“Destopar las cotizaciones destruye empleo y perjudica la evolución del PIB y la productividad”

Rafael Doménech, responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research

25 sep 2018 / 12:43 H.

El responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research, Rafael Doménech, departe con elEconomista Pensiones sobre los aspectos más candentes en el debate de la sostenibilidad y el ahorro a largo plazo.

¿Cómo valora la vuelta a la actualización con el IPC?

Lo ideal es que las pensiones se actualicen con la inflación. Esto es posible si se contiene el gasto retrasando gradualmente la edad de jubilación y reduciendo la tasa de reposición, es decir, la pensión inicial en relación al salario sobre el que se ha cotizado. España tiene una de las tasas de reposición más elevadas en la UE -el 78,7 por ciento en 2016 frente al 46,3 de la UE-. Lo mismo ocurre con la tasa de prestación del sistema -la pensión media sobre el salario medio, del 64,2 por ciento en 2016 en España, frente al 45,2 de la UE-. El equilibrio de la Seguridad Social exige que la tasa de prestación sea igual al producto del ratio de cotizantes sobre pensionistas por el tipo efectivo de cotización, que resulta de dividir las cotizaciones sobre salarios. Si disminuye el ratio de cotizantes sobre pensionistas, como está previsto en las próximas décadas, es inevitable que la pensión media crezca menos que el salario medio. Sólo así se puede evitar un aumento del tipo efectivo de cotización, actualmente ya por encima de los países más avanzados de la UE. Lo ideal es anticiparse y diseñar mecanismos que aseguren que este proceso se hace de forma gradual, y no brusca y traumática como ha ocurrido en países como Grecia.

¿Y la retirada del factor de sostenibilidad?

Es un error. Incluso aunque este factor no se retire y se retrase su entrada a 2023, el gasto en pensiones será un 1,2 por ciento superior a partir de esa fecha respecto al que tendríamos de haber entrado en vigor en 2019. El sistema actual proporciona pensiones superiores a lo cotizado y el factor de sostenibilidad sólo impide que ese desequilibrio aumente con la mayor esperanza de vida. El factor de sostenibilidad se diseñó como un incentivo para prolongar la vida laboral o, alternativamente, para reducir el crecimiento de la pensión inicial en función del aumento de la esperanza de vida de aquellas personas que no quieran retrasar su jubilación. Hay que hacer frente a los retos demográficos que supone la jubilación del baby-boom y el aumento de la esperanza de vida a partir de los 65 años -actualmente de 23,2 años en mujeres y 19,3 en hombres, y que aumenta a razón de 1,1 años por década-. Para darnos una idea de lo que estos retos suponen con las previsiones demográficas disponibles, para mantener el ratio de cotizantes sobre pensionistas, y con ello la pensión media sobre el salario medio, la edad de jubilación debería aumentar en más de 11 años hasta 2050.

¿Qué consecuencias tendría el destope de las cotizaciones?

Si las bases de cotización se destopasen sin aumentar proporcionalmente la pensión máxima, el sistema de pensiones sería menos contributivo y equitativo, y aumentaría el carácter distorsionador de las contribuciones a la Seguridad Social. El destope provocaría un aumento del coste laboral para las empresas y reduciría el salario neto del trabajador. A largo plazo, por cada aumento del 1 por ciento del coste salarial como consecuencia del destope -sin aumento de la pensión máxima- disminuiría el empleo en un 1,5 por ciento, sobre todo entre los trabajadores más productivos. El PIB y la productividad media se verían negativamente afectados.

¿Qué puede hacer el Gobierno para equilibrar la Seguridad Social?

Se necesita un pacto de Estado con soluciones a largo plazo como las que ya han diseñado otros países europeos que son un referente del Estado de bienestar. Es necesario establecer un sistema de reparto sobre la base de cuentas nocionales o individuales de contribución definida, como hizo Suecia (2001). Con las cuentas nocionales o individuales, el sistema sigue siendo público, de reparto y progresivo -por la existencia de pensiones mínimas-. Además, mejora la contributividad y transparencia, hace que sea más sencillo y fácil de entender, elimina incertidumbres y ayuda a percibir las cotizaciones sociales como un ahorro y no como un impuesto, incentiva el crecimiento del empleo y de la productividad, y la prolongación de la vida laboral. Todo ello redundaría en pensiones medias mayores a largo plazo, aunque la tasa de prestación del sistema sea inferior. La disminución gradual de esta tasa de reemplazo hasta equilibrar el sistema sería la prima que hay que pagar para adquirir un seguro que garantiza que la pensión mantiene su poder adquisitivo una vez iniciada la jubilación, evitando que el sistema incurra en riesgos de sostenibilidad.

¿Cómo valora la vía de financiar pensiones con impuestos finalistas?

Los impuestos deben recaer sobre amplias bases fiscales, con potencia recaudatoria y generando los menores efectos distorsionadores sobre el empleo y la productividad. Los impuestos finalistas sobre sectores o actividades concretas sólo tienen sentido cuando existen externalidades negativas, como por ejemplo los medioambientales, porque se quiere aumentar su coste y reducir su uso. En este caso, de acuerdo con la normativa europea, el impuesto debe estar vinculado a un gasto relacionado con la actividad que se quiere gravar y no a un gasto específico de otra naturaleza, como pueden ser las pensiones.

¿Realmente la importación de mano de obra tiene virtualidad para enjugar el déficit de la Seguridad Social?

El aumento del empleo mediante la reducción de la tasa de desempleo y el incremento de la tasa de actividad y de la inmigración ayudaría a corto y medio plazo, y facilitaría la transición de la jubilación de la generación del baby-boom. Pero no creo que sean suficientes, y no debemos olvidar que los aumentos del empleo que consigamos aumentarán también el número de pensionistas cuando se jubilen. Con una presión fiscal y un ratio de cotizantes sobre pensionistas constante, a largo plazo las pensiones solo pueden aumentar si la productividad lo hace.

Podemos quiere arrancar del Ejecutivo una retirada de las ventajas fiscales a los planes de pensiones. ¿Qué consecuencias tendría?

Desde hace años numerosos estudios -por ejemplo, de Richard Thaler, Nobel de Economía, o de David Laibson- han demostrado que se ahorra poco para la jubilación por la preferencia a la gratificación inmediata que proporciona un mayor consumo presente, posponiendo la decisión de ahorrar. Por eso se defiende la idea de motivar el ahorro voluntario con pequeños incentivos o empujoncitos, como los planes de ahorro de adhesión automática o las ventajas fiscales. La solución pasa por intensificar esos incentivos, no por eliminarlos.

¿Cuál es la edad idónea para comenzar a ahorrar para la jubilación?

Es una decisión personal cuándo y en qué instrumentos ahorrar, pero cuanto antes mejor. La magia del tipo de interés compuesto permite que con un pequeño esfuerzo ahorrador mantenido durante mucho tiempo se pueda alcanzar el ahorro suficiente para complementar la pensión con otras rentas y mantener el nivel de vida como antes de la jubilación.

¿Por qué falta concienciación para este tipo de ahorro? ¿Cómo impulsarla, sobre todo entre los más jóvenes?

Como comentaba anteriormente, con pequeños incentivos -adhesión automática a planes de pensiones de ahorro voluntario, ventajas fiscales, etc.-, con mayor educación financiera y con información de lo que se va cotizando y de los derechos que se van acumulando se puede impulsar el ahorro de los más jóvenes. Esto es lo que se hace en Suecia con las cuentas nocionales o individuales, con un pilar de reparto y otro de capitalización.

Los españoles no han recibido aún la carta de las pensiones. Está pospuesta ‘sine die’. ¿Ahonda esto en la poca propensión al ahorro para la jubilación, que deja a España muy lejos de nuestros socios?

Sin duda. Tenemos un amplio margen de mejora en transparencia e información, tanto en el pilar de reparto como de capitalización, sólo con poner en marcha las buenas prácticas existentes en otros países. Es una pieza fundamental para que los trabajadores planifiquen su jubilación del futuro, su carrera laboral, el momento de la jubilación y su ahorro.

¿El desequilibrio de las Cuentas lleva irremediablemente a una subida de las cotizaciones, una bajada de las prestaciones o ambas cosas?

Hay que evitar la subida de cotizaciones y mejorar la contributividad del sistema -la relación entre lo cotizado y la pensión inicial-. A largo plazo, es inevitable reducir la tasa de prestación del sistema, lo que puede hacerse de manera gradual, con aumentos de la pensión inferiores a los de los salarios. No es necesario generar alarma afirmando que las pensiones van a disminuir, pero tampoco podemos estar sin hacer nada mientras la pensión media aumenta un 22 por ciento, como en los últimos diez años, frente a un alza de los precios del 17 por ciento, ampliando aún más el déficit de la Seguridad Social.

¿Qué reforma de las pensiones necesita nuestro país?

Necesitamos que el sistema converja gradualmente a uno basado en tres pilares, con mecanismos que garanticen su evolución, sostenibilidad y suficiencia a largo plazo. Un primer pilar de pensiones mínimas que aumenten a largo plazo con la renta per cápita media. Un segundo pilar de reparto basado en cuentas individuales, en el que el cálculo de las pensiones iniciales tenga en cuenta la esperanza de vida y la evolución prevista de los recursos y gastos del sistema, de tal manera que se garantice el mantenimiento del poder adquisitivo. Y un tercer pilar con cuentas individuales de capitalización de adscripción automática, con aportaciones del trabajador y de las empresas en las que vaya trabajando a lo largo de su carrera laboral, permitiendo que el trabajador elija entre su gestión pública o privada.

¿Qué le pediría al Pacto de Toledo?

El Pacto de Toledo es fundamental para alcanzar acuerdos y pactos de Estado sobre el futuro del sistema de pensiones, que debe seguir siendo un pilar fundamental del Estado de bienestar. Es esencial que se anticipe a los retos demográficos y económicos que enfrenta el sistema. No hay atajos ni soluciones gratis. Un sistema de pensiones eficiente contribuye a elevar la tasa de empleo, la inversión y la productividad. Ésta es la mejor garantía de la sostenibilidad del sistema y de su suficiencia con pensiones crecientes, sin que ello suponga una carga adicional para futuras generaciones.