Flexibilidad y bajo riesgo, ventajas de los PPA

Los planes de previsión asegurados son un híbrido de seguro de vida e instrumento de previsión social óptimos para perfiles de cliente conservadores que desean aportaciones acomodaticias

30 ene 2019 / 09:15 H.

Los planes de previsión asegurados, PPA, son seguros de vida a los que la reglamentación reconoce con el estatus de un producto de previsión social. En la práctica, es combinar las características de ambos productos: las características de los seguros, como es un perfil de riesgo muy bajo, y la de los productos de previsión social, como puede ser el trato fiscal beneficioso de las cantidades aportadas a estos instrumentos.

Como decíamos anteriormente, para aquellos ahorradores que sean adversos al riesgo este es un producto que puede ser óptimo para su perfil de riesgo. Esta afirmación se basa en que, en primer lugar, el ahorrador podrá realizar sus aportaciones de forma totalmente flexible y ajustada a sus necesidades y limitaciones. Por otra parte, al instrumentarse mediante una póliza de seguros, el inversor conoce de antemano la rentabilidad mínima que logrará dado que la aseguradora garantiza un interés mínimo. La ley exige que el producto tenga un interés garantizado y se calcule en base a criterios actuariales. Precisamente esas dos características -la flexibilidad y la ausencia de riesgo- hacen que este producto sea especialmente apropiado para perfiles de clientes muy conservadores, adversos totalmente al riesgo. También es un producto óptimo para aquellos ahorradores mayores donde la proximidad al cobro de las prestaciones por jubilación esté muy cercana en el tiempo y, por tanto, no puedan permitirse los vaivenes de los mercados financieros, la volatilidad.

Ahora bien, no debe pensarse que por tener un interés garantizado el cliente no puede obtener una rentabilidad mayor o que no pueda gestionarse de forma más eficiente y en función de las perspectivas del tomador del seguro. La reglamentación de instrumentos de previsión social permite el traspaso de las cantidades acumuladas en este tipo de productos. Es decir, si el tomador del seguro, con un tipo de interés garantizado, quiere y lo estima conveniente, puede cambiarse desde un PPA a otro, o incluso a un plan de pensiones. Esto último es muy importante, pues la posibilidad de movilización de las cantidades a un plan de pensiones permite una gestión eficaz de las cantidades ahorradas en estos productos.

Una cuestión a tener presente cuando se moviliza un PPA a otro o a un plan de pensiones es que el ahorrador puede ver que la cantidad movilizada no coincide con la que la entidad aseguradora le había ido indicando. Esto es así porque las cantidades acumuladas y comunicadas están sometidas al criterio de periodificación financiera y no han sido determinadas bajo criterios de valor de mercado. Conviene, por tanto, que el tomador del PPA sepa que si los tipos de interés a largo plazo en el momento de la movilización son superiores a cuando se contrató la póliza, la cantidad que realmente se movilizará es inferior a la calculada por el método de la periodificación. Ahora bien, el efecto es positivo cuando la póliza se suscribió a un tipo de interés más alto que el vigente en el momento; en ese momento, el valor de mercado de las inversiones tiene un valor superior al que se obtiene por la periodificación, por lo que el tomador recoge por anticipado, por la movilización, los resultados positivos. Al ser productos de previsión social, su fiscalidad es idéntica a la de los planes de pensiones. Veamos sus características:

- Aportaciones propias: todas las cantidades aportadas durante el ejercicio son deducibles de la base imponible general con el límite de 8.000 euros o el 30 por ciento de los rendimientos.

- Aportaciones al cónyuge: asimismo, un cónyuge puede realizar aportaciones a favor del otro, cuando este último no trabaje o sus rentas del trabajo sean inferiores a 8.000 euros, por un importe inferior a 2.500 euros, siendo gasto desgravable para el que hace el desembolso. Constituye el trato de las aportaciones la parte positiva del tratamiento fiscal.

- Aportaciones a discapacitados: cuando alguien aporta dinero a una persona con minusvalía, las cantidades son deducibles en la propia declaración de la renta de quien hace la aportación. El límite en este caso es un máximo de 10.000 euros sin tope relativo. La persona debe presentar una minusvalía psíquica igual o superior al 33 por ciento; en el caso de la física, el nivel de discapacidad asciende al 65 por ciento, o bien que se trate de personas que hayan sido declaradas judicialmente como incapacitadas independientemente de su grado. El discapacitado podrá aportar, por cuenta propia o ajena, la cantidad total de 24.250 euros.

- Cobro de prestaciones: las cantidades cobradas de un plan de previsión asegurado son consideradas en todos los casos como rendimientos del trabajo, ya sean por el propio ahorrador o por sus sucesores. Al ser consideradas por Hacienda en su totalidad -aportaciones y rendimientos financieros o actuariales- ingresos del trabajo su fiscalidad, en el cobro, es penalizada por su tratamiento. Pensemos que los gravámenes de la cuota general, donde se integran los rendimientos del trabajo, son más altos y en el caso de rentas altas marcadamente penalizadores.

- Impuesto de Sucesiones. Para aquellas personas que por derechos sucesorios hereden capitales procedentes de estos productos conviene destacar que no están sujetas a este impuesto.

Las características aquí expuestas son para todo ciudadano español que no tribute en las provincias vascas ni en Navarra. Allí, debido a sus regímenes forales especiales, las reglas son diferentes.

A la hora de percibir el cobro de las prestaciones, al igual que las aportaciones, podrán hacerse de forma también flexible. El ahorrador o los beneficiarios podrán hacerlo como pago de capital único, mediante capitales en el tiempo hasta agotar la cuantía acumulada, generando una renta financiera de cualquier tipo, de forma mixta, es decir, un único capital parcial y rentas por el resto de capitales, incluso cabe la posibilidad de contratar una renta vitalicia. Como puede verse, se contemplan todas la posibilidades existentes en el mercado. Una vez más, el producto demuestra su total flexibilidad, tanto a la hora de aportar como de cobrar. Conviene reseñar que la ley contempla la posibilidad de contratar una renta vitalicia. Ahora bien, como las prestaciones son rendimientos del trabajo nunca podrá utilizarse el tratamiento ventajoso que la ley reconoce para las pólizas de renta vitalicias puras, no derivadas de la contratación por un PPA.

Ya que nos hemos referido al Impuesto de Sucesiones, conviene señalar que en caso de fallecimiento las cantidades ahorradas son heredadas por el beneficiario o beneficiarios señalados siempre que no se vulneren los derechos sucesorios. Los beneficiarios podrán cobrar en el momento de recibir la herencia o bien diferir su cobro.

Otro aspecto importante es el de la liquidez. Cualquier producto de previsión social tiene fuertes restricciones a la liquidez. Las situaciones contempladas por la ley para la liquidez son: jubilación, fallecimiento y dependencia. Eso sí, la reglamentación contempla situaciones para anticipar la liquidez como son el paro de larga duración y la enfermedad grave.

Desde 2014, el legislador ha aumentado la liquidez. En la actualidad, y como previamente ocurría en el País Vasco, cualquier cantidad que se aporte un ejercicio es monetizable a los 10 años; es este un aspecto interesante que manifiestamente iguala los derechos entre los sujetos pasivos sujetos a las normas forales vascas y al resto de los ciudadanos españoles, puesto que los primeros han gozado de este privilegio desde la instauración de los modelos de previsión social voluntario.

Como puede verse, los PPA son una conjunción entre los productos de las compañías aseguradoras y los productos de previsión social. Como todo producto, tiene algunas características positivas y otras negativas. Por ello, el suscriptor de estas pólizas debe conocer aquellos aspectos más destacables que en este artículo se han intentado resaltar. Ante cualquier duda, la recomendación es que se dirija a un planificador financiero u asesor financiero independiente. La independencia de la figura de consulta proporciona al interesado por el producto que no haya sesgos de ningún tipo, ni conflictos comerciales.

La planificación de la jubilación es un proceso muy importante. Primero debe trazarse un plan, el proceso conocido como planificación financiera y que no siempre al cliente se le realiza. Posteriormente, establecido, cuantificado y fechado el objetivo, deben verse las limitaciones financieras y psicológicas, perfil de riesgo, de cada persona. Entonces, y solo entonces, se podrá, en base a un análisis y conocimiento de productos ofertados en el mercado español, atisbar cuál es el producto que mejor se adapta a las características y necesidades de cada persona.