratar una renta vitalicia, pero, como las prestaciones son rendimientos del trabajo, nunca podrá utilizarse el tratamiento ventajoso que la ley prevé para las pólizas de rentas vitalicias puras.

El objetivo es batir a la inflación

Quien opte por cobrar en forma de rentas, tendrá que estructurar convenientemente la composición de este patrimonio. Debería tener una parte en activos de mercado monetario, bajo riesgo y rentabilidad, para las cantidades programadas para cobrarse en los próximos dos-tres años; para las cantidades a percibir entre tres y cinco años, en carteras de renta fija a vencimiento coincidente con estos horizontes temporales; para cantidades con horizonte temporal más largo debería tener inversiones en acciones u otros activos que garanticen la actualización de la inflación para no perder poder adquisitivo. La recomendación de que cuando se empieza a cobrar del FP todo debería estar en un fondo a corto plazo quita riesgo en los resultados, pero provoca una pérdida de poder adquisitivo en las cantidades que se percibirán a más de cinco años.

Es importante tener presente que cualquier producto de previsión social tiene fuertes restricciones a la liquidez. Las situaciones contempladas por la Ley para la liquidez son: jubilación, fallecimiento y dependencia. Eso sí, la reglamentación legal contempla situaciones para anticipar la liquidez como el de paro de larga duración y enfermedad grave. Desde el año 2014, el legislador ha aumentado la liquidez. En la actualidad, y como previamente ocurría en el País Vasco, cualquier cantidad que se aporte un ejercicio es monetizable a los diez años.

Uno de los aspectos básicos es la configuración de los activos. Para ello, la principal recomendación es contemplar el ciclo de vida del partícipe. Si es un ahorrador joven a más de diez años para la jubilación, su patrimonio debería invertirse de forma diversificada masivamente en acciones; de esta forma no solo no pierde poder adquisitivo, sino que lo instrumenta. Cuando quedan cinco o tres años para el cobro de las primeras cantidades, el partícipe debería comenzar a diversificar dando entrada a productos de renta fija, de esta forma baja el riesgo de la volatilidad de los resultados por la entrada de la renta fija, pero mantiene el objetivo de conseguir la inflación por la inversión en renta fija.

Calcular el ahorro necesario, ver cómo articular el patrimonio según el ciclo de vida del partícipe, compaginar el objetivo de horizonte temporal, inflación y otros riesgos conlleva un profundo conocimiento de las finanzas personales y del asesoramiento financiero dirigido a la consecución de los objetivos vitales. La mayor parte de los ciudadanos de este país no tiene esos conocimientos ni preparación suficiente. Por lo tanto, deberían ponerse en manos de planificadores financieros independientes, ni siquiera en manos de muchos asesores que no conocen las bases de la planificación. En verdad, los PPI y FP permiten una gran flexibilidad y posibilidad de inversión, así como de actuación. Deben ser estudiadas las posibilidades existentes y cuál se ajusta a la características del ahorrador para elegir la más conveniente, vigilarla y adaptarla permanentemente a los objetivos y situación de la persona y su patrimonio.

Complementar la jubilación es una necesidad básica en la sociedad española actual. Cuanto antes se empiece, mejor, pues el horizonte temporal permite una mayor capitalización. Se disminuye de esta forma el esfuerzo de comenzar a preocuparse por la jubilación cuando se está a 10 ó 15 años del objetivo.