La desventaja laboral se traslada a las pensiones

Las vidas laborales más precarias, discontinuas y con menores salarios derivan en que los más de 5 millones de españolas pensionistas cobren, de media, 780 euros, un 35% menos que los hombres

27 mar 2019 / 09:14 H.

Más de la mitad de los pensionistas son mujeres, algo más de cinco millones de españolas que cobran, de media, 780 euros al mes, un 35 por ciento menos que los hombres. Por eso, en el Día Internacional de la Mujer, la Fundación Edad&Vida recordó al próximo Gobierno y al Pacto de Toledo que las reformas en materia de trabajo y jubilación deberían tener en cuenta a un colectivo con carreras profesionales más cortas e interrumpidas, vidas más largas y sueldos más bajos que los hombres. En cuanto a las retribuciones, la brecha de género es evidente. A comienzos de este año la pensión media de los hombres era de 1.200,75 euros al mes, mientras que la de las mujeres ascendía a solo 780,01 euros, 120 euros por debajo del salario mínimo interprofesional. Se trata de una situación que el actual Gobierno en funciones prevé se mantenga hasta 2035. La primera conclusión es que el factor de sostenibilidad, el cambio en el número de años para poder cobrar el cien por cien, el incremento en el tiempo a computar a efectos de cálculos de la base reguladora, o el índice de revalorización son actuaciones que incrementan la brecha de género, esto es, las diferencias entre lo que cobran los hombres y las mujeres pensionistas.

Esta divergencia en la cuantía de la pensión deriva precisamente de la brecha salarial que, en detrimento de la mujer, está enquistada en el tejido productivo. Las trabajadoras en España perciben salarios entre un 10 y un 37 por ciento menos que los hombres, siendo la media del 23 por ciento inferior al género masculino, una cifra que revela la desigualdad que aún existe en España, según el último estudio de la consultora GAD3. En trabajos donde se requiere menor cualificación es donde mayor brecha salarial se registra. Y en nuestro país, ni siquiera la salida de la crisis económica ha logrado frenar esa situación, que solo en 2017 ensanchó la banda entre hombres y mujeres hasta en 104 euros/mes, habiendo incrementado la distancia en los últimos tres años en 229 euros, tal y como calculan los técnicos de Hacienda en su informe.

Los técnicos de Hacienda explican que la brecha salarial se debe, por un lado, a que las mujeres ocupan mayoritariamente los trabajos más precarios, con jornadas parciales y sueldos anuales por debajo de los 7.400 euros. Pero no hay que olvidar el techo de cristal, ya que a partir de los 60.000 euros anuales las mujeres apenas copan un tercio de los puestos de trabajo. En el top salarial con ingresos de más de 126.000 euros son solo dos de cada diez trabajadores. Gestha añade que la brecha salarial aumenta con la edad y se intensifica con la maternidad y el cuidado de los mayores. Así, los saltos más significativos se producen entre los 36 y 46 años y las mayores diferencias de sueldo entre unos y otras, a partir de los 65 años, cuando la brecha supera los 11.400 euros. A escala internacional, destaca la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en los últimos 27 años la brecha de empleo entre hombres y mujeres se ha reducido solo en dos puntos porcentuales. Y avisa de que, al ritmo actual, la brecha de género en lo relativo al trabajo doméstico y a los cuidados tardará 209 años en cerrarse.

Diferencias por sectores, tipo de contrato y jornada

La información que publica el Instituto Nacional de Estadística con respecto a la brecha salarial incide en que para comparar salario femenino y masculino es necesario considerar muchas variables, como el tipo de jornada y contrato -las mujeres suelen tener más contratos a tiempo parcial que los hombres- o el sector económico -hay sectores más feminizados que otros-. Según los últimos datos del INE, hay más brecha en el sector servicios (28 por ciento) que en industria (26,1) y construcción (10,3). Mientras que, a nivel global, los progresos en dirección de la igualdad de género se han estancado en 2018, al no haber aumentado la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, mientras que se redujo su representación en la política y se experimentaron retrocesos en su acceso a la salud y la educación. A mediados de los setenta, según la Encuesta de Población Activa (EPA), las mujeres se incorporaban al mercado de trabajo a edades tempranas, entre los 20 y 24 años, para abandonar después su empleo tras el matrimonio -en muchos casos para siempre-; a partir de los ochenta, la tasa de empleo de las mujeres mayores de 24 años comenzó a crecer de forma importante, incrementándose década tras década, en todos los grupos de edad. Desde 2013, la tasa de actividad femenina se ha estancado. Por tanto, la brecha de género en la actividad se ha ido reduciendo, pero persiste y se observa un frenazo en los últimos cinco años.

Según revela el Gender Gap Index del Foro Económico de Davos, la desigualdad de oportunidades ha aumentado en España durante la crisis económica, remarcando que ha pasado del puesto diez en igualdad de género en 2007 al 29 en 2018. En cuanto a igualdad salarial, nuestro país ocupa el puesto 129 de las 149 economías analizadas.