¿Fondos de inversión españoles o europeos?

Las restricciones regulatorias y fiscales provocan una fragmentación financiera que adultera las comparativas de la ESMA, que afean la posición de los vehículos de inversión españoles

27 feb 2019 / 08:31 H.

Los fondos de inversión españoles, especialmente con horizonte de largo plazo y útiles para la provisión de ahorro y jubilación, no son necesariamente “peores” que los europeos, como se podría inferir del último informe publicado por el regulador europeo de los mercados financieros, ESMA. Partiendo de que hace una comparativa que no es homogénea, varios son los elementos que encarecen los costes de gestión en España e impiden generar rentabilidades brutas superiores a las de otros fondos europeos, especialmente de países con una industria de la gestión muy consolidada como la irlandesa, la luxemburguesa o la británica.

Más allá de la polémica sobre los retornos y comisiones cobradas por las gestoras de fondos, el informe del regulador lanza un potente mensaje a la industria europea de fondos de inversión: a pesar de las medidas tomadas para lograr una integración real de los mercados financieros en forma de actuaciones sobre las comisiones de gestión y la regulación de los productos financieros, su efectividad está siendo limitada. Continúa siendo enorme la dispersión regulatoria entre países y, por tanto, existen grandes diferencias de tratamiento hacia los vehículos de inversión colectiva que deberían no contar con barreras artificiales regulatorias a su libre comercialización en toda Europa. Las restricciones regulatorias y fiscales, además del diferente tratamiento legal, contribuyen a que siga existiendo un grado apreciable de fragmentación financiera.

A través de técnicas de mystery shopping, la Comisión Europea también ha constatado este punto, advirtiendo de la necesidad de crear una reglas comunes y de obligado cumplimiento para segmentos que introducen ruido y generan costes como es el de la distribución de fondos. Esto es especialmente importante en los fondos destinados a ahorro previsional, donde los costes de suscripción son en media un 3,4 por ciento sobre patrimonio. En este sentido, la propia ESMA calcula una desviación de 22 puntos porcentuales entre el país en el que menos le cuesta al partícipe la gestión de sus fondos (Holanda) y en el que más (Bélgica), medido en términos del porcentaje que los gastos totales suponen sobre la rentabilidad nominal del producto (antes de inflación). El partícipe español ve mermada la rentabilidad de su inversión en un 26,7 por ciento frente al 19,8 por ciento de la media de la UE-28. Esto, por sí mismo, es un buen indicador global pero que hay que tomar con mucha cautela, ya que no deja de ser una media de un conjunto de datos muy dispersos y con una gran heterogeneidad. Para evitar estos problemas de comparación, y acudiendo a los datos proporcionados por ESMA y Thomson Reuters, puede verse cómo en la mayor parte de las categorías de fondos, el partícipe español paga unos gastos totales (sumando el TER o ratio de costes totales y las comisiones de suscripción y reembolso) antes de inflación superiores a los de la media comunitaria. ¿Por qué esto es así?

Las peculiaridades españolas

En España la regulación es más compleja que en otros países provocando sobrecostes en forma de comisiones (por ejemplo, la “ventana de liquidez” de los planes de pensiones y la legislación sobre comisiones máximas). Además, se registra una menor competencia entre gestoras de fondos muy bancarizadas. Por otra parte, como viene denunciando elEconomista Pensiones, el ahorro familiar es mucho más bajo en España y, por tanto, la estabilidad del patrimonio de los fondos de inversión que redunda en menores rendimientos. Además, el tamaño del mercado de valores en España es en términos de PIB mucho más reducido que en sus comparables europeos.

Al mismo tiempo, España es un país donde las barreras a la entrada en fondos de inversión por parte del cliente minorista son de las más bajas de Europa y al mismo tiempo, sin embargo, donde es más costoso salir junto a Italia. En este sentido, su lógica es justo la contraria a la de la industria europea, donde se aplican altas comisiones de suscripción en torno o incluso por encima del 0,20 por ciento sobre patrimonio en fondos de renta variable, y muy reducidas comisiones de reembolso, incluso prácticamente nulas. España, en cambio, penaliza fuertemente la salida con un 0,20 por ciento en fondos de bolsa, manteniendo una alta penalización con respecto al mercado en el resto de categorías. Los países que tienen una industria de fondos más consolidada como Luxemburgo, Irlanda o Reino Unido, elevan las barreras a la entrada en términos de comisión de suscripción de forma inversamente proporcional a la rentabilidad bruta, mientras que España o Italia lo hacen justo al revés. Permiten un acceso más barato en el tramo minorista a los fondos de renta variable, mientras que lo encarecen de forma progresiva al pasar a la categoría de fondos de renta fija y más aún en la categoría de fondos mixtos. Aun así, generan rentabilidades netas superiores a las de países con menores barreras a la entrada e incluso menores costes totales. Estos son, sin duda, algunos de los elementos que se deben replantear en la industria de fondos en España.