Pensiones, ante el gran déficit
de responsabilidad individual

Susana Criado, directora de Capital Intereconomía

26 oct 2018 / 18:19 H.

    La educación financiera se ha puesto de moda. Todos hablan ella y dicen estar implicados en concienciar y formar a nuestra sociedad sobre finanzas y economía. Cuando digo todos, me refiero a los principales actores de la industria financiera: bancos, gestoras de fondos de inversión, aseguradoras, fintech... y también escuelas de negocios y universidades. ¿Hay realmente una conciencia clara y decidida sobre la necesidad de educar sobre finanzas a la sociedad? ¿O es una simple moda que permite que todos estos actores hagan marketing blanco y muestren ante clientes, accionistas y empleados su cara más amable?

    Hace casi 20 años tuve la oportunidad de conducir en la radio el programa Pulso social; tratábamos de contar qué hacían las empresas del Ibex 35 en materia de responsabilidad social corporativa. Recuerdo que los CEO y altos directivos estaban encantados de venir y contar sus proyectos: cuentas corrientes que destinaban euros a ONG, participación de empleados en proyectos solidarios en países subdesarrollados, planes para formar a parados de larga duración, carreras contra el cáncer, a favor de los discapacitados, o programas para involucrar a los más desfavorecidos. Sonaba realmente bien. Ellos insistían en que esos programas no eran un coste para la empresa y sí una clara inversión que, incluso, tenía retornos positivos en el negocio. La responsabilidad social corporativa ha cambiado mucho y en estos años se habla menos de ella y se actúa mucho más; está en el ADN de las empresas, en toda su plantilla e implica todos los proyectos. Es como si en estos años el virus de la RSC se hubiera inoculado en la empresa de la misma manera que la vacuna recorre nuestro organismo y nos hace inmunes a determinados virus.

    Quiero pensar que con la educación financiera pasará lo mismo. Ahora hablamos mucho de ella. Todas las empresas corren que vuelan a patrocinar, promocionar o participar en proyectos, anuncios, jornadas sobre educación financiera. Hablan de inversión y de ahorro. Insisten en que el ciudadano debe tener un buen asesor financiero, independiente, que debe él conocer los productos en los que invierte, conocerse a sí mismo para dibujar su perfil de riesgo... Suena bien, pero aún estamos en una fase muy inicial. Falta responsabilidad individual; cada uno debemos asumir que debemos ahorrar pensando en el futuro. Ahorrar para contratiempos, pero también para las vacaciones, los estudios de los hijos y, ¡cómo no!, para la jubilación. Debemos quitarnos la máscara de la demagogia y asumir nuestra cuota de responsabilidad; a la pensión pública tendremos, sí o sí, que sumarle nuestros ahorros personales. Si no lo hacemos, mal vamos...