Cae la confianza en el sistema
por falta de cambios

Las previsiones de un fuerte incremento del gasto en pensiones por la subida de la cuantía media inicial y su pago durante más tiempo acrecenta la incertidumbre sobre la capacidad futura del Estado

29 may 2019 / 11:33 H.

La actual coyuntura que atraviesa el sistema público de pensiones español parece estar teniendo dos efectos claros sobre la opinión pública. Por un lado, el continuo flujo de informaciones sobre el delicado estado de salud de las finanzas de las Seguridad Social, que compromete la garantía de cobro de una pensión durante el periodo de jubilación ha provocado un efecto de preocupación por parte de la sociedad, que busca entre los medios de comunicación aquellas noticias que le tengan al día del desempeño del sistema de protección a las clases pasivas. Y por otro lado, esta misma preocupación por una mayor información sobre la materia ha traído consigo que los futuros pensionistas pierdan confianza en el Estado como primer y último gestor en el medio y largo plazo de la renta que percibirán los jubilados y pensionistas después de abandonar el mercado de trabajo.

En este sentido, BBVA Mi Jubilación ha elaborado el indicador de sentimiento (GDELT) sobre el sistema de pensiones que mide el sesgo de las publicaciones realizadas en internet por los medios de comunicación sobre noticias relacionadas con el sistema de pensiones. “Mediante técnicas avanzadas de reconocimiento de lenguaje se observan si el sentimiento del artículo tiene un sesgo positivo o negativo. El indicador recoge esta información y la sintetiza en un indice mensual en donde los valores positivos mostrarían una opinión pública generalmente optimista con el tema de las pensiones, mientras que los valores negativos indicarían todo lo contrario. Como información adicional se muestra el volumen de noticias relacionadas con el tema para ponderar la importancia de las variaciones del indicador”, explica el servicio de estudios de BBVA.

En este sentido, se aprecian dos particularidades sobre la actual percepción de la sociedad en torno al problema de las pensiones. Por un lado, hay que partir de la base de que el histórico del indicador que se remonta al año 2015 no ha abandonado los niveles negativos, por lo que el punto de partida es una visión poco optimista con el futuro de las pensiones entre el grueso de la población. Sin embargo, en la figura gráfica se puede observar cómo tanto el nivel de sentimiento -línea roja- como la tendencia -línea gris- han experimentado un ligero repunte en el comienzo de año. Algo que los expertos atribuyen a un mejor desempeño del mercado laboral de lo previsto en los últimos meses del pasado año, algo que ha dejado algunos brotes verdes en el páramo de indicadores de la Seguridad Social a cuenta de un ligero repunte en la relación entre afiliados y pensionistas.

Sin embargo, se trata de un impulso que no borra la perniciosa tendencia en la que ha entrado la confianza en el sistema público. Paradigma de ello es la volatilidad presentada por el índice durante el pasado 2018, coincidiendo con la mayor intensidad informativa sobre la coyuntura del sistema y con una clara tendencia a la baja en la confianza de los ciudadanos. Desde BBVA apuntan a una percepción tendentemente negativa por la falta de reformas, sumado al mensaje instaurado en la opinión pública de que estas son necesarias para garantizar la viabilidad del Sistema.

En el tránsito de esa vía dolorosa en el que a medida que la deuda de la Seguridad Social -en torno a los 18.000 millones de euros de déficit- continúa en aumento y no se producen nuevas noticias sobre el eventual acuerdo para reformar el Sistema que descansa en la fracturada Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, las personas parecen haber asumido la dificultad de la empresa y se muestran poco halagüeños de cara a la capacidad del Estado de sufragar las pensiones futuras.

El mayor hito que contribuyó a esa pérdida de confianza fue el anuncio del acuerdo, entre los partidos encargados de emitir las recomendaciones de reforma de las pensiones, para vincular la revalorización de la cuantía de las pensiones a la evolución de la inflación. Eso, rompió con la reforma del PP de 2013 que preveía una caída de las mismas hasta revertirse el déficit de la Seguridad Social e impuso subidas del 1,7 y del 1,6 por ciento para 2018 y 2019, respectivamente, y que dibujó una senda de gasto que elevaba el desembolso en esta partida en cerca de 4.000 millones solo en dos años.