Las pensiones también dividen a los taxistas y
los chóferes de VTC

Los conductores de taxis afrontan una menor pensión que los de Uber y Cabify, al ser en su mayoría autónomos. Lo pueden suplir con la licencia, pero no es más que un retorno de su inversión

27 feb 2019 / 09:11 H.

El conflicto de los taxis y las licencias para vehículo de transporte con conductor (VTC) trasciende de la batalla por la explotación del negocio del transporte ante un cambio de modelo. También en materia de pensiones surgen notables diferencias que dejan peor parados a los taxistas, no por la naturaleza de su trabajo o la cuantía de sus ingresos, sino por su adscripción mayoritaria al Reta (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos). Los conductores de taxi son en su mayoría autónomos, más del 80 por ciento, mientras que, en el caso de las VTC, se estima que sólo un 10 por ciento trabajan por cuenta propia. Las pensiones de los trabajadores autónomos son de media un 37 por ciento inferiores a las de los trabajadores del régimen general y, dado que la mayoría de los taxistas cotizan por la base mínima, eso sitúa su expectativa de pensión, en promedio, por debajo de la que percibirán los conductores asalariados, lo sean del taxi o de VTC -siempre computando un modelo teórico con igualdad de años cotizados prestando el servicio-.

El espejismo de la licencia

En un somero análisis, pudiera parecer que la enajenación de la licencia de taxi -o su eventual conversión en una renta vitalicia- se torna en un suculento complemento para la pensión de jubilación, sobre todo en las grandes ciudades donde estas licencias han adquirido un alto coste -superior a los 150.000 euros-, pero no deja de ser más que un retorno de la inversión previamente realizada por el taxista -o conductor autónomo de VTC, en su caso- normalmente financiada en mensualidades a lo largo de buena parte de los años de su vida laboral. Durante la vida de esa financiación, el pago mensual ha restado a los taxistas, mayoritariamente autónomos, capacidad financiera para acometer el ahorro previsional para la jubilación. Y a ese coste han de añadir el gasto ordinario en combustible, mantenimiento y/o renovación del vehículo, lo cual mina sus opciones de inversión y/o ahorro a largo plazo. De ahí que, aunque los ingresos esperados durante el desarrollo de su actividad de un autónomo -taxista o VTC- sean mayores que los de un asalariado, las cargas inherentes a su trabajo por cuenta propia anulen ese espejismo financiero. Máxime cuando, en algunos casos, el retorno de la inversión en la licencia puede ser inferior a lo en su día aportado para adquirirla, ya que el componente fuertemente especulativo del mercado de las licencias deriva en fluctuaciones de precio que pueden determinar incluso la incursión en pérdidas, en cálculos financieramente neutrales.

Impedimentos al ahorro a largo plazo
para los autónomos

Según el blog informativo BBVA, Mi Jubilación los gastos de los taxistas -y, en consecuencia, de los autónomos con VTC- superan los 650 euros mensuales, lo que puede condicionar su capacidad de ahorro en temporadas de menor actividad y, por tanto, de inferior facturación. Señala el mismo informe de BBVA que los conductores autónomos afrontan una inversión adicional a la de la licencia: la renovación periódica del vehículo, a la que tendrán que enfrentarse cada seis u ocho años, todo en función, también, de los cambios legislativos. “Esta necesidad de renovación periódica detrae también fondos para el ahorro periódico de los taxistas, que deberán provisionar este gasto con antelación”, indica el Instituto BBVA de Pensiones en www.jubilaciondefuturo.es

Respecto de las licencias, el citado blog explica que en el momento de la jubilación, los taxistas podrán recuperar la inversión realizada en la licencia que debieron adquirir para realizar su actividad profesional, y que “en función de la situación del momento en que se jubilen -licencias concedidas por el ayuntamiento, demanda en el mercado privado- podrán recuperar cantidades notablemente superiores a las que desembolsaron inicialmente”, aunque “también podría ocurrir lo contrario si la adquirieron en un momento de máximos de mercado”.

Por todo ello, el citado informe invita a los conductores autónomos a planificar concienzudamente su jubilación. Recomienda, en primer lugar, administrar el capital procedente de la venta de la licencia tratando de recurrir a ella sólo para necesidades puntuales de corto plazo y dedicando el resto, a través de productos de ahorro, a generar rentas mensuales que les permitan complementar su pensión pública. En segundo lugar, propone una planificación del ahorro durante la vida laboral, aunque se aborde con pequeñas cantidades.

Por su parte, los asalariados de compañías como Cabify o Uber no presentan peculiaridades específicas que les distingan de los asalariados de otros sectores. Cobran normalmente un fijo y un variable que premia la alta facturación y su pensión depende de su itinerario laboral y fecha de retiro. En media, su pensión es más alta. La pensión promedio del régimen general es de 1.083,48 euros mientras que la pensión media del autónomo, según los datos de la Seguridad Social y la Unión de asociaciones de autónomos Uatae, es de 681 euros mensuales. La condición de trabajador por cuenta ajena permite a los chóferes asalariados disponer de más liquidez para afrontar el ahorro privado, aunque chocan, como el común de los españoles, con la escasa concienciación financiera que lastra el ahorro a largo plazo.