“Involucrar a los jóvenes en el debate de
las pensiones pasa por informarles para
que puedan planificar su retiro”

Gregorio Gil de Rozas, head of Retirement, Willis Towers Watson

31 jul 2019 / 10:34 H.

De cara a una legislatura clave para la previsión social complementaria, el head of Retirement de Willis Towers Watson, Gregorio Gil de Rozas, actuario y profundo conocedor de la coyuntura del sector, arroja las claves sobre las políticas necesarias para garantizar el sistema de pensiones en España.

Envejecimiento, longevidad, jubilación del ‘baby boom’... España afronta un peligroso cóctel de riesgos para el sistema de pensiones. ¿Cuáles son los que más le preocupan?

El principal reto del sistema de pensiones es de carácter demográfico: cada vez vivimos más años, lo que es una buena noticia, pero unido al hecho de que la natalidad se encuentra en mínimos, es un auténtico desafío para un sistema de reparto como el nuestro, en el que las prestaciones se financian con las aportaciones de los trabajadores en activo. Otras variables, como el ciclo económico o el empleo, sin duda inciden en la salud del sistema, pero ninguno de forma tan estructural como el mencionado reto demográfico

Y, ¿cómo abordarlos? ¿Qué reformas son ineludibles?

Es necesario adecuar las reglas de juego a esta nueva realidad. Hay que seguir trabajando en incorporar medidas que hagan sostenible nuestro sistema, aunque algunas de ellas puedan resultar impopulares: por ejemplo, incrementar la edad de jubilación, como una evolución natural al hecho de vivir más y en mejores condiciones. También, calcular la pensión de jubilación a partir de la vida laboral completa o adaptar la cuantía de las pensiones a la evolución de la esperanza de vida, lo que supondría un ajuste más gradual y menos traumático. Y es necesario informar anualmente a los trabajadores sobre su futura pensión de jubilación y fomentar el ahorro complementario.

¿Cómo valora el reciente fracaso del Pacto de Toledo?

Desde la creación de este foro en 1995, es la primera vez que los miembros de la Comisión no han sido capaces de alcanzar, en dos años de debate, un consenso sobre recomendaciones sobre el sistema de pensiones. Sí se partía de un documento de recomendaciones a revisar, que contenía puntos como volver a revalorizar las pensiones en base al IPC real, separar las fuentes de financiación o incrementar el periodo de cálculo de la base reguladora, pero finalmente no se ha sellado una posición común. Preocupa constatar la dificultad de consenso en una cuestión tan importante para el futuro de los trabajadores. Es momento de avanzar en reformas, incluso sin consenso. Hay que anteponer la responsabilidad de Estado y el bien común, al consenso. La sociedad española sabrá valorarlo en su justa medida.

¿Y la reversión de la reforma de 2013 con la vuelta al IPC y la demora del factor de sostenibilidad?

La reforma de 2013 se encuentra derogada de facto. En 2018 y 2019 no se ha aplicado el Índice de Revalorización de las Pensiones, y dependiendo de la formación o no de Gobierno, veremos si se aplica a partir de 2020. Si no se cambia nada, con el statu quo, el 1 de enero de 2020 volverá el IRP. La revalorización vía IPC supone un agravamiento del déficit de la Seguridad Social muy costoso a largo plazo. De igual modo, el Factor de Sostenibilidad se ha congelado como mucho hasta “1 de enero de 2023”. Está por ver si finalmente se incorpora. Son dos medidas de ajuste paulatino que, de no retomarse, puede que den lugar a un ajuste brusco en un futuro cercano.

El Banco de España ya ha advertido de la presión que para los políticos supone la edad mediana del votante a la hora de abordar reformas.
De hecho, ya vimos cómo un ‘lobby’ de jubilados torció el pulso al Gobierno de Mariano Rajoy y logró tumbar el IRP. ¿Se echa de menos a los jóvenes en el debate de las pensiones? ¿Cómo implicarles?

Las pensiones no deben someterse a cálculos electoralistas. España cuenta con más de 9 millones de mayores de 65 años y serán más de 15 millones a mediados de siglo. Es tentador contentar a este colectivo, pero se corre el riesgo de que se haga en detrimento de los derechos de los actuales cotizantes y futuros pensionistas. Se debe garantizar la salud del sistema a corto, medio y largo plazo, y de incorporar ajustes, deben ser graduales y no castigar bruscamente a una generación. A los jóvenes se les debe involucrar informándoles, sin generar alarmas, de lo que les puede esperar en el futuro, para que puedan tomar decisiones de forma libre y razonada. La jubilación puede parecer un evento lejano, pero llegará, y el tiempo es posiblemente el mejor aliado en la planificación de esta importante etapa de la vida. Hay, en definitiva, que ilusionarles y hablarles de esta etapa en positivo, a la vez que se les facilitan medios para planificar su retiro adecuadamente.

AIReF ha reconocido que el déficit de la Seguridad Social ya se ha enquistado en el entorno de los 18.000 millones. ¿Ve riesgos de que los mercados o instituciones supranacionales acaben castigando a España por los desequilibrios en la Seguridad Social?

No sólo desde Bruselas ya se ha advertido previamente sobre el incremento en el déficit de la Seguridad Social, y especialmente sobre el impacto que tiene la no aplicación de las medidas contempladas en la reforma de 2013. También el FMI y el BCE tienen puesto en el punto de mira al Gobierno español de turno en relación con las medidas tomadas, por acción u omisión, relativas a la sostenibilidad financiera del Sistema español. En este sentido, la Comisión Europea ha recomendado tomar medidas compensatorias. Además, se espera en 2019 una creciente ralentización en los ingresos, lo que provocará que el déficit contributivo de la Seguridad Social en 2019 se resista a bajar respecto del de 2018 en términos absolutos, aunque probablemente sí que lo haga en términos de PIB, dependiendo del comportamiento final de las cotizaciones.

¿Asistimos a un cambio de modelo a la hora de planificar la jubilación?

Hasta ahora, un porcentaje mayoritario de los trabajadores se aproximaba a la jubilación con la sensación de que la Seguridad Social iba a dar respuesta a sus necesidades financieras de esta etapa. En términos relativos, España sigue pagando una pensión pública generosa, pero esto no va a ser igual en el futuro. Los trabajadores actuales deberán contar con un ahorro adicional si quieren mantener su estilo de vida y no tener aprietos en la jubilación. Siempre se pagarán pensiones, pero la generosidad futura de las mismas va a caer considerablemente, como apuntan organismos como la OCDE.

El RDL 28/2018 reintrodujo la jubilación forzosa para determinados casos y requisitos. ¿Cómo valora la medida?

Es una medida limitada y que solo afectaría a trabajadores que han alcanzado el 100 por cien de su base reguladora y siempre dentro del marco de la negociación colectiva y sujeta a políticas de empleo. Adicionalmente, en un entorno de gradual envejecimiento de la población que debería tender a reducir la tasa de desempleo juvenil, no parece que será una medida de aplicación masiva. Debería en todo caso alinearse con las diferentes políticas que buscan la jubilación activa del trabajador que desea seguir trabajando.

¿A qué se debe la elevada edad de los directivos de grandes empresas? ¿Es solo por la dificultad para el relevo generacional?

Es una tendencia que no solo se ve en trabajadores de perfil directivo, sino en cada vez más empleados que llegan a la edad de jubilación en buenas condiciones físicas y mentales y que son partidarios de seguir activos dado que, entre otras razones, el acceso a la jubilación supone una importante reducción en su nivel de ingresos. Esta es una de las razones por la que es necesaria una adecuada planificación financiera de la jubilación: existe un gap de ingresos a cubrir cuando se abandona la vida activa y es necesario contar con un ahorro que pueda abordar esta brecha de ingresos. El gap es más elevado en salarios altos, al estar topada la pensión máxima.

¿La implantación de la mochila austriaca en España facilitaría una mejor planificación de las vidas laborales de cara a la jubilación?

La mochila austríaca, es un fondo de capitalización individual, financiado por la empresa, que en caso de que el trabajador sea despedido puede acceder a los fondos o bien mantenerlos con la finalidad de generar ahorros para su jubilación. Más allá de la evidente contribución a la jubilación del trabajador al ser un canalizador de ahorro complementario, tiene una serie de ventajas como el hecho de que favorece la contratación en un entorno de mercado laboral más flexible, lo que permite en definitiva mantener carreras de cotización más prolongadas que redundan en una pensión superior. Somos defensores de la mochila austríaca y de que se canalice a través de un vehículo financiero seguro, probado, transparente y familiar para toda la sociedad: seguro colectivo de vida. Con un par de cambios normativos muy simples, podríamos implantarla de inmediato en España.

¿Cómo incentivar la previsión a largo plazo?

Fundamentalmente, transformando la cultura de ahorro de la sociedad. Por un lado, hay que mostrar la realidad sin dramatismos ni alarmismo: la mejor forma de que un trabajador tome conciencia sobre su futuro es que pueda anticiparlo. Como por ejemplo el sobre naranja sueco, que nunca se llegó a implementar en nuestro país aunque se aprobó. Por otro lado, es necesario empezar a trabajar el transmitir las bondades del ahorro desde edades tempranas. Los más pequeños deben contar con formación en este aspecto. Cambiar hábitos de ahorro, planes empresariales de adhesión de los trabajadores por defecto, facilitar vehículos financieros sectoriales, reducir la burocracia de implementación de planes de pensiones, incentivar y monitorizar en este aspecto la negociación colectiva..., serían medidas a considerar también.

¿Por qué cree que la hipoteca inversa ha tenido poco éxito en España?

España es un país con una preferencia muy elevada por la vivienda en propiedad. No es cierto cuando afirmamos que en España no se ahorra para la jubilación, pues un porcentaje importante de jubilados tiene una vivienda o más en propiedad. La hipoteca inversa viene a permitir hacer líquido ese ahorro y por lo tanto tiene todos los ingredientes para encontrar en España un mercado real. Su escaso desarrollo viene derivado de una oferta muy limitada pero también de un alto desconocimiento sobre su funcionamiento e implicaciones. Muchas personas piensan que en su constitución, el propietario pierde la titularidad de la vivienda y no es así. Auguramos que tendrá una evolución exponencial en un país con más de 8 millones de personas mayores de 65 años con una vivienda en propiedad. Terminará siendo de uso común entre los españoles.

¿Qué medidas podrían alentar los planes de empleo en nuestro país? ¿Cómo valora el modelo vasco?

El modelo vasco ya ha sido considerado como referencia por la comisión del Pacto de Toledo. Lo cierto, es que ha conseguido generar un nivel de aportaciones (30 por ciento del PIB del País Vasco) muy superior a la media nacional (inferior al 2 por ciento del PIB). Clave de su éxito son medidas como la fiscalidad más favorable del rescate o la liquidez a los 10 años, que lleva tiempo en vigor. No obstante, medidas de mayor calado para fomentar este segundo pilar serían incrementar la presencia de los planes de empleo en empresas pequeñas y medianas, a nivel sectorial y, adicionalmente, optar por sistemas de adhesión por defecto como el existente en Reino Unido.

Es partidario de crear impuestos finalistas para sufragar las pensiones?

No parece que un impuesto finalista solucione los retos estructurales que tiene el sistema -demografía, productividad, temporalidad y bajo nivel de cotizaciones- mientras que sí podría penalizar el empleo y el consumo en una clase trabajadora con una importante carga fiscal sobre el trabajo.

¿Qué le pediría al futuro Gobierno?

Fundamentalmente, que aborde la cuestión de las pensiones como lo que es: una de las más destacadas prioridades sociales y una de las principales preocupaciones de los trabajadores y que, desde esta base, realice reformas valientes. En resumen, que se comporten como auténticos estadistas pensando en los próximos 30 años y no en las próximas elecciones.