El ahorro de los españoles, en máximo histórico

Según datos publicados por el Banco de España, el volumen de activos monetarios acumulados en vehículos financieros alcanza los 2,20 billones de euros. Se trata de un nivel nunca visto en nuestro país, coincidiendo con la crisis del deficitario sistema público de pensiones

26 nov 2018 / 18:08 H.

A tenor de los estudios sobre conocimiento financiero y sentido del ahorro de los españoles parece claro que en este aspecto encontramos un ámbito de mejora de nuestra sociedad de cara a futuros. Un reciente estudio apunta a que el ahorro financiero de las familias españolas a finales de junio de 2018, según datos del Banco de España, se situó en 2,20 billones de euros, lo que supone un nuevo máximo histórico. Concretamente, durante la primera mitad del año, los hogares españoles vieron incrementado en 48.132 millones de euros su saldo en activos financieros, un 2,2 por ciento más que en diciembre de 2017, lo que da muestra del progresivo concienciamiento social acerca del aprovisionamiento de patrimonio de cara a futuros desembolsos, entre los que se encuentra el más importante a largo plazo: el de la jubilación.

A pesar de la volatilidad presente en los mercados financieros durante el primer semestre de 2018, las Instituciones de Inversión Colectiva -Fondos y Sociedades de Inversión domésticas e IIC extranjeras- incrementaron su saldo un 4 por ciento en este período, y ya suponen casi el 15 por ciento del ahorro total de las familias españolas.

De este modo, la adquisición neta de activos financieros continuó con la dinámica mostrada en trimestres anteriores y alcanzó los 20.207 millones de euros en el segundo trimestre del año, acumulando 36.568 millones en la primera mitad de 2018, de los que 12.492 millones correspondieron a suscripciones netas en IIC -algo más del 34 por ciento del total-, confirmando la preferencia del ahorrador español en los últimos años hacia la inversión colectiva del remanente.

En este sentido, durante el segundo trimestre de 2018, las familias españolas aumentaron ligeramente su endeudamiento con respecto al trimestre anterior -el 65,8 por ciento del PIB en marzo de 2018- y sus pasivos financieros suponen el 66,4 por ciento del PIB nacional -mismo nivel que en diciembre de 2017-. Precisamente, este es uno de los elementos nocivos de los que advierte la Comisión Europea en sus previsiones económicas para los próximos ejercicios. Desde Bruselas advierten de que el elevado pasivo que acumulan las familias, además del que registra el Estado, puede jugar como un elemento constrictivo para el crecimiento ya que la retirada de los estímulos monetarios por parte del Banco Central Europeo amenaza la solvencia de las arcas públicas por un lado, mientras que la subida de los tipos de interés del euro castigarán a las economías que cuenten con los mayores niveles de endeudamiento privado, poniendo además en riesgo el comportamiento del consumo, acicate para el avance del empleo y el PIB.

Por otro lado, la situación patrimonial de los hogares -financiera más inmobiliaria- en términos de PIB aumentó ligeramente hasta el 551 por ciento de la producción total del país en el segundo trimestre de 2018 con respecto a diciembre 2017 (543 por ciento), debido tanto al incremento de la riqueza financiera neta -de 1,41 billones de euros desde los 1,38 billones de diciembre de 2017- como al aumento de la riqueza inmobiliaria, que se situó en el 432 por ciento del PIB, aunque muy lejos del máximo obtenido en 2007 -el 584 por ciento del PIB-.

Precisamente este es otro de los puntos que advierten la mayoría de expertos a cuenta del mantenimiento del nivel de vida en tiempos del retiro laboral. Aquí, los expertos señalan que una de las trabas en el impulso del ahorro en España se encuentra en el elevado volumen de activos depositados en el sector inmobiliario, y que deriva de una cultura basada en la adquisición de propiedades como elemento de gestión patrimonial. Unos productos que suponen una garantía para muchas personas que pueden dar a estas inversiones un rendimiento -mediante el alquiler o la venta-, pero que también se pueden convertir en un inmovilizado sin capacidad de obtener rentabilidad, para lo que están surgiendo nuevos planes ofertados desde compañías de ahorro a largo plazo.

Estos son los casos de la renta vitalicia y de la hipoteca inversa. En el primero de los casos, los seguros de renta vitalicia cuentan con ventajas fiscales, de modo que en el momento de la contratación de un vehículo de renta vitalicia se establece el pago de una única aportación de capital -prima única- o de varias aportaciones -primas extraordinarias-, dependiendo del tipo de seguro y de la entidad aseguradora que lo oferte. A partir de este pago, el asegurado recibe una renta periódica vitalicia mensual, trimestral o anual, cuya cuantía dependerá del capital total aportado por el titular, así como de la rentabilidad del propio seguro. En este sentido, lo más habitual es que los administradores del seguro inviertan el capital aportado en renta fija, bonos de deuda pública. Además, esta cuantía se podrá ir elevando de manera anual si el cliente así lo pide, o podrá permanecer inalterada hasta su fallecimiento.

En el segundo de los casos, se trata de un préstamo hipotecario para personas mayores de 65 años que les permite obtener una renta mensual de por vida, a cambio de utilizar la vivienda como garantía. A diferencia de una hipoteca normal, a través de la cual se percibe el total de la cantidad prestada al inicio de la operación, a través de la hipoteca inversa, ese montante se va recibiendo en mensualidades. Así, se trata de convertir una parte de la vivienda en un plan de pensiones complementario. No obstante, también es posible a través de la hipoteca inversa solicitar un importe inicial -disposición inicial-, de en torno a un 15-20 por ciento sobre el valor de la vivienda, y el resto en forma de disposiciones mensuales.

La renta que abone la entidad financiera dependerá del valor de la vivienda y de la edad del cliente; a mayor valor y mayor edad, mayor renta mensual. Es muy importante destacar que en este caso la propiedad sobre la vivienda no se pierde, a diferencia de lo que ocurre con otros productos similares. Con todo ello, parece que estos productos destinados a la jubilación han llegado para quedarse en la planificación financiera de las familias, cada vez más preocupadas al respecto, y más aún en pleno debate para rescatar el sistema público de pensiones que suma 18.000 millones de déficit presupuestario.