La jubilación forzosa de Sánchez, camino equivocado

Susana Criado, directora de Capital Intereconomía

26 nov 2018 / 19:19 H.

    Llevo más de 20 años haciendo información económica, y cada vez que escucho al Gobierno de turno que quiere dar un impulso reformista a la economía me echo a temblar. ¡A ver con qué ocurrencia se descuelgan! Cierto es que la economía española muestra síntomas de cansancio. Se palpa en el turismo, el empleo, el consumo, las exportaciones... Cierto es que estos años el viento lo hemos tenido de cola por el crecimiento sostenido de las principales economías -incluida la europea, que es donde van a parar la mayor parte de nuestras ventas al exterior- y por la compra de deuda y tipos a cero del BCE. Pero cuidado con las medidas. Nada de meter más rigidez a la economía. Si queremos generar crecimiento, consumo y empleo, lo lógico es ir por el lado de la flexibilidad laboral, simplificación administrativa y la bajada de impuestos. Pero me temo que por ahí no va el nuevo Gobierno. Por lo que toca al empleo y, por tanto, a las pensiones, miedo me da una de esas propuestas: la jubilación forzosa. ¡Horror!

    La jubilación forzosa expulsaría a 1.289.000 personas del mercado laboral. Personas entre 60 y 70 años que gozan de buena salud y quieren continuar con su carrera profesional. No se trata de expulsar a las personas del mercado laboral para dejar, en teoría, que otras más jóvenes hagan su trabajo, sino de crear nuevo empleo e incentivar el retraso de la jubilación: así más personas cotizarán a un sistema que hoy hace aguas.

    Pero, ¿cómo incentivar que los trabajadores sigan trabajando más allá de los 65, 67 ó 70 años? No hay ninguna pócima milagrosa. La clave es simplemente mejorar la educación. A más calidad en la educación, menos fracaso escolar, sociedad más formada, empleo más productivo, salarios más altos, cotizaciones más elevadas, trabajo más enriquecedor y, por tanto, más personas con interés por alargar su vida laboral.

    Pero, ¿qué pasa en nuestro país? Tenemos una tasa de fracaso escolar muy alta. Del colectivo de los 25 a los 45 años, el 34 por ciento abandonó sus estudios superiores. Es un colectivo condenado a trabajar en sectores donde abundan los bajos salarios, contratos a tiempo parcial y también economía sumergida. El Ejecutivo ha tomado el camino equivocado: para no ahogar nuestro sistema de pensiones lo primero es mejorar la calidad de la educación, un proyecto a muy largo plazo. ¿A corto? Las recetas son más que conocidas: flexibilizar la edad de jubilación, incentivar su retraso, compatibilizar pensión y salario, formación a lo largo de toda la vida laboral... ¿Lo veremos? Mucho me temo que con este Gobierno no.