“Si no retrasamos la edad de jubilación será inevitable vincular la pensión
a la esperanza de vida”

Fernando Ariza, director de la Escuela de Pensamiento para el Estudio de la Economía del Envejecimiento Fundación Mutualidad Abogacía

29 may 2019 / 09:43 H.

El director de la Escuela de Pensamiento para el Estudio de la Economía del Envejecimiento, Fernando Ariza, diserta con elEconomista Pensiones sobre los retos demográficos que encara nuestra sociedad y nuestra economía. Doctor en Economía Financiera, Actuarial y Matemática, docente y autor de diversas publicaciones, con un prolijo currículum, es ponente habitual en materia de seguros, pensiones, longevidad, envejecimiento, previsión social y estrategia empresarial de las entidades aseguradoras. Una voz más que autorizada para proceder al más exhaustivo análisis sobre la coyuntura

¿Cuáles son los principales desafíos que encara el sistema público de pensiones español?

El principal desafío al que se enfrentan las pensiones y en general las sociedades del siglo XXI es el envejecimiento poblacional. Es un desafío incluso mayor que los retos tecnológicos y medioambientales pues estos nos preocupan, pero también nos ocupan, no así el envejecimiento. Una sociedad envejecida es que no tiene reposición, es una sociedad enferma.

¿Tiene España, en este desafío algún rasgo diferencial con otras economías desarrolladas?

El caso de España es un caso extremo y especialmente urgente pues los principales indicadores que afectan al envejecimiento de la población son de los más extremos: saldo migratorio negativo, segunda tasa de fecundidad más baja de la UE, y segunda mayor esperanza de vida del mundo. Además, las alternativas y políticas aplicadas en España para abordar esta transición económica y demográfica no han sido lo suficientemente diferenciadas y han carecido hasta ahora de la perspectiva global necesaria.

¿Debemos fomentar el envejecimiento activo de la tercera edad?

Urge un cambio de mentalidad hacia la consideración de tercera edad, cuya aportación a la economía y a la sociedad es cada vez mayor, no solo porque cada vez son más, sino también por su experiencia, actividad y consumo. Además, debemos diferenciar la nueva tercera edad considerada desde la jubilación hasta los 85 años, momento en el que se entra en la cuarta edad, pues sus capacidades físicas y cognitivas, movilidad, conectividad, hábitos de ocio y consumo, etc., son claramente diferenciales. Incluso podríamos ya hablar de la quinta edad o gran edad para los centenarios, pues debemos acostumbrarnos a una sociedad donde ser centenario sea lo habitual.

¿Qué medidas recomienda para paliar el desequilibrio financiero que pueden deparar el envejecimiento y la longevidad?

Cada vez somos más longevos, eso es una bendición, es lo que la humanidad ha buscado incesantemente a lo largo de su historia; sin embargo, se convertirá en un problema si no lo abordamos correctamente. Y es que además de las medidas financieras debemos pensar en lo no financiero, pues envejecimiento no es sólo pensiones, es también salud, dependencia, ocio, consumo, conectividad, movilidad, urbanismo, arquitectura, derechos, dignidad, riesgos de exclusión social, de soledad, de pobreza energética, de expulsión del lugar habitual de residencia... Este abordaje global, independiente, multidisciplinar e intergeneracional es el gran reto que nos planteamos desde la Escuela de Pensamiento Fundación Mutualidad Abogacía.

¿En qué medida el envejecimiento puede afectar al dinamismo económico?

El envejecimiento es ya uno de los grandes motores de la economía mundial en términos de PIB y generación de empleo, pero las economías envejecidas tienen dificultades para crecer, pues en sociedades donde cada vez hay más pensionistas, los ingresos de buena parte de los hogares caen, y en consecuencia se contrae el consumo y aparecen deflación y bajos tipos de interés, provocando a su vez que se endurezcan las condiciones de financiación para familias y empresas, cuestiones básicas para el crecimiento de la economía. El envejecimiento provoca la japonización de la economía.

¿La pirámide poblacional envejecida y la mayor longevidad comprometen las cuentas de la Seguridad Social hasta el punto de que sean necesarias alzas de impuestos o la creación de tributos finalistas?

Los impuestos no es la variable única con la que corregir el actual déficit de 20.000 millones anuales de la Seguridad Social, aunque sí de las más directas y efectivas en términos cuantitativos. Pero no hay que banalizar estas posibles subidas de impuestos, pues corregir este déficit equivale a elevar la presión fiscal actual un 10 por ciento o, lo que es lo mismo, de forma aislada duplicar el Impuesto de Sociedades, subir un 25 por ciento el IRPF o el IVA al 28 por ciento. ¿Están los ciudadanos dispuestos a asumir esta carga adicional? Otros nuevos tributos de los que se habla como los de aplicación a la banca o la tasa Google apenas tendrían incidencia.

¿Cómo valora la vuelta a la actualización de las pensiones con el IPC?

Con esta referencia corregimos el principio de suficiencia de las pensiones, pero vuelve a estar en entredicho el de sostenibilidad del sistema. No necesariamente es un error, pues la propia Constitución en su artículo 50 garantiza unas pensiones “adecuadas” y “actualizadas”, pero adolece de otras medidas complementarias y estructurales que la acompañen. Garantizamos la calidad de vida de nuestros mayores pero dado que financiamos el déficit con deuda pública, estamos dejando un pesado legado a nuestros hijos.

¿Ha sido un error demorar la entrada en vigor del factor de sostenibilidad?

Queremos que las pensiones sean suficientes, pero no queremos quebrar el sistema. Con este último fin, el factor de sostenibilidad, ya habitual en muchos otros países de nuestro entorno, es quizá la reforma paramétrica más evidente de todas las planteadas. Y es que vincular la pensión a la esperanza de vida es una medida que podemos posponer, pero tarde o temprano será inevitable si no retrasamos la edad de jubilación, pues es una obviedad que, si vivimos más, o trabajamos más o cobramos menos o ahorramos más.

¿Cómo se puede financiar el mayor gasto en pensiones?

Antes nos hemos referido a los impuestos, pero no es la única medida a nuestro alcance. La solución definitiva resultará de una combinación de muchas medidas estructurales a nuestro alcance: impuestos, pero también presupuestos, ahorro privado, reducir desempleo, aumento de salarios, reducir prestación viudedad o aumentar la edad de jubilación entre otras.

El seguro ha tenido que dotar provisiones adicionales ante el envejecimiento, ¿en qué medida el reto demográfico puede lastrar a este sector?

En el contexto actual en el que el Estado está trasladando al ciudadano el riesgo de longevidad en forma de menor pensión por el incremento de la esperanza de vida, el sector asegurador debería ser capaz de poder asumirlo en sus balances. Para ello será necesario que las compañías ingenien soluciones y los Gobiernos les ayuden a poder asumir con garantías ese riesgo. En este entorno, el seguro debe tener un papel crucial para contribuir al equilibrio del sistema y a garantizar la dignidad y calidad de vida de los ciudadanos.

¿Qué nuevas soluciones podría proponer el sector asegurador?

El sector asegurador podría absorber parte del riesgo de longevidad transferido a los ciudadanos mediante las nuevas rentas de la cuarta edad sin por ello comprometer sus balances. Se trataría de garantizar una pensión fija hasta la esperanza de vida y en ese momento revisarla al alza o a la baja en función de la nueva esperanza de vida que hubiera en ese momento. De esta forma el riesgo que asume la aseguradora es casi cierto pues gran parte del colectivo llega a esa edad, pero se mitiga en gran medida el riesgo de que viva más tiempo al poder reevaluar la pensión en ese momento. Esta opción pasa en cualquier caso por reevaluar la fiscalidad vigente.

¿Ve procedente aplicar incentivos fiscales al ahorro a largo plazo?

Sí, es importante que los ciudadanos vean recompensados de forma inmediata el esfuerzo que les supone el ahorro finalista.

¿Cómo relanzar la tasa de ahorro, actualmente en mínimos históricos?

Pese a la percepción que tenemos, en España sí se ahorra, pero mal, pues no se apuesta por el ahorro finalista sino mayoritariamente por el ladrillo, más aún en entornos de bajos tipos de interés como el actual. Para que esto no suceda, resultará fundamental mejorar la cultura financiera de los ciudadanos y que estos conozcan cuál será su pensión esperada una vez jubilados y así planificar en consecuencia. Pese a que desde 2013 es obligatoria por ley, a día de hoy la Mutualidad de la Abogacía es la única institución pública o privada que facilita esta información a sus asegurados.

¿Qué reformas cree necesarias en materia de Seguridad Social?

La reforma clave y que termina radicalmente con el debate entre sostenibilidad del sistema y suficiencia de la pensión, sería la de vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida. Y es que todavía somos esclavos de la tiránica barrera de los 65 años, edad propuesta por Bismarck cuando a finales del siglo XIX ideó el sistema de Seguridad Social, pero entonces apenas llegaba a esa edad el 10 por ciento de la población y quien lo hacía vivía de media otros nueve años, ahora llega más del 90 por ciento de la población y quien lo hace tiene una esperanza de vida adicional de otros 22. Sin duda debemos reformular esta variable.

¿Y para dinamizar la previsión social complementaria?

Además de las medidas fiscales antes mencionadas, resultará clave que Gobierno y empresas apuesten decididamente por el ahorro complementario de empresa, un segundo pilar aún muy precario en España pese a la recomendación de diferentes organismos internacionales, que establecen como marco ideal una pensión de jubilación compuesta en un 50 por ciento por prestaciones estatales, 40 por ciento de ahorro de empresa y 10 por ciento del ahorro complementario individual.

¿El Pacto de Toledo ha hecho el suficiente caso al problema demográfico?

En absoluto. Mientras los expertos demógrafos hablan de “suicidio demográfico” de las sociedades sobreenvejecidas como la nuestra, en el pacto de Toledo sólo se habla de IPC. La búsqueda de réditos políticos inmediatos ha atropellado una buena idea como fue el Pacto de Toledo. Cada vez vivimos más y no hay reposición de natalidad ni de inmigrantes, los saldos vegetativo y migratorio son negativos, este es el drama demográfico que vivimos y que no se ha conseguido abordar en España con toda la intensidad y diversidad necesarias.

¿Cómo combatir el problema del envejecimiento en la España vaciada?

Además de disminuir las cargas fiscales para atraer familias y emprendimiento a las zonas rurales, la solución estructural pasa por aumentar la natalidad pues sin reposición de población no habrá riqueza que distribuir, dotar de servicios y atención primaria a la población rural y dinamizar el mercado laboral fundamentado en el conocimiento. En cualquier caso, confiemos también en que las muchas posibilidades que nos dan las nuevas formas de conectividad nos ayuden a repoblar la España rural.

¿Es la importación de mano de obra/inmigración la solución al problema demográfico y financiero del sistema público de pensiones?

No, no es la solución al problema, aunque sí es parte de la solución. Se estima que la UE deberá recibir en los próximos 30 años unos 80 millones de inmigrantes para mantener su actual población activa. De hecho, es una realidad que las zonas que más inmigración reciben son las que menos desempleo tienen. Sin embargo, alternativas como aumentar la natalidad, probablemente resulten más efectivas y estructurales en poblaciones envejecidas como la nuestra.