La universidad no reduce la brecha en pensiones

Según un estudio de Mapfre y la consultora Afi, la diferencia en la cuantía de las pagas de jubilación en función del género es mayor a medida que se incrementa el nivel
de estudios de la beneficiaria

24 abr 2019 / 09:49 H.

La brecha salarial de género en España se prolonga durante toda la vida. La diferencia media entre las pensiones de jubilación que perciben hombres y mujeres es actualmente de 450,1 euros al mes. La maternidad y las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar son dos de las principales causas que provocan esta desigualdad. Además, el nivel educativo también influye: cuanto más alto, más grande es la brecha en las pensiones que sufren las mujeres jubiladas, según revela el último estudio del clúster ClosinGap.

Un informe del sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha) revelaba el pasado mes de marzo que la diferencia media de los salarios entre hombres y mujeres en España es del 29,3 por ciento. Pero esta brecha no solo perjudica al sexo femenino cuando trabaja. De hecho, se hace más patente en la jubilación. Según el estudio de ClosinGap, la pensión pública media de una mujer, incluyendo todas las contributivas, es de 740,2 euros, frente a los 1.162,3 euros que perciben de media los varones pensionistas. Y esta diferencia de 422,2 euros se incrementa hasta los 450,1 euros en el caso de las pensiones de jubilación.

En consecuencia, el gasto de la Seguridad Social en pensiones para ellas es casi 24.500 millones de euros inferior al destinado para los hombres. Ello pese a que las mujeres representan el 48,4 por ciento del total de pensionistas (4,2 millones). También cobran más de la mitad (el 51,6 por ciento) de las pensiones, ya que reciben más de un tipo de pensión con más frecuencia que los hombres. Por ejemplo, de viudedad y de jubilación.

“La maternidad penaliza”

Pero, ¿a qué se debe esta diferencia? Una de las grandes causas es la maternidad, que “penaliza a las mujeres” en sus carreras profesionales. Así lo defendió Marieta Jiménez, directora general de Merck en España y presidenta de ClosinGap, en la presentación en Madrid del estudio Coste de oportunidad de la brecha de género en las pensiones. Un análisis impulsado por la aseguradora Mapfre y llevado a cabo por la consultora Afi.

No es ninguna revelación que tener hijos es más bien para las mujeres una piedra en el camino en su carrera profesional. Lo más habitual en España -y en muchos otros países- es que sea la madre la que haga el sacrificio de dejar su trabajo, aunque sea temporalmente, para dedicarse al cuidado de la familia.

Para ello lo habitual es que pida una excedencia o, en menor medida, disfrute de su baja por maternidad, que actualmente dura 16 semanas, el doble de tiempo que la de paternidad -aunque si nada cambia, se equipararán en 2021-.

Tal y como recoge el estudio de ClosinGap, esto supone que las mujeres en España sufran ‘lagunas’ en sus cotizaciones a la Seguridad Social “derivadas de la maternidad, la crianza y el cuidado de las familias”. Interrupciones que tienen su correspondiente impacto negativo en la cuantía final de sus pensiones de jubilación.

Pero el análisis no se queda ahí, ya que el clúster destaca que los efectos sobre la pensión por jubilación de estas ‘lagunas’ en la carrera laboral “son mayores cuanto más alto sea el nivel educativo completado por la mujer trabajadora y cuanto más dilate el periodo de interrupción de su carrera laboral”.

Cuantos más estudios, ‘lagunas’ más profundas

Así, toma como referencia el perfil de una mujer con estudios de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), con un salario medio bruto anual de 18.908 euros distribuido en 14 pagas mensuales y que decide tener su primer hijo con 31 años de edad. En consecuencia, disfruta de las 16 semanas de baja por maternidad correspondientes, tras la que decide coger una excedencia de tres años para el cuidado del hijo y, posteriormente, dejar de trabajar durante nueve años, hasta que su primogénito alcance los 12 años.

Como consecuencia, esta hipotética mujer tendrá una pensión de jubilación contributiva un 10 por ciento inferior a la que percibiría si no hubiera abandonado su trabajo temporalmente para cuidar a su hijo. Y en el caso de tener dos hijos, la diferencia se amplía hasta el 11,9 por ciento, según ClosinGap.

Pero la brecha crece aún más si la mujer tuviera “un nivel de cualificación alto” -como un título universitario- en vez de solo la ESO: las ‘lagunas’ provocadas por su maternidad en la cotización supondrían una diferencia en su pensión del 14,8 por ciento, en caso de tener un hijo, e incluso del 18,4 por ciento si tuviera dos.

Aunque parezca un planteamiento descabellado que una mujer abandone su carrera profesional durante 12 años, y más si cuenta con un ‘buen sueldo’, tampoco es un escenario alejado de la realidad. Aunque sea por un periodo de tiempo inferior, suelen ser con mucha más frecuencia las mujeres las que se ven ‘forzadas’ a dejar de lado su carrera profesional para poder conciliar su vida familiar.

Precisamente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ya alertaba de este hecho en 2016, en su informe Permiso por paternidad: ¿dónde están los padres?, en el que aseguraba que los hombres son por lo general más reticentes a coger la baja por paternidad -y, menos aún, una excedencia para el cuidado de los hijos- por temor a que esto “tenga implicaciones en su carrera profesional”.

De esta manera, el estudio recoge que “las pérdidas derivadas de la interrupción recurrente de la carrera de cotizaciones -de las mujeres- en el mercado laboral con motivo del cuidado de hijos superan, en todos los casos, la compensación del 5 por ciento por dos hijos” que contempla actualmente el sistema de pensiones español.

Impacto sobre la economía española

Pero no solo la maternidad complica el objetivo de las mujeres de disfrutar de una buena jubilación en el futuro. También la mayor prevalencia del desempleo de larga duración en el sexo femenino provoca “lagunas de cotización”, como destaca el análisis. Y tampoco juega a favor la mayor tasa de mujeres que ocupan puestos de trabajo temporales frente al número de hombres que firman este tipo de contratos.

Todo este conjunto de factores no solo perjudica a las mujeres, sino que tiene un importante efecto en el conjunto de la economía española. Según revela el estudio de ClosinGap, el impacto de la brecha de género en las pensiones en España superó los 26.000 millones de euros en 2018, un 2,2 por ciento del producto interior bruto (PIB) en términos de valor añadido bruto, debido a la menor capacidad de consumo de las pensionistas.

Esto supuso a su vez una menor recaudación por parte de Hacienda. En concreto, la inexistencia de la potencial actividad económica que se daría si no hubiera brecha de género en las pensiones hizo que la Agencia Tributaria dejara de recaudar 2.422 millones de euros por el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), lo que representa el 2,2 por ciento de lo que obtuvo el pasado año, y 2.884 millones en impuesto sobre el valor añadido (IVA), también más del 2 por ciento de lo ingresado. Tal y como defendieron los responsables del estudio en su presentación, las brechas de género no son solo injustas para las mujeres, sino que perjudican a toda la sociedad.

Finalmente, el estudio de ClosinGap destaca que el coste de la dependencia crece desde los 5.000 euros al año -cuando la persona tiene entre 65 y 69 años- hasta casi los 20.000 euros cuando supera los 80 años de edad. El hecho de que las mujeres vivan más años, pero con peor salud, como señalaba el primero de los informes del clúster, unido a las pensiones de menor cuantía que reciben, supone que el coste económico de los cuidados de la dependencia de las mujeres de 85 años y más representa 2,4 veces el importe medio de su pensión pública por jubilación, mientras que en los hombres apenas excede en 1,4 veces. Un factor que implica un mayor esfuerzo del Estado en la cobertura de los cuidados de las mujeres mayores ante el menor nivel de renta que perciben en comparación con los hombres y la incapacidad en muchas ocasiones de acceder a los medicamentos y cuidados especiales propios de la tercera edad.