A quién conviene un seguro
y a quién un plan de pensiones

Es necesario conocer las características de cada producto de ahorro a largo plazo
para poder adaptarlas a la situación personal, laboral y fiscal del trabajador que planifica su jubilación

20 jul 2018 / 12:49 H.

Tanto los seguros de vida ahorro como los planes de pensiones son vehículos de ahorro previsional con un objetivo fundamental: complementar con ahorro privado la pensión pública futura. Aunque el objetivo sea el mismo, cada uno de ellos posee diferentes características que es necesario conocer a la hora de tomar una decisión. ¿Qué es más conveniente: un seguro de vida ahorro o un plan de pensiones? Dependerá de diferentes cuestiones: el horizonte temporal, la planificación familiar, la educación, la fiscalidad y la proyección de la carrera profesional. Una vez que la persona es consciente de la necesidad de ahorrar, tan importante es el hecho en sí de ahorrar como su gestión a lo largo del tiempo. Por ello, en primer lugar, es necesario diseñar un traje a medida según las circunstancias personales, familiares, laborales o patrimoniales. Antes de pensar en ningún producto o servicio de inversión, es imprescindible hacer esta planificación financiera que puede resumirse en los siguientes puntos, por ejemplo, para un joven que está entrando en el mercado laboral: duración de la carrera laboral que espera tener, qué promoción profesional estima, en qué momento decidirá formar familia, posibilidad de comprar una casa, cuánto dinero está dispuesto todos los meses a bloquear para ahorro o qué gastos tiene asociados a cargas familiares especialmente de ascendientes. Es evidente que nadie tiene una bola de cristal para saber qué gastos e ingresos va a tener dentro de 10, 20 ó 30 años. Por eso, este proceso debe ser sistemático y continuado a lo largo del tiempo, para ir adaptando las expectativas a la experiencia vital, manteniendo siempre un margen de seguridad ante imprevistos del corto plazo y urgencias que en ningún caso deben viciar la planificación del largo plazo. Sólo así la persona abandonará la idea estéril de preocupación por la jubilación, pero sin hacer nada o prácticamente nada por cubrir el riesgo de que la Seguridad Social no pueda atender los pagos futuros por pensiones o nos enfrentemos a un recorte severo de las prestaciones públicas.

Hecha la planificación, toca decidir el vehículo

Una vez que la planificación financiera está hecha, en segundo lugar, toca el turno de los productos destinados para el ahorro a largo plazo, donde nos centraremos en seguros de ahorro y planes de pensiones. Aunque la finalidad sea la misma, un seguro de ahorro no es un plan de pensiones, y viceversa. Por un lado, los Planes de Pensiones Individuales son productos de ahorro a largo plazo que están diseñados para complementar de forma voluntaria las prestaciones económicas de jubilación, viudedad, supervivencia, orfandad, incapacidad permanente o dependencia después de la edad legal de jubilación. Estas prestaciones dependerán del capital aportado por los partícipes y de los rendimientos obtenidos por el Fondo de Pensiones en el que se integre el Plan de Pensiones.

Por otro lado, los seguros de vida ahorro son un esquema de seguro donde la compañía aseguradora paga al beneficiario una renta en caso de que el asegurado siga vivo a una determinada edad. A diferencia de los seguros de riesgo, el tomador, el beneficiario y el asegurado pueden ser la misma persona. Existen varios tipos de seguros, los cuales pueden dividirse entre los seguros en los que el riesgo de la inversión lo asume la compañía aseguradora y los seguros en los que el riesgo de la inversión lo asume el tomador. En función de la renta, los seguros pueden ser de renta inmediata -se paga una prima única y se empieza a percibir la renta de manera inmediata- o de renta diferida -la prima puede ser única o periódica y la renta se empieza a percibir en el momento estipulado en la póliza-. A su vez, estas rentas pueden ser vitalicias -se perciben hasta el fallecimiento- o temporales -la renta se cobra durante un número determinado de años-.

De toda la casuística de seguros de vida ahorro -por ejemplo, estaría un producto interesante pero cuya comercialización en España sigue estando retrasada como es el unit-linked- ponemos el foco, por un lado, en la renta vitalicia, en la que se convierte un producto asegurado como es el Plan Individual de Ahorro Sistemático (PIAS) y, por otro lado, en un Plan de Previsión Asegurada (PPA). Una renta vitalicia es la conversión en pagos periódicos desde una fecha pactada hasta el fallecimiento de unas primas satisfechas en el pasado de forma periódica o proveniente de un elemento patrimonial. En cambio, el PPA es como un plan de pensiones, salvo que tiene garantizada una rentabilidad mínima por la compañía aseguradora.

Por tanto, aquí se produce la primera diferencia entre estos productos, que es el enfoque del vehículo y la necesidad o necesidades que pretende cubrir a lo largo del tiempo. Los planes de pensiones y el PPA son vehículos dirigidos a complementar la pensión pública, mientras que los seguros de vida ahorro como rentas vitalicias van más allá cubriendo la supervivencia de la persona y atendiendo a otras contingencias vitales que pudieran producirse antes de la edad de jubilación.

Si un inversor busca realizar un ahorro a largo plazo que no necesariamente esté ligado a la expectativa de pensión, escogerá un seguro de vida ahorro -por ejemplo, un PIAS-, probablemente bajo la modalidad de renta vitalicia para mantener los cobros hasta el fallecimiento, teniendo en cuenta que se pueden hacer rescates a los 10 años. Sin embargo, si lo que le preocupa es su jubilación, contratará o bien un plan de pensiones o bien un Plan de Previsión Asegurado para empezar a cobrar en el momento de la jubilación en paralelo a la pensión pública que reciba.

En segundo lugar, otro elemento que determina la elección es el cálculo de la “renta permanente” con la cual no sólo mantener un nivel de vida razonable, sino que además permita que no haya un “escalón” demasiado abrupto entre la vida laboral y el retiro. Evidentemente, los planes de pensiones son los que permiten, mediante un rescate en forma de renta, planificar cuánta renta se necesitará en ese momento teniendo en cuenta la tasa esperada de sustitución.

En tercer lugar, un dato fundamental es el dinero disponible para ahorrar y las implicaciones fiscales. Es una parte imprescindible de la planificación: la variable fiscal es la que puede bascular la elección hacia uno u otro lado. Aquí importan dos cosas: el impacto fiscal en el presente y el impacto fiscal sobre la renta futura. Los planes de pensiones, PPA y PIAS cuentan con un tratamiento fiscal idéntico favorable en las aportaciones, con una reducción de la base imponible de hasta 8.000 euros anuales por persona. Sin embargo, en el momento de la prestación, los seguros de vida ahorro -como el PIAS- que se cobran como renta vitalicia tributan por la base imponible del ahorro, mientras que los planes de pensiones tributan por el marginal correspondiente de la base imponible general, lo cual en muchas ocasiones se puede traducir en un coste fiscal extraordinario -marginal general del 45 por ciento en España, incluso mayor en algunas CCAA frente al 23 por ciento de marginal en la base imponible del ahorro-.

Otro elemento a considerar es el riesgo que se quiere asumir, lo cual condiciona la rentabilidad. Como principio general se asume más riesgo, aunque también es posible controlarlo y gestionarlo, con los planes de pensiones. Eso significa que las rentabilidades pueden ser mayores. Pero con el seguro de vida ahorro, las cosas cambian y la rentabilidad puede ser baja, en función del tipo de interés técnico fijado, el cual está sometido a circunstancias cruciales como el riesgo de longevidad o la presión regulatoria sobre las compañías aseguradoras a la hora de gestionar sus provisiones matemáticas.