La rentabilidad en gestión pasiva
dobla a la activa en 2018

La inversión de los ahorros mediante el concurso de la inteligencia artificial y herramientas digitales duplica la rentabilidad de los administradores tradicionales, 6,7% contra 3,11% de media, según el análisis de las cifras anualizadas en los últimos 15 años

30 ene 2019 / 09:15 H.

El debate sobre la conveniencia de la gestión activa o pasiva de los ahorros financieros crece a medida que las rentabilidades tradicionales se estancan en medio de la volatilidad bursátil y de los bajos rendimientos asociados a los productos invertidos en rentas fijas y garantizadas. Como explica el economista jefe del think tank Civismo, Javier Santacruz, el debate entre gestión activa frente a gestión pasiva -dejando a un lado otro estilo de gestión igualmente importante como es la gestión discrecional de carteras- se ha popularizado en los últimos años conforme han surgido en todos los segmentos del mercado numerosos fondos y carteras gestionadas referenciadas a un índice. “En momentos de dificultad para obtener rentabilidades descorrelacionadas con respecto al mercado, rebajar significativamente los costes de gestión e intermediación y tras varios ciclos bajistas en las bolsas a nivel global, la gestión pasiva ha crecido de una forma extraordinaria llegando al segmento de fondos de pensiones y productos de ahorro previsional”, explica el experto.

En este sentido, en todo el universo de activos bajo gestión, el estilo pasivo o indexado ya supone un montante de 8 billones de dólares en el mercado global, un 20 por ciento del total, frente al 8 por ciento que suponía 10 años antes, según los últimos datos de 2017. El crecimiento está sobre todo protagonizado por figuras ya consolidadas y con mucha liquidez en el mercado como los ETF -fondos cotizados-, los cuales suponen el 40 por ciento de todo el mercado de fondos pasivos.

De este modo, en la comparación de los rendimientos entre la gestión pasiva y la gestión activa, basado en datos reales de mercado, de la evolución de las cartera de gestión pasiva de Finizens y la media de los fondos de inversión en España gestionados de manera activa -Índice renta variable mixta internacional de Inverco-, a lo largo de los últimos 15 años se observa cómo una cartera de gestión pasiva globalmente diversificada como la de Finizens produjo una rentabilidad del 166 por ciento en el periodo analizado, es decir, aproximadamente tres veces superior al 58 por ciento que obtuvo la media del mercado en el mismo periodo (véase gráfica). En cuanto a los rendimientos anualizados, la cartera de Finizens -gestión pasiva- obtuvo un 6,74 por ciento, lo que supone más del doble que el 3,10 por ciento que la gestión activa.

La rentabilidad en gestión pasiva dobla a la activa en 2018

Expertos en la materia explican que esta diferencia de rendimientos se atribuye, entre otros, a estas razones fundamentales. Por un lado, la gestión pasiva tiene costes de hasta un 85 por ciento menores que los productos de gestión activa. Como referencia, en Finizens un cliente medio se beneficia de comisiones totales -es decir, reflejando en el análisis todos los conceptos de costes en los que incurre el cliente- inferiores al 0,80 por ciento anual, mientras que es habitual que la gestión activa tenga comisiones totales superiores al 2 por ciento anual. En este sentido, cuanto más bajas sean las comisiones, más elevada es la rentabilidad de una inversión.

Por otro lado, la gestión pasiva ofrece una diversificación global en diferentes zonas geográficas y clases de activos, mientras que la gestión activa tiende a presentar más concentración. Como referencia, las carteras de Finizens ofrecen exposición a 15.000 posiciones distintas. Sobre este aspecto, cuanto más diversificada sea una inversión, menos volatilidad presentará y, además, diversificar ayudará a mejorar el compromiso rentabilidad-riesgo haciendo que la inversión sea más eficiente.

Según explica Santacruz, la profundización de la gestión pasiva en el mercado de productos de ahorro previsional depende de varios factores, como la rebaja significativa de costes de gestión, pero sobre todo tiene una intencionalidad original como es la de establecer un orden y una disciplina a lo largo de la vida de una persona para ahorrar para la jubilación.

“Es un protocolo sencillo, donde el gestor elige el índice al que engancharse y esto aporta tanto transparencia como sencillez a la hora de planificar las finanzas familiares. Es una opción razonable especialmente en el inicio de la carrera profesional donde los ahorros son menores y, por tanto, el coste de la gestión que un inversor puede permitirse es menor. También cuando la persona está ya jubilada, puesto que le permite obtener una rentabilidad a los fondos que va consumiendo y le genera un retorno superior a tener su dinero en liquidez o en un depósito bancario”, señala el experto.

Sin embargo, como ocurre con los activos, tanto si son reales como financieros, hay que tener muy presentes los riesgos que cada estrategia de inversión tiene. Mientras que en la gestión activa están claros los riesgos a los que un inversor se enfrenta -riesgos de tipo de interés, tipo de cambio, regulatorio, liquidez, de crédito-, en la gestión pasiva no están tan claros. Hay tres puntos críticos en la gestión pasiva: el primero, engancharse a un índice no es igual ni simétrico en un mercado alcista que en un mercado bajista. El segundo es el grado de fortaleza y permanencia en el tiempo de las correlaciones entre una cartera y un índice. Y, por último, el tercer elemento es hasta qué punto un índice es siempre un buen representante
del mercado capaz de dotar de garantía a la inversión.