La mujer debe ahorrar 1.500 euros al año
para tener la jubilación de un hombre

La brecha salarial deriva en una brecha entre las pensiones de hombres y mujeres. Una mujer cobra casi 6.000 euros al año menos que un hombre y afronta una paga menor tras el retiro. Para igualar los ingresos de un jubilado, una trabajadora debe abordar un fuerte ahorro a largo plazo pese a ganar menos

27 mar 2019 / 11:00 H.

La brecha salarial genera una brecha en la pensión entre hombres y mujeres. En términos anuales, una mujer recibe 5.799,08 euros menos que un hombre de media a lo largo de su esperanza de vida desde la jubilación (22 años). Para salvar esta brecha, si persisten los problemas de discontinuidad de las carreras de cotización o la parcialidad en los contratos, una mujer tendría que ahorrar entre 473 y 1.564 euros anuales en función de su perfil de riesgo a lo largo de su vida laboral.

¿Por qué existe la brecha salarial? Se trata de una diferencia salarial que viene de muchos años atrás cuando la participación de la mujer en el mercado laboral apenas superaba el 20 por ciento. El primer factor condicionante es el porcentaje de mujeres que está dentro del mercado laboral en proporción a la población que se encuentra en edad de trabajar -activos entre los 16 y los 64 años- y, al mismo tiempo, cuánto porcentaje está en este momento ocupado.

Desde la creación de la eurozona en 1997 hasta el cuarto trimestre de 2017 -último dato homogéneo según Eurostat-, el porcentaje de mujeres activas ha subido 21 puntos hasta el 68,8 por ciento de la población en edad de trabajar. Así, se sitúa un punto porcentual por encima de la media del euro y reduce en 20 años la diferencia con los hombres en 18,5 puntos -la tasa para hombres es del 78,9 por ciento-. En el caso de las mujeres ocupadas, la ganancia de la tasa de actividad en este período ha sido de 21,8 puntos hasta el 55,9 por ciento y ha reducido la brecha en 19 puntos. Por tanto, las diferencias entre hombres y mujeres han ido reduciéndose de una forma notable.

Otro factor que explica la brecha salarial es el momento en que la mujer se incorpora al mercado de trabajo y la composición por edad de la fuerza laboral. En las generaciones más jóvenes, la diferencia de salarios es menor que en las más maduras: 14 por ciento entre profesionales de entre 25 y 44 años -al nivel de países como Finlandia o Dinamarca- frente al 27para mayores de 55 años.

Y, por último, es relevante un tercer factor que es el número total efectivo de horas trabajadas por mujeres y hombres, ya que esto nos habla sobre el tipo de jornada y contrato que tiene cada uno, además de los saltos que se producen en algunas etapas de la vida laboral -por ejemplo, períodos de maternidad-. Desde el comienzo de la crisis en 2008, la diferencia de horas anuales que trabajan de menos las mujeres con respecto a los hombres se ha reducido a la mitad (396.137 horas actuales frente a 637.120 horas en 2008).

A pesar de que las diferencias laborales entre hombres y mujeres -no tanto en salario, cuya discriminación a mismo puesto y responsabilidades está prohibida por Ley desde hace más de tres décadas- se están reduciendo considerablemente, éstas tienen importantes efectos en las economías domésticas. Por ello, para evitar problemas tanto presentes (que repercuten en la planificación familiar, la productividad o el nivel de formación) como futuros -estar condenados a que las mujeres tengan sistemáticamente una pensión menor que la de los hombres-, hay un factor que ayuda a nivelar esta diferencia salarial como es el ahorro.

En materia de planificación de la jubilación, la brecha de la pensión genera un déficit de ahorro actual para las mujeres de 77.994,15 euros para afrontar la vejez -una diferencia de pensión de 5.799,08 euros anuales a valor actual, descontados a una tasa razonable del cinco por ciento-. Esta desventaja obliga a la mujer a ahorrar antes, en mayor proporción de su renta disponible, y más rápido que un hombre con la misma categoría profesional. De esta forma, las trabajadoras pueden salvar la brecha de género existente en el mercado laboral con una mejor previsión de largo plazo, modificando sus pautas de consumo para adaptarse a los períodos en los que no está trabajando y, por tanto, donde sufre una pérdida de renta disponible. Veremos cómo sí hay resquicios para incrementar el ahorro, sólo se trata de planificar mejor los gastos y ser más eficientes.

Si bien es clara la necesidad de ahorrar, al mismo tiempo surge la pregunta ¿pero y de dónde se puede obtener el ahorro necesario para amortiguar las consecuencias negativas de la brecha salarial? La situación actual de los salarios agrava el problema del ahorro, pero no lo hace imposible. Aquí entran en juego diferentes factores.

El primero es la diferencia de cotizaciones sociales entre mujer y hombre, derivadas de la diferencia de salarios. Concretamente, en términos de salario medio y poniendo el foco en la tenencia de hijos, la mujer cotiza a la Seguridad Social anualmente 2.138,82 euros menos que un hombre, siendo menor esta cantidad en el tramo de edad donde se tiene hijos entre los 30 y los 44 años: 1.368 euros anuales. En este sentido, se dibujan tres escenarios de tipos de descuento, tomando como escenario base una vida laboral de 35 años: en el primero -tasa de descuento del tres por ciento, un perfil de riesgo conservador- determina un ahorro de 1.564,75 euros anuales para una mujer. En el segundo escenario -tasa de descuento del cinco por ciento-, el ahorro necesario desciende hasta 863,50 euros y, por último, en el tercer escenario -tasa de descuento del 7 por ciento, rentabilidad histórica de la bolsa sin dividendos- el ahorro necesario bajaría hasta 473,30 euros.

El segundo factor es el riesgo asumido. Evidentemente, el proceso de acumulación de ahorro para la mujer puede ser mayor si se asume un mayor nivel de riesgo. Sin embargo, la clave no está tanto en qué nivel se asuma sino si está correctamente gestionado. En países como Estados Unidos, las empresas tienen a disposición de sus empleados a expertos en finanzas que ayudan a planificar la cartera de una persona en función de diferentes parámetros. En este sentido, es clave una buena educación financiera como proceso y cambio de hábitos de la vida para una mayor sostenibilidad a largo plazo. El tercer factor se basa en la necesidad de un marco que favorezca la conciliación familiar, no sólo para con los hijos sino también para con los padres en riesgo de dependencia. Es un campo donde los costes se pueden reducir de tal forma que lo que antes se gastaba una mujer en contratar cuidados externos o el sueldo al que renunciaba por reducción de jornada, ahora lo puede emplear en ahorrar. Tengamos en cuenta que el 2,3 por ciento del presupuesto familiar se destina a cuidados externos -según la Encuesta de Presupuestos Familiares-, con lo cual el campo es amplio para rebajar esta factura. El cuarto y último factor es la existencia de incentivos fiscales más allá de la propia deducción por maternidad. La mayor dificultad para ahorrar radica en que el 36 por ciento del sueldo bruto se lo lleva la Seguridad Social, siendo una carga más gravosa cuanto más bajo es el salario. Por tanto, hay que aprovechar todos los ahorros en impuestos -sobre todo del IRPF- en materias como “saltos de tramo” o mínimos personales y familiares, entre otros.