Gestión activa vs. gestión pasiva

A la hora de invertir no sólo hay que pensar por qué productos se apuesta,
sino en la forma de gestionarlos, algo que depende del ciclo vital, el horizonte temporal
del inversor y su aversión al riesgo

29 oct 2018 / 19:27 H.

Al igual que sucede con la combinación de activos más favorable en cada momento de la vida de una persona, la elección entre gestión activa y gestión pasiva de las inversiones destinadas para la jubilación también depende del ciclo vital, el horizonte temporal del inversor y su aversión al riesgo. Por tanto, si un inversor quiere batir o no a un índice de referencia (benchmark) es otra variable más a contemplar en la planificación y con el mismo rango de importancia que otros elementos como el tipo de activos, planificación de gastos e ingresos o el balance de activos y pasivos familiares.

El debate entre gestión activa frente a gestión pasiva -dejando a un lado otro estilo de gestión igualmente importante como es la gestión discrecional de carteras- se ha popularizado en los últimos años conforme han surgido en todos los segmentos de mercado numerosos fondos y carteras gestionadas referenciadas a un índice. En momentos de dificultad para obtener rentabilidades descorrelacionadas con respecto al mercado, rebajar significativamente los costes de gestión e intermediación y tras varios ciclos bajistas en las bolsas a nivel global, la gestión pasiva ha crecido de una forma extraordinaria llegando al segmento de fondos de pensiones y productos de ahorro previsional.

Crecimiento en figuras ya consolidadas

En todo el universo de activos bajo gestión, el estilo pasivo o indexado ya supone un montante de 8 billones de dólares en el mercado global, un 20 por ciento del total, frente al 8 por ciento que suponía 10 años antes según los últimos datos de 2017 publicados por Vladyslav Sushko y Grant Turner (BIS, 2018). El crecimiento está sobre todo protagonizado por figuras ya consolidadas y con mucha liquidez en el mercado como los ETFs -fondos cotizados-, los cuales suponen el 40 por ciento de todo el mercado de fondos pasivos.

El resto se reparte en otros mecanismos de indexación como pensiones, seguros y hedge funds. El ETF se ha impuesto como el vehículo más popular tras el célebre consejo del gurú Warren Buffett de invertir en un ETF del S&P 500 para aquellos legos en el mundo de las finanzas, con figuras tan relevantes como la de John Bogle, fundador de la gestora Vanguard, ofreciendo este tipo de vehículo con una comisión de sólo el 0,25 por ciento.

La profundización de la gestión pasiva en el mercado de productos de ahorro previsional depende de varios factores, algunos ya señalados como la rebaja significativa de costes de gestión, pero sobre todo tiene una intencionalidad original como es la de establecer un orden y una disciplina a lo largo de la vida de una persona para ahorrar para la jubilación. Es un protocolo sencillo, donde el gestor elige el índice al que engancharse y esto aporta tanto transparencia como sencillez a la hora de planificar las finanzas familiares. Es una opción razonable especialmente en el inicio de la carrera profesional donde los ahorros son menores y, por tanto, el coste de la gestión que un inversor puede permitirse es menor. También cuando la persona está ya jubilada, puesto que le permite obtener una rentabilidad a los fondos que va consumiendo y le genera un retorno superior a tener su dinero en liquidez o en un depósito bancario.

Poner a funcionar los motores

Sin embargo, tanto la fase de acumulación de capital en el ciclo vital -entre los 30 y los 50 años- como la fase de crecimiento -entre los 50 y los 65 años- exigen de una estrategia más agresiva -modelada por el perfil de riesgo del inversor- para conseguir los retornos más altos posibles dado el nivel de riesgo. En este sentido, la gestión activa cumple con un papel esencial, dado que confía en la habilidad del gestor de obtener rentabilidades adicionales al movimiento del mercado, es decir, generar alfa en la cartera. Cuanto más alto sea el alfa de una cartera, mayor será la capacidad de generar riqueza en épocas de crecimientos salariales o de rentas más elevados. Es la forma de poner a funcionar todos los motores del patrimonio familiar.

Evidentemente, en la vida real no debería existir una disyuntiva entre gestión activa y pasiva, sino una combinación de ambas a lo largo del ciclo vital, de manera que en las dos colas de la distribución por edad haya un mayor peso de gestión pasiva, mientras que en las edades centrales el peso mayor lo tenga la gestión activa.

Incluso, como está sucediendo en mercados como el holandés, se está produciendo una mezcla de ambos estilos denominada passive unless..., que significa una cartera gestionada con una base de gestión pasiva, pero que va modelando estrategias de gestión activa en función de las circunstancias del mercado. Este estilo se está imponiendo, por ejemplo, en los fondos de pensiones ofertados por grandes aseguradoras europeas como una forma útil de diversificar riesgo, pero sobre todo para optimizar procesos en una cartera que en muchos momentos puede marchar sola, sin necesidad de hacer continua rotación de cartera, lo cual causaría una elevación sustancial de los costes. En cierta forma, es un diseño óptimo para un inversor de conocimientos financieros escasos y cuya necesidad es la de obtener una rentabilidad real suficiente con bajos costes.

Los riesgos de cada estrategia

Pero como ocurre con los activos, tanto si son reales como financieros, hay que tener muy presentes los riesgos que cada estrategia de inversión tiene. Mientras que en la gestión activa están claros los riesgos a los que un inversor se enfrenta -riesgos de tipo de interés, tipo de cambio, regulatorio, liquidez, de crédito...-, en la gestión pasiva no están tan claros, incluso en algunos casos llegando a pensar que por estar indexados a un índice de referencia por sí solo se elimina el riesgo, y eso no es así. Hay tres puntos críticos en la gestión pasiva: el primero, engancharse a un índice no es igual ni simétrico en un mercado alcista que en un mercado bajista. Alguien podría pensar que en un mercado bajista, un ETF inverso tendrá el mismo comportamiento que un ETF normal en un mercado alcista. Lo que parecería a simple vista una estrategia lógica se convierte en una jugada tremendamente arriesgada, porque ni la liquidez es la misma, ni el comportamiento de los activos subyacentes es tampoco el mismo.

Enseñanzas de la crisis

El segundo es el grado de fortaleza y permanencia en el tiempo de las correlaciones entre una cartera y un índice. Si algo nos ha enseñado la última crisis, es que las correlaciones entre activos, índices y estrategias pueden romperse con facilidad y en muchos casos provocando pérdidas enormes por creer que correlación es lo mismo que causalidad. Y, por último, el tercer elemento es hasta qué punto un índice es siempre un buen representante del mercado. En casos como el actual, el S&P 500 está muy condicionado por las FAANG (tecnológicas) y no representa bien del todo lo que está ocurriendo en el resto del mercado. En suma, no estamos ante una elección dicotómica entre adoptar una posición activa o pasiva, sino usarla convenientemente en función del ciclo vital y de las necesidades a cubrir.