El consumo del jubilado tiene un IPC del 1,2%

Las prioridades, necesidades y gustos cambian con la jubilación. Ello hace que la cesta de bienes que consumen los jubilados sufra una inflación menor que la general,
con la que se van a actualizar las pensiones. En cualquier caso, los beneficiarios de pensión son especialmente vulnerables al componente energético, el elemento más frágil de su patrón de consumo

23 jul 2018 / 20:03 H.

Los últimos datos muestran que el IPC de un pensionista está por debajo del IPC de las familias en plena madurez de su vida laboral -entre 45 y 64 años- y con respecto a la media nacional. Al cierre de 2017, con datos homogéneos, el coste de la vida para un jubilado cerró con una subida del 1,2 por ciento, mientras que la tasa de inflación para aquellos que están entre 45 y 64 años se situó en el 1,3 por ciento interanual, valor similar al de la tasa de inflación general. Esto es debido al cambio de composición del gasto de una casa, cuyo cabeza de familia es una persona jubilada frente a un hogar de miembros de edad menor. Las preferencias, los gustos y las prioridades de gasto cambian con la edad y, con ello, la proporción de los diversos gastos con respecto al total de cada año. Así, en la última década, los hábitos de consumo de los jubilados han ampliado la distancia con respecto a los de la media nacional, tal como muestra la última Encuesta de Presupuestos Familiares que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) con los últimos datos de 2017.

En consecuencia, el cambio en el patrón de consumo conlleva un mayor o menor impacto de las subidas de los precios de los bienes y servicios de consumo manteniendo o restando capacidad adquisitiva a lo largo del tiempo. Este impacto es clave para aproximarse a una realidad más cercana a la de los jubilados cuando, por ejemplo, se plantea desde el Pacto de Toledo recuperar el IPC como índice de revalorización de las pensiones. Sin embargo, el IPC general no recoge la realidad de los jubilados y, por ello, surge la necesidad de calcular un índice de precios reales que afrontan los pensionistas, idea que fue por primera vez planteada por el profesor Álvaro Anchuelo en sede parlamentaria.

¿Qué consume y qué demanda un jubilado a día de hoy? Sin duda, está incrementando su gasto en consumo familiar, y desplaza gastos de unas partidas a otras, tanto en función de lo que consumían con anterioridad a la jubilación como con respecto a cuando sus padres o sus abuelos estaban jubilados. Los últimos datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares confirman la tendencia detectada en los años anteriores, apoyada en un incremento continuado de la renta disponible.

En los próximos años -donde estimamos jubilados cada vez con mayor renta disponible, ya que están entrando en el sistema pensiones más altas en promedio, con carreras de cotización más largas y bases de cotización más elevadas-, España será uno de los mejores lugares de Europa para vivir en la edad senior. El crecimiento de la renta disponible se ve acompañado de un mayor poder adquisitivo relativo con respecto a socios europeos como Alemania o Reino Unido, además de una posición geográfica y climática más adecuada. A pesar de esta tendencia positiva -y evidentemente preocupante para la actual población activa que tiene que pagar dichas pensiones-, los hogares jubilados españoles poseen una serie de cargas económicas que pueden llegar a ser demasiado pesadas en los más de 20 años de supervivencia de una persona después de su jubilación. En primer lugar, el gasto más gravoso y más difícil de gestionar es el gasto corriente en vivienda, donde tenemos en cuenta desde los gastos en suministros -luz, agua, gas u otros- hasta el alquiler imputado como medida del coste de tenencia de una vivienda, aunque ésta esté en propiedad -normalmente es así, dado que el 85 por ciento de las familias españolas tienen su casa en propiedad-.

De entrada, le supone a un jubilado bloquear 40 de cada 100 euros cada mes de su presupuesto familiar. Y esto hace que sea especialmente vulnerable ante subidas de los precios energéticos, tanto si es por causa de mercado -fluctuaciones de los precios del petróleo, del gas o una subida de los tipos de interés- como si es por una decisión política con precios fijados por el BOE: peajes, precio de la bombona de butano, impuestos o cánones. Y esto, unido al peso que tienen los bienes energéticos sobre el IPC -aproximadamente un tercio- hace que sea la parte más delicada, más sensible y también más volátil en términos de poder adquisitivo de un jubilado. También dificulta un cierto margen de maniobra que en muchos casos puede ser necesario ante situaciones de apoyo financiero a familiares o ante procesos de dependencia severa.

Conforme la longevidad avanza, como adelantaba el estudio con el sello de Fidelity y la Fundación de Estudios Financieros Longevidad y Cambios en el Ahorro y la Inversión, el peso del gasto corriente en vivienda tiende a crecer, dado que los jubilados buscan un hogar cómodo y adaptado para una vida cada vez más larga. En la última década, el porcentaje sobre el total del gasto ha experimentado un crecimiento de 1,27 puntos porcentuales, mientras que en la media nacional el aumento ha sido de casi el doble, concretamente 3,3 puntos porcentuales sobre el gasto total. Así, dentro de los gastos domésticos, ganan importancia bienes como accesos adaptados, ascensores, aparatos de climatización o mobiliario adaptado, con el consiguiente alza del coste de suministros básicos como electricidad, gas o agua -del 1,19 por ciento medio anual-. Dentro de estos bienes adaptados se encuentra el vehículo particular y su consiguiente coste de mantenimiento -pesa un 4,84 por ciento del total del presupuesto familiar-. Prefieren desplazarse en su propio coche que acudir al transporte público, el cual apenas pesa un 1 por ciento del gasto familiar. En segundo lugar, se produce una redistribución de gastos básicos como la alimentación o el vestido y calzado -el peso conjunto en la cesta de la compra es del 22 por ciento, el segundo gasto más importante de una familia de más de 65 años- hacia productos más sofisticados. En este sentido, el gasto en restaurantes y hoteles se incrementa a un ritmo del 1,13 por ciento anual acumulativo. Este desplazamiento se une al alza del consumo de bienes de ocio, cultura y turismo mediante paquetes turísticos, programas guiados y políticas públicas dirigidas a la tercera edad, cuyo desembolso salta al tercer puesto de importancia con el 12 por ciento del total del gasto familiar.

En tercer lugar, se produce una elevación significativa del gasto en comunicaciones: teléfono, Internet y paquetes digitales asociados -un 0,45 por ciento anual acumulado-. La penetración de los servicios digitales en los mayores se está acelerando y, por tanto, se incrementa el público objetivo que demandará en los próximos años servicios tecnológicos.

Por último, se produce un doble fenómeno compuesto por un aumento simultáneo del gasto en sanidad y en seguros y servicios financieros, ambos con un peso casi idéntico del 4 por ciento. Cada año, los hogares mayores de 65 años gastarán de media entre 1.500 y 1.900 euros en servicios de salud, mientras que el gasto en seguros de salud se elevará en torno a 1.200 euros.

Por consiguiente, las variaciones de la cesta de la compra hacen cambiar sensiblemente el coste de la vida de los jubilados, que cuentan con un mayor poder adquisitivo diferencial con respecto a la población en edad de trabajar y con una fase del ciclo vital que se está alargando gracias al proceso de longevidad. Los hogares cuyo cabeza de familia ya está jubilado, son los que registran el mayor aumento de renta disponible neta frente al resto de las cohortes de población en la economía española. En los años de la crisis, mientras los sueldos experimentaban fuertes bajadas, las rentas de los jubilados, lejos de reducirse, han aumentado considerablemente.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística -última fecha publicada es 2016-, entre 2008 y 2016, mientras las ganancias netas de la población en edad de trabajar -entre 16 y 64 años- se reducían en promedio un 0,75 por ciento cada año en términos acumulativos, la renta disponible neta de los jubilados crecía cada año un 1,65 por ciento de media, muy por encima de la tasa de inflación registrada en el mismo período -del 1,22 por ciento anual acumulativa-. El colectivo ha sido uno de los menos perjudicados por la crisis, dada la coyuntura de inflación y la entrada en el sistema de jubilados con carreras y bases de cotización superiores.

TE RECOMENDAMOS