“Desaconsejamos rescatar el plan de pensiones justo al jubilarse”

Javier Gaspar, socio director de Bufete Prolegue

29 may 2019 / 10:59 H.

La previsión social parece ganar terreno en los planes de ahorro de los españoles. El socio director de Bufete Prolegue, Javier Gaspar, aporta las claves para impulsar los conocidos como primer y segundo pilar de jubilación.

¿Cómo valora las propuestas de los partidos durante la campaña sobre la tributación del ahorro?

Hay propuestas desde el PP que pide mayores incentivos a las de Podemos que abogan por retirar los beneficios fiscales por completo.

Tradicionalmente, los partidos con una tendencia económica liberal han preferido inclinar sus políticas tributarias hacia el fomento del ahorro individual. En cambio, cierto es que lo partidos comúnmente considerados progresistas apuestan por un fortalecimiento del sistema público de pensiones y no centran el foco en incentivar que la balanza decaiga del lado del sistema mixto o privado.

El pilar fundamental, a nuestro juicio, radica en una eficaz utilización de los recursos y, sobre todo, en afrontar el delicado problema demográfico que acuciamos en nuestro país. Con una tasa de natalidad cada vez más baja y una población envejecida, nos encontramos con un gráfico poblacional tendente a la conocida como pirámide invertida, lo que supone un grave peligro para el sostenimiento del sistema público de pensiones.

¿Cree necesario el complemento de la pensión pública de jubilación? ¿Será suficiente la paga del Estado para mantener el nivel de vida en el retiro laboral?

Efectuando una punción superficial al respecto, podríamos decir que, al menos, existe la suficiente incertidumbre sobre ello como para dudar de que un ciudadano medio pueda disfrutar de un nivel de vida digno en su retiro con la pensión del Estado.

El problema con el sistema de pensiones y su mantenimiento se escribe en presente y es necesario que se aborde con prioridad. Las políticas a implementar atañen más a expertos en materia económica, pero lo que parece de Perogrullo es que el sistema actual no se sostiene, con la actual tasa de paro -que cada vez parece más cerca de resultar estructural- y con la tendencia demográfica a la que aludíamos en la pregunta precedente.

¿Cree que hay posibilidades para armar un sólido segundo pilar de ahorro en la empresa?

El segundo pilar es el que constituyen los sistemas de pensiones promovidos por las empresas, dirigidos a construir ahorro privado. Las posibilidades de alcanzar ese escenario pasan por tejer un sistema de incentivos fiscales para las empresas. Hay que encontrar un equilibrio atractivo para el empleador y para el asalariado, el cual se antoja difícil. Pues habría que soslayar que ello suponga un incremento del coste empresa por empleado, sin caer en un empobrecimiento del trabajador.

Existe una inclinación cada vez mayor en grandes multinacionales y corporaciones a gran escala hacia los planes de previsión social para sus empleados, pero no podemos obviar que la masa empresarial española la componen Pymes en un alto porcentaje -siendo las microempresas, de cero a nueve empleados, el 95,4 por ciento del total de empresas-.

¿Qué medidas se deberían adoptar para facilitar los planes colectivos de previsión social complementaria?

Quizá debamos comenzar por poner a disposición de los ciudadanos en edad activa la información sobre su previsible pensión. Ello permitiría a los trabajadores anticipar sus necesidades futuras y adoptar decisiones de ahorro para complementar, el día de mañana, las pensiones públicas, aligerando así la carga del sistema público y garantizando su sostenibilidad a largo plazo, sin menoscabo del poder adquisitivo después de la jubilación.

Si lo que buscamos es desarrollar medidas que promuevan el desarrollo y fortalecimiento de la red de planes de previsión social alternativos al público, podemos comentar algunas propuestas de carácter fiscal que estimulen la contratación de Planes de Pensiones:

En primer lugar está la deducción de la cuota del Impuesto de Sociedades y de la exclusión de la base de cotización a la Seguridad Social de las contribuciones empresariales a Planes de previsión social. Quedando excluidas las contribuciones empresariales a Planes de Pensiones de la base de cotización de la Seguridad Social. Esto supondría una reducción del coste de estas aportaciones tanto para el empleado como para el empleador.

En segundo lugar estaría el aumento de los límites a las aportaciones. Supondría establecer límites anuales separados para las aportaciones realizadas a Planes Individuales y a Planes de Empleo -planes promovidos por la empresa para sus empleados: segundo pilar-, actualmente establecidos de forma conjunta en 8.000 euros e incrementarse, especialmente en las edades más cercanas a la jubilación, estableciéndose un escalado en función de la edad.

En tercer lugar se podría ampliar el límite de aportación a favor del cónyuge en la base imponible. Con la última reforma se incrementó de 2.000 a 2.500 euros, un incremento poco sustancial que difícilmente permite a los cónyuges sin ingresos o con ingresos bajos complementar la futura pensión pública que les pudiera corresponder, contando además que, en caso de ser ésta la pensión de viudedad, su cuantía estaría limitada al 50 por ciento de la que viniera percibiendo el otro cónyuge.

También, en última instancia, favorecer el tratamiento de las prestaciones como rendimientos irregulares, con aplicación del porcentaje de reducción que corresponda (30 por ciento a partir del 1 de enero de 2015, y 40 por ciento para las anteriores). Una de las medidas que se adoptaron en la reforma del IRPF del año 2006 fue eliminar la reducción del 40 por ciento para las prestaciones percibidas de los sistemas de previsión social en forma de capital, siempre que hubieran transcurrido más de dos años desde la primera aportación.

No resulta lógico, en términos tributarios, que en el momento de percibir las prestaciones se deba tributar íntegramente como si dichos ingresos se hubieran generado en el año en que se percibe el capital -en caso de percepción única- o en cada uno de los años en los que se perciban los pagos periódicos -en el caso de prestaciones en forma de renta o mixta-. Si bien, la realidad es que son derechos acumulados durante toda la vida activa del sujeto, por lo que deberían beneficiarse del mismo tratamiento que se otorga al resto de rendimientos del trabajo obtenidos de forma notablemente irregular en el tiempo, es decir, con aplicación de un porcentaje de reducción establecido en el 30 por ciento.

Existen estas y otras muchas propuestas encima de la mesa, todas paralizadas en estos momentos a causa del acontecimiento electoral. Todo apunta a que hasta la conformación del nuevo Gobierno las organizaciones políticas no abrirán el melón del Pacto de Toledo.

¿Es el marco normativo español un freno en sí para el mercado de los planes de pensiones individuales?

Parece que las últimas modificaciones legislativas en la materia tienden al favorecimiento de éstos. Desde la modificación de 2015 la ley prevé varios supuestos para rescatar el plan de pensiones de forma anticipada: invalidez laboral, enfermedad grave, muerte del partícipe, paro y pasados diez años desde su contratación.

A partir de 2025, se puede retirar el plan de pensiones pasados diez años desde la primera contribución. Este cambio normativo se introdujo en 2015. Sin embargo, no ha sido hasta 2017 cuando se han articulado los mecanismos para acceder al dinero del plan de pensiones en diez años y se ha acotado en qué condiciones hacerlo. Esta posibilidad mejora la falta de liquidez de la que era preso este tipo de producto de ahorro.

Con los últimos cambios se ha aprovechado para rebajar las comisiones aparejadas a los planes de pensiones. Quedando en la actualidad en el 0,85 por ciento para los fondos de renta fija, lo que supone una disminución de 65 puntos básicos frente al límite actual; un tope del 1,30 por ciento para fondos mixtos, 20 puntos básicos menos; y del 1,50 por ciento para fondos de renta variable. En paralelo, se redujo del 0,25 por ciento al 0,20 por ciento la comisión de depósito que cobra la entidad depositaria. Si bien, no parece que el problema de la falta de ahorro para la vejez en España venga motivado por las comisiones, sí contribuye a que la percepción de los planes resulte algo más barata.

A nivel personal, considero conveniente cambiar la situación actual, tendiendo a aumentar significativamente el ahorro privado en cuentas de capitalización, independientemente de que su gestión sea pública o privada. Este ahorro debe ser complementario a las pensiones públicas de reparto, que deben seguir siendo un pilar fundamental del Estado del bienestar y son esas las que hay que buscar garantizar con una eficiente y correcta gestión por parte del poder ejecutivo de turno.

Y la regulación tributaria, ¿desincentiva la contratación de los instrumentos de ahorro individual?

Se dice que en España no hay exención fiscal sino diferimiento. Podría decirse que los beneficios fiscales otorgados a los planes de pensiones no suponen una exención en su tributación, sino un mero diferimiento. Puesto que el año que se realiza la aportación al plan de pensiones no se tributa por el importe aportado, pero sí tributaremos al rescatarlo. En ese momento, se someterá a tributación, tanto el capital aportado, como las plusvalías generadas por dicho capital.

Retrasar el pago de impuestos siempre es atractivo desde un punto de vista financiero y, por norma, el contribuyente lo prefiere, pero, como decía, los planes de pensiones no están exentos en términos fiscales.

¿Qué le parecería eximir del IRPF a las pensiones de jubilación?

A priori, no me parece adecuado. Hemos conseguido construir un estado del bienestar basado en la contribución de todos los ciudadanos, que nos permite garantizar a todos los españoles la gratuidad y universalidad de servicios fundamentales -sanidad, educación, etc.-, así como de pensiones por jubilación, viudedad y orfandad, invalidez, prestaciones por desempleo, etc.

Todo ello sería insostenible e inentendible sin la colaboración contributiva de todos. Sin obviar que esa medida rompería con el statu quo actual, lo que me parece bastante peligroso.

¿Cómo valoraría la transición hacia un modelo mixto de pensiones con reparto y capitalización? ¿Lo ve necesario o el sistema actual puede llegar a ser financieramente sostenible?

El modelo mixto ya está implantado en otros países y quizá pueda ser una opción a valorar. Los expertos parecen coincidir en que Suecia es el ejemplo a seguir a la hora de implementar un cambio de este calado.

La cotización del trabajador en el sistema mixto sueco se destina en gran parte a un fondo de reparto -con el que se aporta para la pensión propia y se sufraga la de los demás- y otro porcentaje se dirige a cuentas individuales de capitalización, pudiendo ser de gestión pública o privado -cuestión que queda al arbitrio del propio empleado-.

Lo que a primera vista sí parece es ser un sistema más transparente. En Suecia, cada trabajador sabe lo que ha aportado a su cuenta individual de ahorro y lo que, por ende, podría percibir de cara a su retiro laboral. Como efecto inmediato, ello haría que el pago de cotizaciones deje de percibirse como algo obligatorio, sino como una inversión. Una inversión en futuro y no como un gasto, evitando la tendencia a tratar de cotizar lo mínimo.

Pero la gran cuestión radica en cuánto nos costaría esa transición, tanto en términos monetarios, como temporales.

De cara a la campaña de la declaración de la renta, ¿existe alguna fórmula para rebajar la factura fiscal por parte de los jubilados que vayan a rescatar o estén rescatando su plan de pensiones?

La primera advertencia es que no rescaten su plan de pensiones el mismo año en que se jubilen, ya que seguramente su salario será mayor que la pensión pública por lo que tributarán en la escala más alta del impuesto.

El rescate del plan de pensiones se puede dar de varios modos: en forma de renta, mediante el cobro de una mensualidad; rescate en forma de capital, cobrando la totalidad del plan de pensiones de una sola vez; de forma mixta, que es una mezcla de las dos anteriores; o en forma de renta vitalicia, donde en lugar de cobrar hasta el agotamiento del dinero, la entidad realiza los cálculos para estirar ese dinero lo máximo posible y evitar sustos no deseados.

Como segunda recomendación, resulta menos gravoso rescatarlo en forma de renta. Al rescatar el plan en forma de capital es sencillo que pagues más, ya que el tipo marginal será el máximo. Con objeto de evitarlo, se implementó una ventaja fiscal, hoy ya es sólo parcial. Y es que, si rescatas todo el capital de una sola vez, los derechos consolidados generados hasta 2007 cuentan con una exención del 40 por ciento en el IRPF.

Ahora bien, solo podrás aplicar esa ventaja el año de jubilación y los tres sucesivos. Para entender mejor su efecto: de rescatar 100.000 euros del plan y suponiendo que el 50 por ciento fuera anterior a 2007, la Agencia Tributaria sólo tendrá en cuenta 30.000 euros a efectos de sumarlos al IRPF.

Ese será el dinero que se sume a al resto de las rentas del trabajo para tributar según el tipo marginal de tramos generales de IRPF. El resultado, nuevamente, es que será fácil que el tipo marginal sea el más alto, pagando más impuestos que de optar por recuperar el dinero poco a poco.

Todo ello sin obviar que el dinero que no se rescate del plan de pensiones seguirá capitalizándose, generando rendimientos.