Las cibermonedas, ¿una inversión de cara
al retiro laboral?

Pese al incremento de su popularidad por las alzas exponenciales de rentabilidad experimentadas en el último año, estas divisas están descentralizadas, es decir,
no hay organismo público ni oficial que acuñe las mismas, regule su mercado, lo vigile, lo tutele, ni ejerza ninguna política sobre el mismo para asegurar las inversiones

25 sep 2019 / 09:33 H.

Desde hace tiempo las cibermonedas o criptomonedas han dado un salto importante en popularidad. En un primer momento este tipo de monedas centraba la atención de un porcentaje muy pequeño de la población. A raíz de unas revalorizaciones de las criptomonedas, creciente exponencialmente, los ojos de inversores y ahorradores comenzaron a interesarse por este tipo de inversión, si es que se la puede llamar así. La duda emana de que, entre los banqueros centrales, aquellos que centralizan las decisión sobre una moneda real -el BCE con el euro- estas divisas están descentralizadas, es decir no hay organismo público ni oficial que acuñe las mismas, regule su mercado, lo vigile, lo tutele, ni ejerza ninguna política sobre el mismo. Por si esto fuera poco, voces relevantes del mundo económico como pueden ser presidentes de bancos centrales, autoridades de órganos económicos como la CNMV, presidentes de grandes bancos como JP Morgan y otro buen grupo de expertos vienen advirtiendo del peligro sobre estas monedas. Detrás de las criptomonedas no hay nada, tan solo la confianza del que las adquiere en que otra persona admita su valor y esté dispuesto a cambiarla por un valor determinado de divisas reales, las físicas.

Dada la atención enfocada a estas nuevas monedas, cualquier medio informativo ha tratado el tema en sus contenidos, puede que la persona que esté leyendo este artículo conozca o al menos tenga una idea de lo que es una criptomoneda. En todo caso, una criptomoneda es una moneda que no existe físicamente sino virtualmente; no ha sido emitida ni respaldada por ningún banco central sino por tecnología financiera; detrás de ella no hay ningún tipo de reservas ni bienes que sostengan su valor, tan solo es la confianza de los que la adquieren o la tienen ya; la moneda real es admitida como medio de pago en todos los ámbitos cosa que no ocurre con las divisas virtuales. Como puede apreciarse es una inversión, si lo podemos llamar así, absolutamente especulativa, detrás de ella solo encontramos confianza, no hay más. Presenta también el problema de cómo calcular su precio. Normalmente, exceptuando el oro y las divisas, las inversiones producen unos dividendos o intereses, los denominados cash-flow, los cuales son actualizados a unos tipos de interés. Obtenemos por tanto un precio objetivo, es decir un “norte magnético”, que nos permite realizar aproximaciones a su precio y la evolución del mismo.

En cuanto al oro y divisas reales para intentar hacernos una idea de sus cotizaciones y su tendencia lo que hacemos es aproximarnos a ese precio a través de la demanda y la oferta. Dada la enorme historia de transacciones de oro y cambio de divisas tenemos conocimiento de los parámetros que maneja la demanda y la oferta de ambos activos, aun siendo difícil y compleja la aproximación a la evolución de cómo fluctuará y hacia dónde irá el precio, podemos aproximarnos a ello o tener pautas en las que basar nuestras decisiones.

El método empleado para el oro o las divisas debe ser el que se utilice para las divisas virtuales -el estudio de la demanda y la oferta-, sin embargo, este proceso es demasiado débil en el caso de las virtuales. La afirmación anterior se basa en que su mercado es, aún hoy, muy reducido y además no contamos con una historia suficiente para detectar las variables que influyen en su precio y basar la valoración de las mismas y su comportamiento. El único medio que parece posible sería utilizar el análisis gráfico, ahora eso sí es un activo con precios de grandísima variabilidad -volatilidad- y con una liquidez no tan amplia como aseguran los apasionados de las cibermonedas.

Sobre la afirmación de sufrir pérdidas y que estas sean cuantiosas, cabe recordar algunos precios de la que quizá sea la más conocida de todas, el Bitcoin. En cuanto a la cotización o valor de una unidad y su paridad con el dólar, el periodo de observación es de tan solo dos meses, el que va del nueve de junio de este año hasta agosto. En la fecha inicial el Bitcoin partía de 7.636,8 dólares revalorizándose hasta 13.019 dólares el día 26 de junio. Significa que en tan solo diecisiete días el resultado hubiera sido de un 70,47 por ciento. Del nivel del día 26, 13.019 dólares, avanzamos veinte días hasta el 16 de julio; periodo donde el mercado había sufrido una tendencia bajista llevando al Bitcoin hasta 9.446 dólares. En este caso la minusvalía desde esas fechas era de 27,44 por ciento. Pero hay más curvas, pues desde el día 16 de julio, prácticamente tres semanas después, el día 8 de agosto el mercado fijo un precio de 12.191,6 dólares. En solo tres semanas las ganancias habían sido de un 29,06 por ciento.

Además, ¿qué divisa es objeto de la inversión? El Bitcoin es tan solo la divisa más conocida, famosa y la que acapara mayores titulares y atención por parte de los inversores interesado en este segmento, pero hay más. Es difícil saber el número existente pues desde los portales de internet centrados en este tema se da como dato que cada semana se estaría creando una nueva cibermoneda, pudiendo situarse el número actual entre 1.300 y 1.400. De ellas, la más conocido es el Bitcoin pero podríamos citar por orden de importancia tras ella al Ethereum, Ripple, IOTA, Litecoin, etc.

Sobre el aspecto de la fiscalidad, para la Agencia Tributaria es un foco de máxima atención no tanto por el volumen que mueve en nuestro país en estos momentos, sino por lo que significa y en lo que podría convertirse. El anonimato, los laberínticos caminos para adquirir, poseer, vender, intercambiar es una posibilidad para la evasión fiscal, pero sobre todo para el blanqueo de dinero y la financiación de grupos terroristas. Hacienda ha puesto a trabajar a la Oficina Nacional de Investigación del Fraude (ONIF), unidad bajo la batuta del Ministerio de Hacienda y Financiación Pública. La ONIF, creada en 1998, es quien desde el primer momento estudia, combate, crea protocolos y equipos para combatir todas las prácticas en materia de evasión y fraude fiscal, así como en temas de blanqueo de capitales. Fruto de su actuación en estos momentos la Agencia Tributaria tiene bajo control a más de 15.000 contribuyentes, los cuales fueron identificados el ejercicio anterior, en 2018.

Si nos centramos en el fraude fiscal y dejamos el blanqueo de capital surge la duda, ¿cuál es la fiscalidad de estas monedas virtuales sin respaldo oficial? La respuesta a la pregunta es que en el momento de venderse y por tanto cambiarlo a moneda de curso legal se produce un hecho imponible con el mismo tratamiento que cuando se venden unas acciones.