La revalorización con el IPC
que disfraza el debate real

25 sep 2018 / 12:06 H.

    El debate sobre la revalorización de las pensiones con el IPC hizo encallar este septiembre los avances del Pacto de Toledo. La división entre los partidos radica en si aplicar la subida anual de las pensiones vinculada a la inflación a secas o admitir que ésta se module en función de algún parámetro indicativo del ciclo económico, de modo que en épocas de crisis se aplane la subida de las pensiones. Es sólo parte de una gran negociación ulterior en la que también se abordará la procedencia o no de la separación de fuentes, de modo que algunas pensiones pasen a financiarse vía Presupuestos, o la adopción de medidas para elevar los ingresos del sistema destopando la cotización máxima, entre otros puntos de reinterpretación de las recomendaciones del Pacto de Toledo. Pero todas estas acciones siguen pareciendo tímidos avances y, por importantes que sean, al fin y al cabo microdebates alejados de la idea que todos los expertos y organismos internacionales nos recomiendan: una reforma global que aborde los desafíos que anticipan más tensiones financieras a futuro en el Sistema.

    La mayor longevidad, la cohorte de baby-boomers que está a punto de empezar a jubilarse, el desigual avance de los ingresos por cotizaciones y el gasto en pensiones, entre otros factores, así como la interacción de las decisiones formales con el ciclo político minan la discrecionalidad de los actores principales del debate a la hora de abordar un borrón y cuenta nueva, una redefinición completa basada en las verdades amargas pero necesarias, es decir, en la comunicación a la ciudadanía de las necesidades y proyecciones exactas que encara el sistema público de pensiones. Pero para ello falta un primer e ineludible paso que ya han dado otras economías avanzadas de la UE y la OCDE, y es acometer una campaña informativa exhaustiva, en orden a concienciar de la situación real de las cuentas y el horizonte que les aguarda, ante una población jubilada cada vez más numerosa. Sin ese paso previo, cualquier medida restrictiva se torna impopular, máxime cuando sus rudimentos técnicos no son fácilmente transmisibles. Y esa reforma global no sólo ha de referirse a la expresión de la realidad que afronta el sistema, sino también a fomentar el ahorro para la jubilación tanto privado como el que se da en el marco de la empresa, y para ello también hay que hacer una apuesta clara por una fiscalidad incentivadora y estable. De momento, no estamos transitando por ese camino.