El triunvirato de las ventajas fiscales:
sialp, cialp y pias

Las cuentas y seguros individuales de ahorro a largo plazo, así como los planes de ahorro sistemático, son vehículos de previsión para la jubilación que sí operan de facto una rebaja en la factura fiscal, en vez del mero diferimiento de los planes y fondos
de pensiones

27 mar 2019 / 09:21 H.

Cunde la idea de que los productos de previsión social, Planes y Fondos de Pensiones, así como los Planes de Previsión Asegurados tienen ventajas fiscales, sin embargo, esta afirmación no es cierta e induce a errores que pueden ser muy gravosos de cara a la planificación financiera de la jubilación. No hace falta explicar la importancia de la planificación fiscal, puesto que la tributación es una carga que el sujeto pasivo debe intentar reducir siempre conforme a las normas fiscales. La realidad es que los productos mencionados anteriormente, ambos, retrasan la fiscalidad de las cantidades aportadas a Hacienda, pero, como vamos a ver, ese retraso no sale gratis y puede incluso ser gravoso para quien los contrata y posteriormente para los que perciban cantidades de ellos. El diferimiento de la tributación se produce porque cuando se hace una aportación a ellos, con un máximo relativo del 30 por ciento de los rendimientos brutos del trabajo y un máximo absoluto de 8.000 euros. Esas cantidades se tratan como gastos deducibles de la base imponible general en el año en que se realizan las aportaciones. Podría pensarse, por ello, que sí existe la bonificación fiscal, sin embargo, no es así ya que cuando el beneficiario comience a cobrar tendrá que tributar íntegramente por lo recibido como rentas del trabajo, con lo que integrará lo recibido dentro de la base imponible general. Por tanto, si una persona ha tenido resultados negativos, minusvalías, éstas no se compensan ni se deducen de ningún modo, caso totalmente opuesto a otras opciones como pueden ser los Fondos de Inversión Mobiliarios, FIM, donde sí existe un planteamiento para compensar las minusvalías generadas con plusvalías del ejercicio o de los próximos cuatro.

Además, tienen otra característica que pone de manifiesto la falacia de considerar el diferimiento como ventaja fiscal de los productos de previsión social voluntaria; me refiero al cobro mediante la generación de una renta vitalicia, algo que es posible. Cuando un beneficiario de estos productos decide cobrar en forma de renta vitalicia, el plan de pensiones contratará con una aseguradora una póliza de seguros de renta vitalicia para cubrir la contingencia generada. Pensemos que si una persona contrata este tipo de seguros directamente sin pasar por el arco de los productos de previsión, tendrá fuertes reducciones de su carga fiscal dado que las cantidades cobradas recibirán fuertes reducciones, las cuales van aumentando según la edad del perceptor. Si pensamos que lo normal, salvo casos de orfandad o viudedad, es comenzar a cobrar del fondo de pensiones a partir de los 65 años, la carga fiscal soportada para estas personas se reduce a tributar 3,8 euros por cada 100 recibidos. Si la edad del perceptor es superior a 70 años, la rebaja es aún más sensible pues la tributación sería de 1,9 euros por cada 100 de la renta generada. Ahora bien, si esa renta vitalicia es cobrada de un fondo de pensiones, entonces toda la renta se integra dentro de la base imponible general y tendrá que tributar por la totalidad de la misma, siendo la carga tributaria mucho más gravosa pues los tipos de la base imponible van desde el 19 por ciento al 45 por ciento o más, dependiendo de la comunidad autónoma en que resida el sujeto pasivo.

Además, hay que pensar que la tributación de los rendimientos, los intereses y resultados generados de los productos de previsión van incorporados a las cantidades recibidas de los fondos de pensiones. No diferencia Hacienda, en la cantidad cobrada, entre aportaciones y rendimientos integrándose ambas en la base imponible general. Este tratamiento no lo tienen otros productos de inversión o seguros, puesto que los rendimientos se integran dentro de la base del ahorro y la carga financiera se reduce drásticamente, al ser los porcentajes de tributación mucho más reducidos que los de la base imponible general.

Frente a estos productos, sí encontramos en nuestro mercado productos con auténticas ventajas fiscales. Los Seguros Individuales de Ahorro a Largo Plazo, SIALP, así como las Cuentas Individuales de Ahorro a Largo Plazo, CIALP, están bonificados fiscalmente pues tienen como característica la exención de tributación. Quienes se beneficien de este régimen fiscal, la exoneración de la tributación, tienen que cumplir una serie de condicionantes: que la inversión se mantenga durante cinco años, y que la aportación anual a estos productos no supere los 5.000 euros por persona y año.

Otro de los productos bonificados fiscalmente son los Planes Individuales de Ahorro Sistemático, PIAS. También están exentos de tributación, con la condición, uno, de que la inversión debe ser mantenida durante cinco años, mínimo; dos, que la aportación anual no supere los 8.000 euros anuales, tres, no puede aportarse, en su totalidad, más de 240.000 euros a lo largo de los años; y, por último, deben ser cobrados en forma de renta vitalicia.

Así los SIALP, CIALP y PIAS sí son productos bonificados fiscalmente, dado que sus condiciones para la obtención de la exención de tributación son, como vemos, de al menos cinco años, y pueden ser muy interesantes de cara a la planificación de la jubilación, dada su bondadosa fiscalidad.

Sus características les hacen especialmente indicados para las personas con un perfil muy conservador pues la mayoría tienen un tipo fijo determinado, estando el capital totalmente garantizado. Por tanto, y aun cuando existen posibilidades de contratar estos productos con tipos variables e incluso con una parte del capital sin garantizar, la característica de tener el capital totalmente protegido -o gran parte- es lo que los hace muy atractivos para perfiles muy conservadores o conservadores.

Los SIALP, como su nombre dice, son un seguro. En caso de fallecimiento del titular, los herederos percibirán una pequeña cantidad como indemnización por el fallecimiento del asegurado. Se refuerza en el caso de los SIALP todavía más esa característica de perfil muy conservador frente al riesgo.

Otra característica es su liquidez. Cualquiera de los tres productos, SIALP, CIALP, o PIAS son rescatables sin ningún tipo de restricción, algo que no es posible en los productos de previsión social. Como se sabe, estos últimos presentan fuertes restricciones de liquidez. Eso sí, el rescate de los productos bonificados fiscalmente ha de ser total y se perderá, lógicamente, la exención de tributación. En el caso de rescate anticipado, los rendimientos -sólo los rendimientos, no lo recibido- tributarán dentro de la base del ahorro; es decir, al 19 por ciento los primeros 6.000 euros y el exceso al 20.

Por último destacar la posibilidad de poder cambiar, sin restricción alguna, de un CIALP a otro o de un SIALP a otro, de CIALP a SIALP y viceversa. Son, por tanto, productos de máxima flexibilidad en cuanto a su movilización. Aumenta así su atractivo, pues, por su movilidad, permiten una gestión más eficaz, incluso el poder gozar de mejores ventajas con una entidad aseguradora o una de crédito, al movilizar estos productos a la misma y, por tanto, obtener mejores condiciones para la contratación de determinados productos con la misma.

La diversificación en materia de planificación, más en la de jubilación, debe ser una idea presente en todo momento. Como se puede apreciar, en el mercado español nos encontramos con productos bonificados fiscalmente si se cumplen unas premisas marcadas por la ley fiscal. Una vez más es necesario conocer muy bien o estar perfectamente informados de las características de estos productos para tener constancia de la rentabilidad financiero-fiscal de nuestras inversiones. No deberíamos negarnos al conocimiento de estos productos y deberíamos huir de ideas preconcebidas y frases hechas como la de productos con supuestas ventajas fiscales, cuando la realidad es que tan solo son aplazamientos de fiscalidad y no exenciones totales o parciales. Pensemos además que productos de muy bajo riesgo nos harán dormir tranquilo. Sin embargo, es casi seguro que no nos defenderán de la inflación y el efecto de pérdida de poder adquisitivo. La inflación, el mantenimiento del poder adquisitivo, es un objetivo básico en la planificación financiera de la jubilación.