La reforma de las pensiones y
la cuarta revolución industrial

26 dic 2018 / 10:02 H.

    El pasado 13 de diciembre la ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, manifestó el firme propósito de embridar “el transatlántico de la Seguridad Social” para fortalecer su suficiencia financiera antes de que lleguen las jubilaciones correspondientes a la generación del baby-boom, que engrosarán el gasto en pensiones a mayor ritmo del actual. Así se pronunció la ministra en El Ágora de elEconomista, lanzando un mensaje de serenidad. Al tiempo, Valerio se remitió a los hechos para evidenciar que las reformas unilaterales no prosperan y transmitió la dificultad que supone para cualquier Gobierno, del signo que sea, soportar movilizaciones en la calle por un asunto tan sensible como las pensiones. De hecho, fueron precisamente las movilizaciones de los jubilados las que doblegaron al Ejecutivo de Mariano Rajoy hasta dejar sin aplicación la reforma de 2013, en virtud de un acuerdo con el PNV para salvar los Presupuestos Generales del Estado para este año. La generación del baby-boom comenzará a jubilarse en 2023, aunque el mayor ritmo se espera a partir de 2027, año en que ese transatlántico del que habla la ministra de Trabajo afronta su mayor desafío. De hecho, ya el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, declaró recientemente que en los 10 próximos años el sistema está garantizado y después es cuando vienen las curvas. El tejido productivo ha cambiado, las vidas laborales ya no son como las de nuestros padres, la esperanza de vida es mayor, pero mientras suceden todos estos cambios sustanciales no se produce una modificación correlativa ni una adaptación en la actitud de cotizantes y pensionistas y la propensión al ahorro en España sigue en mínimos. Además, la cuarta revolución industrial, de la digitalización y la robotización, ha llegado al mercado de trabajo para modificar la realidad del tejido productivo con la destrucción masiva prevista en los empleos de alta penalidad, aunque también vaticina la creación de otros de una mayor calidad y mejor remunerados, es decir, música celestial para la Tesorería de la Seguridad Social. Así, la reforma de las pensiones también ha de empezar por nosotros mismos, asumiendo la demanda de nuevos puestos de un perfil más tecnológico, por lo que de aquí a las próximas décadas, la labor en las escuelas de orientar la formación hacia estas áreas de conocimiento será crucial para la competitividad de la economía y, en última instancia, salvar las pensiones.